“Si están la voluntad, el dinero y la gente, podríamos empezarse en un mes”. Charla con el orfebre Juan Carlos Pallarols y la arquitecta Elena Mazzantini, a cargo del proyecto

Por Federico Moretti
@fede_pmoretti

vagone 1

Los coches La Brugeoise significaron mucho más que un simple medio de transporte desde que se hicieron conocidos bajo tierra en 1913. Durante sus 100 años de actividad ininterrumpida, revalorizaron su estatus como símbolo cultural y atravesaron todo tipo de cambios a nivel económico, político y social.

El 11 de enero de 2013, el Gobierno de la Ciudad decidió que era hora de que los viejos “brujas” se tomaran un descanso y fueron retirados de circulación para la restauración del cableado eléctrico en toda la traza (Plaza de Mayo-Carabobo, que un año después se extendió hasta San Pedrito) y la incorporación de 279 formaciones eléctricas con aire acondicionado, que fueron adquiridas de la empresa china CNR (China Northern Locomotive and Rolling Stock Industry).

Los 94 coches La Brugeoise et Nicaise et Delcuve, también conocidos como “los belgas”, supieron esquivar los tres intentos que trataron de sacarlos de funcionamiento hasta que las ruedas gritaron “basta”: en la década de 1940, la Corporación de Transportes de la Ciudad de Buenos Aires (CTCBA) intentó desactivar su recorrido por las malas condiciones en las que estaban, pero los problemas políticos-económicos que estaba viviendo el país en aquellos días no lograron concretar el plan.

A comienzos de los años 70, la empresa estatal Subterráneos de Buenos Aires diseñó varios modelos con el fin de poder equilibrar la flota del trayecto con los modelos “Los Lagartos” y “los EMEPA”, así también con vagones que provinieron de las líneas B y E. Durante la presidencia de Carlos Menem en los 90, se privatizaron todas las líneas de subtes y las carrocerías ferroviarias creadas fueron entregadas al funcionamiento de la línea D.

Con el correr de los años, el crecimiento del sistema de transportes de la Ciudad de Buenos Aires comenzó a querer opacar de a poco el patrimonio que los antiguos Brugeoise habían implantado en 1913. Sin embargo, los cambios constantes en el comportamiento de la sociedad argentina fueron responsables de los continuos maltratos hacia las formaciones, como por ejemplo los grafittis, la destrucción de los asientos de madera y el descuido de los pisos y piezas metálicas con un importante valor adquisitivo.

vagones 2

Otro punto destacable fue la falta de compromiso por parte de SBASE (Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado) y Metrovías por el cuidado de los túneles, el sistema eléctrico, las vías y las estaciones, lo que llevaron a un deterioro significativo de la línea A. Tomó por sorpresa a los habituales usuarios cuando el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, anunció el cierre temporal y el final definitivo para las formaciones de madera con sus lámparas amarillas que se apagaban cada vez que ingresaban a las estaciones.

A mitad del 2013, la ley 2796 declaró “patrimonio cultural e histórico” a los 94 vagones que fueron parte de formaciones de cinco vagones, con lo cual, se estableció el proyecto de restauración de diez de ellos para que sean implementados en un servicio turístico entre Plaza de Mayo y Plaza Miserere los fines de semana, luego de la enorme repercusión que se generó entre las personas el último día que corrieron por debajo de la avenida Rivadavia. El resto será destinado para museos, bibliotecas rodantes o serán guardados en los talleres Polvorín y de Parque Patricios.

La convocatoria atrajo al reconocido maestro orfebre Juan Carlos Pallarols, a la arquitecta y especialista en Patrimonio Cultural María Elena Mazzantini y al arquitecto Guillermo Pinelli , quienes habían trabajado anteriormente en la revalorización del Teatro Colón y por sus destacados antecedentes, para también recibir la ayuda de la Asociación Amigos del Tranvía.

Revista Dínamo: ¿De qué manera se llevó a cabo el proceso de reintegración de la flota La Brugeoise?
Juan Carlos Pallarols: Mi trabajo fue limitado a lo que era metales. El hecho de haber trabajado con Mazzantini y Pinelli en la restauración del Teatro Colón hizo que nos llamaran y nos dieran ese trabajo. El arquitecto Pinelli y yo nos encargamos de restaurar todos los objetos metálicos y debidos que se encontraban en cada vagón. Los muchachos de Amigos del Tranvía se ocuparon de modificar el sistema de cableados eléctricos, se le puso un voltaje mayor, nuevos frenos, un sistema de seguridad en las puertas y vidrios templados. Nos contrataron porque sabían que nosotros los íbamos a terminar y a respetar, y la prueba está con los dos vagones finalizados.
María Elena Mazzantini: Mi especialidad está plenamente dedicada al patrimonio cultural maderero. Al haber sido jefa de dirección en la reconstrucción de la Catedral de La Plata y el Teatro Colón, el Gobierno de la Ciudad me asignó como directora de la obra. Me dediqué primero a tomar todas las medidas necesarias para la ubicación del pasajero y/o visitante, luego se realizó la cobertura de chapas estampadas con remodelor.

destacada 1 trenes

RD: ¿Cuáles fueron los problemas más graves con los que se toparon?
JCP: Con la ayuda de Guillermo Pinelli tuvimos mucho cuidado y valorización en todo lo que fue el reacondicionamiento de piezas metálicas como los pasamanos verticales, artefactos de iluminación, todos los bronces y herrajes, y los capiteles.
MEM: Los coches tienen 100 años, no se debe tentar a la suerte. Al desarmarlos encontramos muchos más problemas en la estructura de los que suponíamos, como por ejemplo arreglar los pisos que ya tenían incorporadas carpetas de cemento.

RD: ¿Por qué cree que los usuarios deberían haber tenido más consideración y respeto para no dejar a los vagones en condiciones paupérrimas, tales como los graffittis y las roturas irreparables?
JCP: Los argentinos somos poco despreocupados por esas cosas, hay que hacer entender que son nuestros y que los debemos cuidar. Cuando la gente comete esas atrocidades es un poco masoquista, el que rompe el asiento de un colectivo sabe que después lo tiene que usar de nuevo y todas las demás personas, no le encuentro la gracia a la situación. Todavía no entendimos lo que significa la preservación, es un acto de amor, de conocimiento y de entendimiento. Este país lo tenemos que cuidar entre todos.

RD: Desde su puesta en funcionamiento, el cuidado y la prolijidad que exhiben los vagones CNR muestra el nivel de obediencia a lo que nos sometimos los argentinos. ¿Piensan que se podrá mantener por tiempo indeterminado?
JCP: El no maltrato habla bien de la gente, se estarán dando cuenta que es mejor preservar para viajar más cómodos. Hay que felicitar a las personas que se trasladan por defender a los medios de transporte, así vamos a aprender a mejorar todos los recursos porque se hacen con la plata que sale de nuestros bolsillos.
MEM: La prueba está también abocada a que la restauración de los primeros dos coches fue muy bien recibida.

destacada 2 trenes

RD: ¿Hay alguna fecha estimada para volver a ver a los “brujas” en acción?
JCP: Sé que se están moviendo las cosas y organizando todos los materiales para poder restaurar una parte de los vagones y no todos, hay entre 40 y 60, la mayoría quedaron en desuso por el tema de que no había repuestos, es difícil encontrar el equilibrio económico. Hicimos dos y quedan para hacer ocho más, todos para que sirvan en el recorrido turístico. La situación económica del mundo no está muy fácil para la recolección de los elementos esenciales, se le está dando más prioridad a otras situaciones. Si están la voluntad, el dinero y la gente ansiosa, el proyecto podría empezarse tranquilamente en un mes. Cuando empezó la restauración, hubo un apoyo elemental de las personas por querer devolverlos a las vías. He recibido muchas cartas de cientos que me decían que eran felices de que volvieran a andar porque los habían usado toda la vida para ir a trabajar, estudiar o visitar a sus madres. Esas cosas son las que mantienen viva a una ciudad y a un país.