León Gieco y Oscar Finkelstein redoblan la apuesta con Crónica de un sueño, el libro que revive los pasos del hombre que se transformó en un símbolo de democracia, cultura y rock.

Por Gisela Etlis

En el ámbito de la 37° Feria del Libro, entre canciones y fragmentos recitados, Finkelstein, Gieco y el periodista Carlos Ulanovsky presentaron la edición de Crónica de un sueño que se publicó en 1994 con las correcciones y las merecidas actualizaciones. “Desde aquella vez, ha corrido mucha agua bajo el puente. Los lectores hemos cambiado, yo no necesitaba de anteojos para leer”, bromeó Ulanovsky, quien moderó la charla como hace 17 años y leyó con placer las páginas de Crónica de un sueño , resultado de infinitas y amenas charlas entre Oscar Finkelstein y León. “Yo tampoco usaba anteojos”, contestó Gieco y desató risas entre el público.

Sólo le pido a dios, Hombres de hierro y La memoria fueron algunos de los temas que se intercalaron con la historia de vida que se contaba en la sala José Hernandez. “León es Raúl Alberto Antonio. Es Rulito, es Luli”, dice el escritor en las primeras páginas y luego relata las aventuras del músico y militante cuando llega a la gran ciudad y se encuentra con su primer profesor, Gustavo Santaolalla. Cuenta León por escrito: “Gustavo me hizo escuchar ‘The free weeling’ de Bob Dylan y me cambió la cabeza”.

“El que lea este libro va a llegar a Buenos Aires con una mano adelante y otra atrás, va a escuchar guitarras acústicas y eléctricas, asistirá a la filmación de Mundo Alas”, aseguró Ulanovsky sobre Crónica de un sueño, editado por Planeta y que contiene el prólogo en el que hace 17 años Mercedes Sosa ponía al descubierto el cariño que sentía por Gieco: “Si no hubiera un León, habría que inventarlo”.

El libro de Oscar Finkelstein sobre el cantante surge del desánimo típico de un periodista al redactar una entrevista para algún medio: siempre queda algo afuera.

Revista Dínamo: ¿Por qué decidiste hacer este libro?
Oscar Finkelstein: La idea de contar la vida de León surgió hace veinte años cuando, con diferencia de unos pocos meses, le hice dos entrevistas: una para Rock en Blanco y Negro y otra para Clarín Revista. Me daba mucha pena que quedaran sin publicar tantas cosas interesantes, tan buenas anécdotas y opiniones sobre los temas más diversos. Fue entonces que le propuse hacer el libro y así, después de más de dos años de trabajo, lo publicamos en 1994.

RD: ¿Cuál es tu parte favorita?

OF: Hay muchas historias de las que cuenta León que parecen ficción y obviamente no lo son. Sus recuerdos de la infancia en su pueblo, Cañada Rosquín; los primeros tiempos en Buenos Aires, cuando cometió un montón de errores por su inocencia pueblerina; las dificultades de todo tipo, pero especialmente económicas, durante su exilio. El nacimiento de sus hijas y de sus nietas son, entre otros, mis partes favoritas. También cuando cuenta cómo fue que la cocaína le salvó la vida… Pero para eso, hay que leer el libro.

RD: En una biografía, siempre está la mirada del autor. Pero en este caso, la del protagonista también convive. ¿Por qué creés que León te aceptó para contar su historia?
OF: Apenas nos conocíamos, pero evidentemente le debo haber generado la confianza necesaria como para revelarme cuestiones de su vida privada que nadie hasta entonces conocía públicamente. Y por lo visto no defraudé esa confianza, del mismo modo que León no me defraudó como artista ni como persona. Al contrario, lo respeto cada día más en ambos sentidos.

RD: ¿Cómo te imaginás el capítulo final de la última edición de Crónica de un sueño?
OF: Supongo que, como siempre, reflejará a un León activo, creativo, luchando con sus canciones para denunciar las injusticias de un mundo desigual, jugándose con opiniones no siempre políticamente correctas. Y por otro lado, mostrará a un hombre curioso y amante de las cosas finas, cariñoso con su familia y sus amigos y siempre dispuesto a firmar un autógrafo o a sacarse una foto sonriente con sus muchos admiradores.

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