Charles Lum, director de Age Of Consent -documental que se presentó en Buenos Aires durante el Festival Asterisco- conversó sobre sexualidad, fantasías, política y libertad

Por Gretel Müller
@Gret_M

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Casi llegando a la esquina, en Vauxhall Road funciona desde 1996 y todavía hoy The Hoist (El Montacargas) un bar muy particular de Londres. Su fachada de ladrillo gastado y un entramado de rejas coronado con un cartel que señala el lugar, las motocicletas estacionadas en su puerta y por supuesto su nombre anticipan un poco la osada propuesta. Muchos dirían “antro”, algunos tratarían de ignorar lo que pasa ahí y otros, como Charles Lum y Todd Verow, decidirían filmar un documental para mostrarle al mundo a través de la pantalla grande la lucha política de la comunidad gay por esos lares.

Age of Consent (2014) es un film en tono de denuncia; contestatario es la palabra clave. No es para menos hacer un recorrido histórico del reclamo por una era de consentimiento en la Gran Bretaña de los 90, cuando la homosexualidad todavía era una práctica socialmente condenada. La imágenes explicitas de sexo y hombres revestidos en cuero  de este documental retratan una lucha política de casi dos décadas. The Hoist fue un amparo para muchos gays que eran perseguidos políticamente en espacios públicos.

Su forma de exhibir es bien cruda, la vestimenta de cuero no oculta, sino que enmarca el cuerpo para destacar sus curvas a modo de fetiche. Los hombres que concurren diariamente a este bar (exclusivo para ellos) buscan liberación, aceptación y sobre todo sexo. Charles Lum, fotógrafo, director y artista, eligió este lugar para mostrar sus más íntimos deseos, planteos y gustos. Revista Dínamo lo eligió a él para charlar sobre sexualidad, fantasías, política y libertad.

“Fui al centro a ver todos los teatros porno”, relata Charles a modo de confesión enmarcando la entrevista con estas primeras palabras. “Quería ver cómo eran, quiénes iban, además me gusta el ambiente de los viejos teatros porque son lugares que no estuvieron hechos para eso y de golpe se tornan en estos lugares salvajes, que para mi representan libertad”, continúa con un tono pacífico y agradable desde el sillón del café del hotel Savoy, donde se hospedó durante su visita a Buenos Aires para presentar su documental en el Festival Asterisco.

Revista Dínamo: ¿Por qué ves libertad en el porno?
Charles Lum: No es en el porno en sí mimo, sino en los lugares donde es mostrado, lugares que facilitan el sexo. Se trata de la libertad de tener sexo y de tener sexo libremente, ir a un lugar que está preparado para esto. Se puede decir que los teatros porno de acá igual son diferentes a The Hoist, no fueron creados para estas prácticas. The Hoist, en cambio, estuvo hecho desde su inicio para este propósito.

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RD: ¿Qué pensás sobre el grado de inclusión de la comunidad LGBTQ en tu país? ¿Y en el Inglaterra? 
CL: De seguro cambió en mi tiempo de vida. Hubo un tiempo en el que la comunidad gay, los matrimonios, eran inaceptables. Es más, leí en el New York Times que el 44% de los estadounidenses tienen la libertad de casarse. Esto quiere decir que la Corte Suprema no va a intervenir en la decisión de los estados para sancionar los matrimonios igualitarios, ya no van a pelear esa pelea. Sé que es muy diferente en mi país que en Argentina, que ya pasó por todas estas leyes, pero se está poniendo mejor la situación. De todas formas, ahora tenemos permitido el matrimonio gay, pero de todas formas se continúa persiguiendo a las personas que tienen sexo gay. El sexo que se practica en The Hoist o en estos teatros porno no es del todo legal. En Londres antes de que se despenalizara la homosexualidad y se disolviera la ley  (era sólo legal en la casa y con todas las puertas cerradas), un hombre podía ser arrestado por dar un beso en público. Obviamente para parejas hétero no corría la misma ley, nadie los iba a arrestar por tener sexo, ni siquiera si era prostitución. Esto es una forma de control. No conozco ninguna sociedad a la que se le permita tener el sexo que quiere; el Estado siempre controla nuestro deseo.

RD: Estuviste hablando de la prostitución, ¿Qué pensás de esta práctica?
CL: Creo que la prostitución debería ser legal. Todo el mundo cree que la prostitución es una práctica terrible y que es muy difícil mantener la dignidad en cualquier cultura con esa profesión. Incluso si lo pensás muy en lo profundo, te resulta malo, a pesar de que es parte de cualquier cultura. O sea, el contrato de matrimonio tiene implícita a la prostitución. El Estado te dice que “no podés prostituirte; si querés hacerlo, antes firma este contrato”.

RD: ¿Qué pensás sobre el matrimonio como institución entonces? ¿Y del matrimonio gay?
CL: Estoy muy feliz del matrimonio gay, creo que está perfecto. Yo no quiero casarme, pero esa es mi decisión y cualquiera debería tener esa posibilidad. El tema es que si está permitido entonces quiere decir que el sexo entre hombres también lo está. Pero, como acabo de señalar, esto no ocurrió así: el matrimonio gay no paró con el hecho de que el sexo gay continúe siendo algo prohibido. Entonces, por supuesto que no estoy en contra del matrimonio gay, el tema es que el contrato de matrimonio es terriblemente sospechoso. En Estados Unidos decidieron legislarlo únicamente por la plata. Es decir es un contrato; si los gays no podemos acceder a éste hay una desigualdad, pero monetaria. Esas fueron las razones por las cuales se están empezando a sancionar estas leyes. La Corte Suprema lo autoriza simplemente porque es injusto para estas personas no recibir los derechos económicos de su pareja. Es absolutamente horrible que la única razón sea para convencer a la Corte haya sido una desigualdad económica. Entonces todo se trata de plata.

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RD: ¿Es tolerante la sociedad estadounidense con respecto a esta ley?
CL: Creo que es cada vez mejor. No puedo decir cómo es acá y de Londres quizás sepa un poco, pero creo que es un poco lo mismo. Ahora es políticamente correcto, entonces nadie puede decir que no está bien. Siempre va a haber un par de personas que no estén de acuerdo, los chistes hacia nosotros son muy comunes, los chicos en el colegio lo toman como algo negativo, porque todavía es un término negativo. No lo elegirías para vos mismo si tuvieses la oportunidad de decidir, y creo que eso es lo que la gente aún piensa.

RD: ¿Creés que el cine es uno de los caminos para dar un paso más de lo político a lo simbólico?
CL: Absolutamente, y creo que la mayor parte de las cosas que pensamos hace más de 60 años que vienen del cine. El lenguaje del cine que aprendemos es también el de la televisión, y esas cosas crean percepción pública, crean cultura, moldean las formas en la que las personas piensan y bueno es propaganda. Todavía hay mucha prensa anti-gay y ellos son los que inventan esas cosas tontas. Y por la otra mano el cine abre la cabeza de mucha gente. Desde que se experimenta tanto del mundo a través de los medios, la gente tiene mucho más conocimiento. Entonces esto iguala. Cuanto más se sabe, menos se juzga, porque cuanto más sabés te das cuenta de lo poco que sabés y así sigue. El cine es algo increíble, todos queremos hacer o estar en una película. Mi teoría es que la gente ve cosas de una forma cinematográfica y las lleva a su vida, cuando uno ve un film se proyecta a sí mismo a través de las fantasías que tiene. Uno necesita una fantasía para atravesar esta experiencia. Cada uno tiene sus realidades y sus fantasías y en esa cuestión el cine hace algo muy particular. Me he encontrado a mí mismo recreando escenas de películas. Creo que eso es increíble, la gente entiende lo que hace a través de lo que ve.

Charles Lum

Charles Lum

RD: ¿Cómo llegó a interesarte a hacer un documental sobre un leather bar?
CL: Hace un tiempo habíamos hecho un cortometraje llamado Tom´s Gift(2012) con Todd Verow y estábamos muy interesados en cómo Internet había cambiado los encuentros sexuales entre gays. Cómo antes tenían que verse en teatros, penthouses o bares y encontrar o negociar sexo en lugares públicos y ahora todo eso se hace por la web.  Después hicimos un documental que se llamó The End of Cruissing(2013), éramos varios directores los que colaboramos con Todd y hablamos de las experiencias sexuales en estos lugares, como en los teatros porno. Lo presentamos en Londres y se nos ocurrió empezar a preguntarle a la audiencia sobre sus experiencias y así fue como el dueño de The Hoist se nos acercó. Nos dijo que tenía muchas historias y nos dimos cuenta de que era suficiente para un documental entero. El bar iba a cumplir su aniversario dentro de poco y queríamos apurarnos, como podés ver The End of Cruissing tiene un tono fatalista en cuanto a la permanencia de estos lugares, la realidad es que están desapareciendo. Teníamos mucho miedo de que pasase esto con The Hoist, pero la verdad es que se supo adaptar a los nuevos tiempos y la película lo ayudó a atraer más público. Ahora hay una noche con mujeres, algo que nunca había pasado antes.

RD: En relación a esto, ¿por qué es exclusivo para hombres?
CL: Porque los hombres que lo hicieron lo quisieron de esa manera. Todo el mundo puede hacer lo que tenga ganas de hacer. Yo por ahí sería un poco más abierto, pero ellos querían un tipo específico de público ahí dentro. Los gays quieren tener sexo con hombres, y bueno no quieren mujeres que anden por ahí. Vi otros bares que permiten entrar mujeres y también vi la dinámica que se generó y a los hombres no les gustó que las mujeres los miren. Creo que esto es una pena, porque es difícil, uno quiere ser abierto, incluso en un leather bar.

D: Elegiste un bar sadomasoquista, ¿por qué? ¿Algún gusto en particular?
CL Me gustan mucho ese tipo de imágenes que uno se puede cruzar en un leather bar, creo que vinieron de otros films como los de Marlon Brando. Como el cuero llego a convertirse en un fetiche sexual. Siempre me gustó esa iconografía y lo hipermasculino. Ahora todo está cambiando, en la estética del cuero está muriendo.

RD: ¿Por qué escogiste un tono tan explícito para mostrar The Hoist? ¿Tiene que ver con una intención de exhibir lo íntimo para causar un impacto mayor frente a la intolerancia social?
CL: Eso espero.

RD: ¿Crees que es por eso que está disminuyendo la popularidad de los leather bar?
CL: Creo que tiene que ver con que estás imágenes de hombres vestidos con cuero se volvió más mainstream, no es algo que solo se pueden encontrar en este nicho. Esta moda del cuero se permeó por toda la cultura y se volvió más aceptable para todos. Ahora todos parecen entender de qué se trata el fetiche del cuero, pero hace 25 años no era así. Creo que cambió para el total de la población, pero que afectó sobre todo a los que de verdad participaban de estos fetiches. Ahora está en todos lados, fue comercializado y ya no es más excitante. Uno mirá por la calle y dice, “él no es un leather boy con el que pueda tener sexo, ¡Se parece más a una ama de casa!”. Cambió toda la dinámica. Hoy el cambio está en la desnudez. O sea, aún es ilegal, uno no puede ir desnudo por la calle porque te arrestarían. Pero, ¿por qué tener pudor de tu propio cuerpo? Es pudor institucionalizado. Por otro lado las instituciones tratan constantemente de obtener ganancias de este tipo de cosas, es sexplotation, todo tiene que ver con una ganancia. Mi película, no tiene que ver con esto, la razón por la que fue hecha fue para mostrar una lucha y también para mostrar algo que amo personalmente.

RD: ¿Creés que todo esto es una continuación de la revolución sexual de los 60?
CL: Sí, es una continuación. Creo que esta revolución empezó con la píldora y con Elizabeth Taylor, una de las personas más famosas del mundo que podía elegir cualquier marido que quisiese y ese poder lo tenía como mujer. Liz empezó todo, la quiero tanto. De todas formas la revolución sexual que se vino desde ese tiempo también asustó a mucha gente y generó una gran repercusión y en parte eso es lo vivimos ahora. Desafortunadamente el SIDA entró en escena y eso lo frenó todo, fue muy trágico.

RD: ¿Dónde crees que está la lucha ahora?
CL: Está en la corte con el matrimonio gay. Y la lucha que yo quiero pelear todavía ni siquiera empezó.  Está del lado de la despenalización del sexo o los hombres gays y parece no interesarle a mucha gente, por eso mi película no se estuvo mostrando mucho, por lo menos en mi país.

RD: ¿En qué ciudades exhibiste el film?
CL: Lo mostramos en Londres, allí es extraordinariamente popular. También en Atenas, acá y la vamos a mostrar en Baltimore, el único lugar en Estados Unidos. Lo que pasa en mi país es que si el film no está enmarcado en un rótulo particular es todavía inaceptable.

RD: ¿Te considerás un activista gay?
CL: No, en realidad, porque no hago política hago activismo a través de la cultura. Es decir, quiero un cambio político y ese es mi reclamo, por eso hago las películas que hago. De alguna manera, los films son los activistas y no yo. Me arrepiento por eso, le tengo mucho respeto a la gente que hace el trabajo de la protesta y cambian una forma de ser de lo político.