Magia, belleza y emoción. Los susurradores son comandos que recitan poesía al oído irrumpiendo en la vía pública. El movimiento que nació en Francia traspasó las fronteras para desacelerar el mundo.

Por María Luján Torralba

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“Aparte de la significación gramatical del lenguaje, hay otra, una significación mágica, que es la única que nos interesa. Uno es el lenguaje objetivo que sirve para nombrar las cosas del mundo sin sacarlas fuera de su calidad de inventario; el otro rompe esa norma convencional y en él las palabras pierden su representación estricta para adquirir otra más profunda y como rodeada de un aura luminosa que debe elevar al lector del plano habitual y envolverlo en una atmósfera encantada. (…) El poeta hace cambiar de vida a las cosas de la Naturaleza, saca con su red todo aquello que se mueve en el caos de lo innombrado, tiende hilos eléctricos entre las palabras y alumbra de repente rincones desconocidos, y todo ese mundo estalla en fantasmas inesperados”, decía el poeta chileno Vicente Huidobro en una conferencia en El Ateneo de Madrid en 1.921.

Por que la poesía es magia y belleza. Es estética y música. Es trascendencia e introspección. Por todo esto nacieron Les Souffleurs en Francia hace 14 años de la mano de Olivier Comte. El colectivo artístico cuya misión es desacelerar el mundo con sus comandos susurradores aparecieron por primera vez en el Salón del Louvre de París y desde aquel momento han hecho más de cien presentaciones. Un tubo, un poema, un oyente y un narrador son los elementos que se necesitan para crear un momento único y especial.

En Argentina, el movimiento llegó de la mano de Mirta Colángelo, recordada como «la maga de los susurradores» dado que impulsó el relato de poesía mediante el uso de susurradores, construidos a partir de tubos de cartón.Esta actividad tuvo inicio en 2007, en la inauguración de una muestra del Museo de Arte Contemporáneo de Bahía Banca y se extendió en intervenciones poéticas en las calles, escuelas, hospitales, ferias y mercados de la ciudad. Con el tiempo, más personas fueron sumándose a susurrar y se conformó la Banda del Susurro.

Mediante su intercambio con educadores de otras ciudades de Argentina, los susurros llegaron a La Plata, Córdoba, Gran Rosario, Buenos Aires, Tres Arroyos, Partido de Laprida, Gran Santa Rosa, General Conesa, Comodoro Rivadavia, San Nicolás de los Arroyos, Provincia de Mendoza, en donde gran cantidad de grupos de personas dieron continuidad a la difusión de esta experiencia. Popularizados los susurradores, fueron parte del Seminario Internacional de Literatura Infantil y Juvenil realizado por el programa Placer de Leer, de la Fundación CyA. Trenes, plazas, bibliotecas, cualquier espacio es un posible encuentro para la poesía al oído.

“La poesía se trata sobre coincidir en papel y mente la mirada de uno mismo. La poesía es una de las cosas que más se disfrutan en el mundo. La poesía es una exploración fónica, un tipo de lenguaje que se basa más en los sentimientos y los sonidos que en la comunicación o la gramática. Así como algunos polarizan los vidrios del auto y otros usan anteojos para ver mejor, la poesía es un tipo de graduación con la que uno elige ver el mundo. También es una forma de fe, creer que todo tiene música propia, desde una roca hasta una relación, y abocarse a tratar de escucharla. La poesía es todo aquello que en algún nivel conmueve o altera. La poesía es eso que te pasa mientras estás ocupada haciendo otros planes. Todo. Sencillamente eso, poesía es todo.» Así definían la poesía los jóvenes poetas Valeria Tentoni, Jimena Arnolfi, Leonel Alesis, Jacob Steinberg, Malén Denis, Cecilia Martinez Ruppel y Emmanuel Franco, que participaron de la maratón de Revista Dínamo.

Porque la poesía es el único lenguaje que se alimenta de la trascendencia y teleología para sostenerse, según Julia Kristeva, la decimos oralemente, en público, en privado, al oído.