El libro Detrás del árbol presenta a los íconos más heterogéneos del documental argentino. Además, busca definir las fronteras, similitudes y diferencias con la ficción

Por Guerchu
@lguerchu
guerchu@gmail.com

Suele ocurrir, en sectores poco especializados de la industria audiovisual que, al escucharse la palabra “documental”, la referencia se limite a canales televisivos que en el cable sobrepasan el número cuarenta, cuyo principal material abunda en escenas de procreación animal, simplificación del conocimiento del universo o visiones históricas poco revisionistas y tendenciosas, y terminan con la palabra Channel. Contra esa acotada referencia de la palabra “documental” sale Detrás del árbol. Investigación para el documental: entrevistas con documentalistas argentinos, de Eduardo Feller, publicado por Eudeba a finales de 2012. Este libro, en sí mismo un documental textual, se propone un panorama actual del género, tanto para cine como televisión, además de exponer secretos, métodos de trabajo, técnicas de filmación y todo lo referente a la construcción narrativa, expresada por los mejores documentalistas argentinos de los últimos tiempos. Diego Velázquez, en Las Meninas, se autorretrataba pintando a los reyes, detrás del cuadro; de forma análoga, Detrás del árbol documenta todo el equipo y el proceso de filmación que retrata lo documentado, sea un árbol, un personaje principal de la cultura, un hecho histórico, o un estilo de vida; entre los entrevistados, no faltan los polémicos, ni los correctos, ni los revolucionarios, ni los roqueros: Jorge Lanata, Enrique Piñeyro, el legendario Humberto Ríos, Andrés Di Tella, Andrés Habegger, director de Imagen final, Ernesto Ardito y Virna Molina, creadores de Raymundo y Corazón de fábrica, Rodrigo Espina de Luca y la lista sigue y sigue.

Su autor, Eduardo Feller es actual director de la carrera Diseño de imagen y sonido, así como profesor de varias materias en la UBA, creador de la orientación Medios de Comunicación en la secundaria ORT, y director de dos documentales: Once@9:53 a.m. y Caetano Veloso en el Parque de la memoria. Por estos motivos, ya desde el prólogo propone responder algunas preguntas frecuentes de quienes se inician en el camino de la filmación documental, en la producción audiovisual general e incluso en el periodismo: “¿cómo se investiga?, ¿cómo llego a tal o cual persona? ¿Cuánto me va a costar? ¿Cuánto tiempo me puede llevar a hacer un documental? ¿Qué hago con tanta información?”. Por eso, la serie de entrevistas que presenta no solo da varias respuestas a aquellas cuestiones, desde distintos puntos de vista, sino que excede y responde infinidad de nuevos interrogantes respecto del montaje, de la forma de entrevistar, de la construcción del relato, del objetivo del documental, de cuáles son los límites éticos en el manejo de testimonios, cuál es la especificidad del género, cuál su relación con la realidad y cuál con la ficción.

Además del heterogéneo repertorio de entrevistados, todos íconos del documental argentino, el libro en su totalidad busca definir las fronteras, las similitudes y diferencias con la ficción. “El documental argentino está en una etapa de crecimiento. En 2010 se habilitó por primera vez en la historia de nuestro cine una sala cinematográfica exclusiva para su exhibición, lo que da una idea de la cantidad y calidad de la producción local y el interés del público por verlos”. Es innegable el color político de los documentales de estos pagos; esto sin embargo, no quita que sea necesario el valor estético. Según Humberto Ríos, “su riqueza tanto visual como conceptual, que es aparentemente diferente a la de la ficción, principalmente por el recurso de la ‘mirada’, radica en encontrar belleza ahí donde se supone que no existe, o que es difícil percibirla”. Más adelante emite un consejo que le servirá a cualquier cineasta: “Uno tiene que mirar con un rectángulo virtual en el ojo”.

Los entrevistados son previamente presentados con detalle; en ocasiones hay referencias al contexto de la entrevista. De modo cinematográfico, por momentos, el autor se lamenta por la imposibilidad del texto de mostrar gestos y expresiones corporales, aunque son comentados previamente y hasta reconstruidos con paréntesis. Como los grandes maestros del género, el libro no olvida que es imposible desligarse del subjetivismo. Humberto Ríos define esto por la mirada: “lo que estamos viendo, en definitiva, son hechos que serán trasladados al cine o a la televisión y por lo tanto condicionados por nuestra mirada”.

En otros casos, como el de la dupla Ardito-Molina, se da una lista de los materiales, locaciones, entrevistados, y maquinaria usados para cada caso. En la entrevista, ellos confiesan la razón que los llevó a filmar Raymundo (2002): “Después de haber terminado la escuela de cine uno se pregunta: ‘¿Cómo puede ser? Existió esta persona que hacía este cine y nosotros en cuatro años de carrera nunca vimos una película de Gleyzer.” También expresan su modo de trabajar, qué es lo preconcebido, qué se va generando con la acción: “Primero tenés una idea de lo que es la historia, de lo que vas a contar, es esa hipótesis que generás. Y a medida que vas profundizando, se va transformando totalmente, y cuando terminás la película es algo completamente distinto a lo que pensabas en el inicio”.

Notas relacionadas:
* Una ficción para cambiar la historia Entrevista al director del film ¿Quién mató a Mariano Ferreyra
* Patricio Guzmán: su nostalgia y su luz
* Entre la ficción y la realidad Entrevista al director Iván Fund