Ser telemarketer es uno de los trabajos más de moda hoy en día. Y uno de los más odiados también. Detrás de los reclamos y protestas constantes, se encuentra una realidad naturalizada que no deja comprender la gravedad de una tendencia social

Por Florencia Pasquali
@flopasquali

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“¿Me pasás con alguien importante, por favor?”, dice una voz impaciente del otro lado del teléfono. Es una de las preguntas más sutiles que frecuenta el oído de un empleado de un call center. También es la primera frase que se atina a leer en la crónica «Diario de un Telemarketer». Para escribirla, Alejandro Seselovsky dejó su vida social y tranquilidad mental y se sometió a trabajar 30 días en un call center para poder relatar en primera persona cómo se vive uno de los trabajos más estresantes y más de moda de los últimos tiempos.

Esa nota se publicó en el año 2007 en la revista Rolling Stone. Hoy es sabido que el trabajo de un telemarketer todavía es uno de los más precarizados y la situación laboral que atraviesan los empleados no se ve mucho mejor. Sin ir más lejos, partamos de un caso puntual para comprender un poco más esta realidad.

Sandra Orué tiene 51 años. Es madre y trabaja en un call center de la empresa multinacional Aegis, una tercializadora de servicios para Fibertel, Cablevisión y Telefónica, entre otras compañías. Es una de las delegadas de la lista Celeste, una agrupación que formó con sus compañeros para defender sus derechos laborales, y también es la empleada que recibe más suspensiones. “Yo ya sé que el mes que viene voy a estar suspendida”, comenta muy segura.

En 2014 ,la despidieron pero decidió presentar un recurso de amparo y fue reinstalada por una orden judicial. Esto quiere decir que la empresa no puede echarla, pero sí suspenderla todos los meses mientras sea posible. “Eso afecta mi bolsillo, mi sueldo y también mi parte anímica”, expresa con una indignación que la costumbre trata de pasarla desapercibida. “Yo ahora no estoy trabajando y cinco días de suspensión me implican 2.000 pesos menos, mientras cobramos un sueldo de 5.500. Imaginate lo que voy a recibir a fin de mes”. Sandra explica que los motivos de las sanciones que aplica la empresa son por reclamar y dar a conocer sus derechos.

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“Entonces, realmente esto es una cárcel”

“Esto se percibe desde siempre. Hay mucho miedo entre los empleados. Mandás un reclamo y te despiden. Lo que yo hago es decirle a mis compañeros que tenemos derechos”. Cuando reinstalaron a Sandra luego de su despido surgió una especie de nueva esperanza. Las protestas se hicieron más constantes. Entre los empleados lograron formar una lista donde cada uno puede postularse si quiere hacerlo. Tiempo después, la empresa despidió a dos de sus integrantes.

El motivo primordial de los reclamos es lograr que haya elecciones, ya que los delegados actuales están hace siete años y algunos con el mandato vencido. Sandra cuenta que son puestos por la empresa y que, por ende, “son inamovibles”. “La última vez que hubo elecciones no fueron democráticas. Siempre presentan una lista única. Por lo tanto, no existe otra opción y en el caso de que no se quiera votar ganan ellos”, manifiesta. “No nos permiten organizarnos porque no quieren que haya competencia. En los juicios laborales, los propios delegados salen como testigos de la empresa, es decir, no nos representan”.

Normalmente, las elecciones se realizan cada dos años. Las últimas fueron en marzo de 2012.

“Ahí adentro predomina el ‘no podés’”

Hay más motivos de reclamo que pasaron a ser parte de un paisaje cotidiano pero no de menor importancia: la precarización y el maltrato laboral. Levantarse de la silla no es la mejor idea. Los cinco minutos para ir al baño se cumplen a rajatabla. Los 25 minutos de descanso por día, que pueden ser para desayunar o almorzar, pueden ser motivo de suspensión si se excede un minuto. Los certificados médicos no tienen validez y el reclamo puede ser causa de despido. Si un empleado se siente mal en horario laboral, lo medican con Clonazepan para que siga, de acuerdo con los mismos trabajadores.

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Hace unos meses, empleadas de la empresa comentaron que fueron revisadas de una manera muy sugestiva por el médico de turno. Ante las quejas, decidieron dirigirse a los delegados y el médico fue desvinculado. “No sabemos si fuimos atendidas por un médico, y desvincularlo de Aegis no es la solución. Si es un abusador va a seguir siéndolo en otro lugar”, considera Sandra.

Aquél médico nunca puso su sello con matrícula en ningún certificado. La empresa dice que no tiene esos datos.

Mutis por el foro

“Tememos las represalias del día de mañana”, dice Sandra. Un día junto a un grupo de compañeros protestaron en la puerta de Aegis. Como respuesta, la empresa cerró la puerta de acceso donde normalmente suelen salir los empleados y los redirigieron a otro lugar con el objetivo de evitar la manifestación al retirarse.

En cuanto a las empresas a las que Aegis presta sus servicios, los empleados optan por darles el beneficio de la duda por decir que desconocen lo que sucede en los call centers, pero que también “son responsables”. “Nosotros hacemos un trabajo esclavo con una tercera parte del sueldo que ganan los empleados de ellos en planta. Es exactamente lo mismo que haría un trabajador de un call center de cualquiera de esas empresas, solo que ellos cobran el triple que nosotros”, cuenta Sandra.

La CTA los apoya y actualmente está realizando reuniones con el sindicato de comercio para poder concretar la fecha de elecciones, pero aún no tienen ninguna respuesta. Los delegados actuales dicen no saber nada del asunto. El secretario de la juventud de CTA, Fernando Almejun, expresó que por el momento el sindicato de comercio ha dejado paralizadas las elecciones. “Eso es inentendible desde el punto de vista de la democracia sindical. En los últimos meses, entre idas y vueltas ha crecido la disconformidad de los empleados y el conocimiento de que hay delegados gremiales en la empresa que fueron puestos a dedo”, observa.

Mientras tanto, los reclamos no cesan y las protestas aumentan. “No nos vamos a quedar de brazos cruzados esperando que la empresa siga haciendo lo que quiera”, sostiene Sandra. “Al menos, ése no es el espíritu”.

La problemática del telemarketer pasó a ser parte del paisaje diario. Entonces, tras conocer esta realidad cabe preguntar: ¿por qué trabajar en un call center? La respuesta puede amoldarse de acuerdo a la persona. Algunos necesitan ahorrar por un tiempo, otros mantienen una familia y otros, frente a la dura cotidianeidad de la situación, intentan reivindicar sus derechos y tornar la incógnita en un “¿por qué no trabajar en un call center?”