A partir de la mitología de la cultura popular, la obra construye una representación que convierte a la puesta en un festival del artificio que evoluciona a través de sus resonancias. Hablamos con su director, Fabricio Rotella

Por Gabriela Koolen

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¿Cuántos rituales del dia a día se construyen con artificios? ¿Cuántos de esos artificios se arman en capas como una épica del instante? La Pasto Verde, la obra sobre Carmen Funes de Campos, la fortinera famosa por su pulpería en la localidad de Plaza Huincul (Neuquén) durante la Conquista del Desierto, se desarrolla en acciones cotidianas que se transportan al extremo y se magnifican de manera tal que lo que creemos verdadero no termina de revelarse nunca.

“La obra reflexiona sobre la idea del artificio como dispositivo teatral, pero también como límite borroso entre realidad y ficción. Lo salvaje y lo civilizado, la locura y la muerte”, analiza Fabricio Rotella sobre los pasos de su trabajo. El proceso creativo fue compartido con los actores, partiendo de ideas, imágenes, textos teóricos y literarios, sin dejar de lado los deseos personales y grupales. “De entrada trazamos un círculo y luego empezamos a cavar. Así se delimitó el universo rural y artificial de la obra. No hubo estructura dramatúrgica previa. Improvisamos fundiendo el material con el lenguaje de actuación”.

Revista Dínamo: ¿Por qué elegiste trabajar el mito de La Pasto Verde y qué te convocó de esta mujer?
Fabricio Rotella: La Pasto Verde, como la aparición de una virgen, se presentó para darle sentido a nuestras plegarias. Su historia estaba cargada de experiencias. El concepto de heroína olvidada nos conmovió. El rol de la mujer en la milicia en esa época, su valentía y entrega, los distintos recorridos de su vida. Acompañó a su gaucho a la guerra con el Paraguay y luego de la muerte de éste, se unió a las tropas de la milicia para ir de fortín en fortín por gran parte del territorio. Fue una cuartelera que supo curar enfermos, cocinar, lavar, remendar uniformes, asistir a velorios y también a bailongos, y desenvainar y pelear como un soldado más. Terminada la conquista, se instaló en un paraje deshabitado, una posada para albergar viajeros. En esa cuenca neuquina, junto a una aguada, descubrieron petróleo. Los primeros campamentos de YPF en las tierras de la mítica Pasto Verde. Incluso 50 años después de su muerte tuvo su renacer. Su tumba olvidada al lado de la ruta fue descubierta accidentalmente por un joven que compuso la recordada “Zamba de la Pasto Verde” que la inmortalizó. Con cierto desparpajo tal vez, la obra es también nuestro homenaje a La Pasto Verde, desempolvando algo de su historia y dándole vida, cual Frankenstein teatral, en cada función.

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RD: ¿Cómo se conjugan realidad y ficción en el universo de la obra?
FR: El universo gauchesco es evidente y artificial. Montado a la vista del público. Esto nos posibilita trabajar en distintos planos de ficción. En esa tensión entre lo real y lo ficticio respira la obra. La escenografía, los objetos y su relación con ellos dan cuenta de este contrapunto. El rancho como signo escenográfico se presenta intervenido, extrañado en su función representativa. Unos sueros que cuelgan sobre el espacio escénico gotean todo el tiempo. Son sueros para la mirada, también para los personajes. Pero por momentos son goteras de un rancho precario, perdido en un pueblo sin nombre, anclado en un tiempo lejano. La actuación encargada de poner en funcionamiento el material abre un nuevo plano, el poético. Así el suero (signo del artificio), deriva en goteras (elemento del relato), para llegar a la síntesis poética: “Lágrimas derramadas en el pasado que hoy gotean para no olvidar lo sufrido”.

RD: ¿Cómo trabajaste los personajes de la obra?
FR: En esta dinámica de trabajo de construir la obra, es decir imagen, texto, lenguaje en diálogo con la actuación, podemos otorgarles a los personajes la singularidad de cada actor. Los personajes no tienen formas, ni textos, ni están trazados sus destinos. Las resonancias del actor con el material en el ensayo empiezan a formar una existencia que se desarrolla y evoluciona teatralmente. El personaje no dice o siente porque así fue escrito, sino porque en una improvisación de algún ensayo el actor lo reveló y habitó.

RD: ¿Cuáles son tus proyectos a futuro?
FR: La obra está en terreno movedizo. Quizá sea parte de la propuesta estética que vamos descubriendo. Para seguir con el movimiento, el deseo personal con el proyecto es que La Pasto Verde recorra el país, poblando parajes deshabitados de teatralidad. Como autor y director estoy empezando a trabajar sobre el cruce entre Lisístrata, la farsa de Aristófanes, y el universo de los gordos sindicalistas. También aparece la figura femenina como protagonista. En este caso desatando una huelga sexual.

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La Pasto Verde
El Excéntrico de la 18, Lerma 420, CABA.
Funciones: domingos a las 20. Reservas 4772-6092.
Localidades: $100; $80 estudiantes y jubilados.
Facebook: La Pasto Verde