Brasil, unipersonal de María Ucedo co-dirigido con Ana Frenkel, se presenta los sábados en el Teatro El Extranjero. «Es como un haiku, como si fuera un poema», contó la protagonista sobre la obra a Revista Dínamo

Por Gabriela Koolen

Una mujer se mueve delicadamente, atravesando el piso de un escenario repleto de huevos. Una imagen de fragilidad, o de fertilidad, o un ejercicio de concentración, o todo eso, o más. Así comienza Brasil. Sutil poética que convoca con una fuerza imponente. Metáfora que dispara hacia miles de lugares, y abre los sentidos al infinito.

Sobre la idea de una mujer que decide “meterse en su interior”, María Ucedo y Ana Frenkel invitan al espectador a un recorrido emocional profundo –pero no por eso solemne- y de una estética cuidada, precisa y sumamente atractiva. La interpretación, las imágenes, los textos y la música se conjugan entre sí y dan como resultado una serie de cuadros que se suceden del modo más fluido. En diálogo con Revista Dínamo, María Ucedo, bailarina, actriz, cantante y creadora de este unipersonal, cuenta acerca de la experiencia de hacer esta obra.

Revista Dínamo: ¿Cómo definirías a la obra Brasil?

María Ucedo: Es como una fusión de cuadros que se van entrelazando, y sería una mujer que va pasando por distintos estados o momentos de su vida. Yo siento que es como un haiku, como si fuera un poema.

RD: ¿Hay algo que buscabas decir con esta obra?

MU: En realidad, todas las ideas vienen desde un lugar muy visceral. No sé qué quería decir. Para mí esto fue como una necesidad, algo que tenía que hacer. No me importaba si estaba bien, o mal, o si a la gente le gustaba o no. Tenía unos textos que tenía ganas de usar, y quería contar por ejemplo esto de que uno quiere buscar en su interior… yo me reía de esas cosas. Me parecía muy simpático contar esto que tenemos las minas de la profundidad y la sensibilidad, pero a la vez algo como de reírse de una misma. Creo que uno se puede reír mucho de sí mismo, y también tocar lugares sensibles, o existenciales. La obra habla también sobre la ambigüedad, las decisiones, o las indecisiones. Después, con la parte de los huevos, yo tenía un tema que tiene que ver con algo muy íntimo. Hay muchas cosas que me gustaban también de trabajar con las texturas, la proyección, el tema de los dientes. No sé qué quería decir, quería decir todo lo que digo.

RD: ¿Y de qué manera fueron surgiendo estos temas o cuadros?

MU: Tienen que ver un montón con muchísimas cosas personales. El momento de los huevos es muy simbólico para mí, muy poético. No sé qué le pasa a la gente, pero puede hablar de la maternidad, o de querer abarcar todo, o de los hijos que uno no tuvo, o de esta cosa de fragilidad que tiene el huevo, o la movilidad. Hay algo entre lo frágil y lo liviano. Esto de querer agarrar las cosas, y que las cosas se te desborden. Tiene un montón de significados para mí. Me gusta mucho eso, porque siento que tiene como muchas capas. Y la idea era trabajar así. Lo mismo que esta mujer que dice que se quiere meter en su interior, y finalmente en su interior hay, no sé, otro yo, otra consciencia. La idea era jugar con todo eso. Esos fueron como los puntapiés, los mojones de la obra, junto con el tema de los dientes. Me atrapaba mucho ese tema. Me parece fundamental, quizás porque yo tuve un par de situaciones con los dientes, o vi en la gente, y es algo que me atrae. Me pareció que se podía hablar también de la boca desde un lugar simbólico, de lo que hacemos con los dientes, la importancia que tiene. Ese es también otro lugar de muchas lecturas.

RD: ¿Cómo fue el proceso creativo?

MU: Siempre las ideas es como que me toman, de golpe se me empiezan a venir imágenes o ideas a la cabeza, y ahí me empiezan a surgir las ganas de hacer algo. Y yo tenía una asignatura pendiente, que era hacer un solo. Después la convoqué a mi amiga y compañera de trabajo Ana Frenkel para que me ayude en esta dirección. Necesitás todo el tiempo alguien que esté desde afuera devolviéndote y ayudándote.

RD: ¿Cuáles fueron los ejes para la puesta en escena?

MU: Tenía como una gran idea de trabajar con las texturas, las luces, la cáscara blanca, y lo que se ve en la pantalla, las proyecciones. A mí siempre me gustó un poco todo: fusionar la música, el texto, el teatro la danza, las texturas, pensar en las luces, en todo.

RD: ¿Cómo vivís la experiencia como intérprete en un unipersonal?

MU: La función es muy dinámica. Yo estoy sola, y no puedo aflojar, porque si no se cae. Para mí fue fuerte la experiencia de estar todo el tiempo sosteniendo, y sentir que está todo el tiempo la mirada puesta en vos. Ahora ya me acostumbré un poco más, pero es muy raro, no es lo mismo que un dúo o un trío. Es muy distinto sentir esa responsabilidad, por decirlo de alguna manera, de que vos sos la obra, llevás la energía y sos el termómetro de esa performance. Es como cuando un pintor hace un cuadro. Yo necesitaba pintar mi cuadro, y mi cuadro era éste.

RD: ¿Qué sentiste con el resultado de la obra?

MU: Feliz. De hecho, en un principio esto iba a ser algo más pequeño, yo tenía más una idea de instalación porque estaba más metida con lo plástico. Y bueno, después le fui agregando cosas, hasta que era ya una pequeña obra que había que empezar. Y la respuesta del público es muy buena. Este es el tercer reestreno. Las mujeres se entusiasman mucho, tiene algo muy femenino. Me han agarrado chicas llorando, dicen que las sensibiliza mucho. Hay algo que toca, evidentemente, una fibra de la mujer, y eso salió sin pensarlo. Obviamente, yo soy mujer, pero me sorprende, se ve que hay algo ahí revelador, lindo, porque siempre me hacen este comentario.

Brasil se presenta los sábados a las 21 horas en el teatro El Extranjero, Valentín Gómez 3378, Abasto (Ver cómo llegar)
Reservas: www.elextranjeroteatro.com
Entrada General: $70

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