Un grupo de activistas gays y lesbianas decide apoyar a los mineros en huelga que enfrentan a Margaret Thatcher. Una película, una gran historia.

Por Julieta Marucco
@JulietaMarucco

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«Solidarity forever, solidarity forever, solidarity forever, for the union makes us strong»

Apenas comienza la película inglesa Pride (2014), de Matthew Warchus, se escucha la primera estrofa de “Solidarity Forever”, una canción escrita por Ralph Chaplin en 1915 que, quizás por la época y por su rítmica, no tardó en popularizarse en las luchas obreras. Según dicen, Chaplin se inspiró en la huelga de 1912-1913 de los mineros de Kanawha County, West Virginia, para escribirla. Claro, la clase obrera ya tenía su himno: La Internacional, de origen francés, más solemne musicalmente, con un claro propósito político: el socialismo internacional y sin lugar alguno a la ambigüedad. Pero la palabra “unión”, de la canción de Chaplin, puede ser entendida como alianza o como sindicato, es decir, puede limitar la actividad política del proletariado al plano sindical.

La película hace referencia a la importante huelga minera de 1984, durante el gobierno de la primera ministra Margaret Thatcher, también conocida como “la Dama de hierro” por sus políticas ultraconservadoras. Uno de los protagonistas de la obra de Warchus, Mark, líder de la comunidad gay, se da cuenta de que en la marcha de orgullo LGBT, esta vez, la policía no los molestó. Entonces, comparte con sus compañeros una reflexión política muy elevada. Dice: “¿Soy yo o la policía se está ablandando?” Sus compañeros se ríen. Luego, agrega: “Es gracioso, han dejado de merodear fuera de nuestros clubes últimamente, ¿de qué se trata eso?, ¿creen que realmente se cansaron? Yo creo que ellos se fueron a otro lugar. A irritar a alguien más. Supongo que mientras nosotros disfrutamos de un descanso temporal, ellos están aquí -muestra un diario que tiene en la tapa la represión a los trabajadores mineros- dándole a esta pobre gente la mierda que nosotros usualmente recibimos”. Finalmente, Mark propone crear una organización que se llamó y existió en la realidad: “Lesbians and Gays Supports the Miners” (LGSM) que se ocupó de organizar un fondo de huelga para ayudar económicamente a los mineros.

Ahora bien, los problemas son varios. Por un lado, deben convencer a otros gays de solidarizarse con una lucha que no era específica de su comunidad, porque no faltó el “¿y ellos qué hicieron por nosotros?”, “¿por qué mejor no nos ocupamos de los nuestros que se mueren día a día por el SIDA?” Y por otra parte, es difícil desintegrar el prejuicio de los mineros y del resto de los habitantes de un pequeño pueblo en Gales. Que tomaran bien el hecho de que un grupo de “maricas”, “pervertidos” como los llamó la prensa, los acompañara en su lucha.

La situación en Inglaterra

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Si uno observa los ocho capítulos de la serie inglesa House of Cards, de 1990, comprenderá cómo funciona el sistema político inglés. Más allá de las discusiones que se dan en el Parlamento entre el Partido Conservador y el Partido Laborista, el principal problema para un político en Inglaterra es posicionarse como líder de su propio partido. Es una clásica partida de ajedrez. No solo al rey (en este caso Primer Ministro) lo pone en peligro su adversario, también lo puede hacer el movimiento de sus propias piezas.

Margaret Thatcher se convirtió en líder de su partido luego del fracaso de Edward Heath, y, por tanto, en líder de la oposición al gobierno del Partido Laborista. James Callaghan, Primer Ministro por el Partido Laborista, tuvo que acudir al Fondo Monetario Internacional. Por supuesto, su prestamista le pidió a cambio medidas de ajuste. Callaghan se resistió lo que pudo, pues se lo exigía el nombre de laborista, pero finalmente cedió y culminó con lo que se conoció como “Winter of Discontent”, con huelgas como respuesta. En una lógica prácticamente bipartidista, el camino quedaba allanado para que asumiera Thatcher, una ajustadora confesa, admiradora del economista liberal Friedrich Hayek.

La huelga

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Algunos mineros tenían experiencia en huelgas. En 1972 y en 1974, por el anuncio del cierre de minas (contexto de crisis económica mundial), explotó la huelga en todo el país. La resistencia obrera hizo volar a Edward Heath. Sin embargo, al Partido Conservador adquirió toda una experiencia que necesitaría a futuro. En marzo de 1984, diez años más tarde, con el anuncio del cierre de minas de carbón, comenzó otro capítulo para los mineros: una huelga mucho más larga y conflictiva. Luchaban contra la Dama de hierro, quien recientemente había triunfado en la guerra de Malvinas en Argentina (1982) y que había planeado una ley para frenar el poder de los sindicatos con la reducción de las afiliaciones y la posibilidad de declarar ilegal a una huelga. Asimismo, el gobierno contaba con reservas energéticas para soportar un paro y los obreros tenían el problema que tiene cualquiera: necesitaban dinero para vivir. El tiempo en todo conflicto político es un aspecto fundamental. Quienes tengan ventaja sobre ello, claramente, gozan de una mejor posición.

Por otra parte, las anteriores huelgas triunfaron porque la unión de los trabajadores fue mayor, lo que es responsabilidad de la dirección sindical, si apuesta a la huelga general o trata de negociar con el gobierno. Uno podrá encontrar en algunos diarios notas a mineros indignados con otros mineros que, como se dice en Argentina, carnerearon el paro y notar que, a diferencia de la huelga de 1974, esta vez, otros rubros no se sumaron, como por ejemplo, los transportistas. Sumado a esto, cuando un grupo como Lesbians and Gays Support the Miners nace para darles su apoyo, el Sindicato Nacional de Mineros no acepta su colaboración. Por eso, LGSM tuvo que viajar personalmente para entregar sus donaciones a un pueblo minero en Gales.

Por supuesto, otro factor imprescindible para aplastar una huelga, tan decidida y multitudinaria, es la represión en marchas y piquetes (porque el piquete no es un invento argentino, como se suele creer, tampoco garantizar una huelga con piquetes), pues los piquetes sirven para evitar que el carnero le dé más tiempo al patrón produciendo o que se le habilite la sanción (despido sin indemnización) a los que están dispuestos a luchar. En Pride se muestra represión y detenciones ilegales, pero donde se observa mejor estos problemas es en Billy Elliot (2000), otra película inglesa. Billy Elliot, un niño que sueña con ser bailarín, necesita la comprensión de su padre y hermano, ambos mineros en huelga. Para ellos es difícil aceptar que un varoncito haga cosas “propias” de nenas. Quizás, una de las escenas más conmovedoras de la película es cuando Jackie y Tony Elliot se empujan, se abrazan y lloran como todo hombre tiene derecho a llorar. Y todo lo que le pasa a esa familia: un padre viudo sin nada para llevar a la mesa, lo difícil de aceptar un deseo de otro diferente al propio y una huelga que está perdiendo el curso, todo está ahí, en ese abrazo, entre montañas oscuras, que no desentonan como paisaje.

La comunidad gay británica

Cierto es que Thatcher había apoyado la despenalización de la homosexualidad a fines de la década del 60 para mayores de 21 años. Sin embargo, durante su gobierno la persecución por parte de la policía a la comunidad gay era impresionante. En 1988, luego del apoyo de la comunidad gay a la huelga minera y el gran desarrollo de su activismo, Thatcher impulsó “Sección 28”, que censuraba toda “promoción” de la homosexualidad. Se trataba de una legislación que abría la puerta a la represión en todas sus formas. Aquella legislación duró, increíblemente, hasta el año 2003. No obstante, la comunidad gay británica logró, como sucede en todas las luchas, a pesar de los retrocesos, grandes avances.

Estos avances, claramente, tienen que ver con la perspectiva política que le dieron a su comunidad. No solo estaban por sus reivindicaciones como minoría. Estaban, junto a otros, contra un gobierno y contra un sistema. Quizás, la mayoría entendió que era contra un gobierno de características represivas, pero había un grupo que fue más allá y pensó que el capitalismo tenía algo que ver con su propia desgracia. Porque una sociedad basada en la explotación del hombre por el hombre no puede ser otra cosa que represiva, debe imponer cómo organizar la vida social, lo que implica la sexualidad. El líder de la agrupación, Mark Asthon, lo tenía claro. No tiene sentido luchar solo por los derechos de la comunidad gay si no nos importa toda la comunidad. Se podría agregar que tampoco tiene sentido luchar por una sociedad mejor si en esa lucha no se incluyen los derechos para personas homosexuales. Ese es el gran avance, entender esto y sentir orgullo al defenderlo.

Pride es una película que cuenta parte de la historia del activismo gay británico en una de las luchas más emblemáticas que ha tenido la clase obrera en los últimos tiempos, quizás uno de los obstáculos más grandes que enfrentó Thatcher para poner en marcha sus políticas económicas de ajuste. La película no es derrotista y cuenta las cosas con humor sin caer en chistes vulgares sobre homosexuales. Se ríe de los prejuicios de un pueblo y reivindica la unión en la lucha tal como se anticipa al comienzo. Con un final, simplemente, hermoso.

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