La instalación «Grita» de Lorena Saúl y el corto «Como un signo» de Gabriel Feller se presentarán en la primera edición de esta muestra interdisciplinaria de arte que tendrá lugar el último fin de semana de octubre en el Konex

Por Lele Guerchu
@lguerchu

fauna

El jueves 29 de octubre, se realizará el FAUNA (Festival Artístico de la Universidad de las Artes) en la Ciudad Cultural Konex. Por primera vez, la joven academia de artes porteña expondrá sus disciplinas en una muestra íntegra que combina teatro, cine, música, artes visuales y todo tipo de expresiones culturales.

La exhibición estará dividida en cuatro categorías: Música (académica, electroacústica, popular), Artes performáticas (teatro, danza, performance), Cine y video y Artes visuales (pintura, fotografía, instalaciones, escultura, entre otras). En ficción audiovisual, el 31 de octubre a las 18:30, se presentará el corto Como un signo, cortometraje escrito y dirigido por Gabriel Feller, con un guión ganador del concurso del INCAA “Un barrio de película”, en el que reencarna leyendas como Gardel y Goyeneche.

El corto cuenta con las precisas actuaciones de Héctor Díaz, Cardenal Domínguez, Verónica Pelaccini y Carlos Belloso en una interpretación de Osvaldo Pugliese, que quedará en el recuerdo. Se trata de una filmación inspirada en el romance de Gardel e Ivonne Printemps, que “narra el reencuentro de aquel amor inconcluso en la Buenos Aires moderna”.

En el FAUNA también se montará por segunda vez la instalación “Grita”, de la artista plástica Lorena Saúl. Ya exhibida en la Facultad de Artes Visuales, la obra monta una serie de esculturas que, además de explorar el color blanco, las texturas y los gestos, trabaja con distintos materiales y sus propiedades. “El yeso aquieta, resta, aísla y niega. No conduce, ni vive: detiene. El poder de este material está en lo simbólico”, afirma la artista. La pieza exhibe esculturas colgantes de cerámica y sus respectivos moldes de yeso: partes de caras que gritan en variadas perspectivas.

RD: ¿Por qué elegiste trabajar con rostros eufóricos?
Lorena Saúl: Tiene que ver con la búsqueda de poner las palabras, con la quietud y la movilidad. Cuando te faltan las palabras, cuando sentís que te falta algo, que no lo podés soltar. Toda esa energía está puesta en la exposición, en los gritos. Empecé con esta idea cuando descubrí las cualidades del yeso, un material que me fascinó: negativo en todos los sentidos; la idea de los rostros que gritan fue convertir en positividad esa negatividad pura del material.

fauna 2

RD: ¿Cómo empezaste a trabajar con yeso?
LS: Al principio fue instintivo. Generalmente trabajo con arcilla y torno. Pero empecé a experimentar con otras cosas y el yeso me atrajo por el color blanco y por su temperatura. Es un material al que le sacan algo en cada etapa de producción. Viene de la piedra aljez; adquiere su función utilitaria por una sustracción. Esta piedra, de sustrato de calcio, se tritura, se seca, se cocina y se muele. No suma, siempre resta. Se la usa como aislante: aísla la temperatura, el sonido y la electricidad; absorbe con mucha fuerza el agua. En medicina se usa para inmovilizar, para detener. Es opaco. Un material sumamente negativo.

RD: La serie presenta partes desmembradas de rostros; a su vez, cada parte está quebrada, salvo algunas pocas.
LS: El quiebre es una cualidad del material. Las piezas de cerámica bizcochada se quiebran en el mismo molde al sacarlas del horno. Las únicas que no están rajadas son las que permanecen calladas. El material nos habla. Muestra ese grito, esa negatividad del yeso, un material desesperado por agarrar, por absorber, por detener, nacido para mantener la quietud. Lo negativo del yeso es necesario para lo positivo, la fuerza está en lo simbólico, en la potencia que representa.

Además de “Grita”, Lorena ha expuesto obras más procesuales. “Me gusta experimentar con materiales como arcilla, cemento y vidrio”, explica. En una ocasión montó “Aquieta” -nombre que también reciben los moldes que usa-, obra en la que trabajó con yeso, gasa y anotaciones. “La idea era escribir en un papel algo que uno quisiera negar, ocultar o aquietar. Ese papel se ponía junto con un vidrió en el yeso; una vez seco, lo anotado quedaba encerrado, quieto y aislado del mundo… hasta que se rompa el molde”, cuenta esta artista plástica que también da el taller Vuela que arte, para niños entre tres y once años, en el barrio de Caballito.

Más información: www.fauna.una.edu.ar