Una crónica que lleva de viaje hasta París, donde en el Centro Pompidou se realiza una de las mayores retrospectivas sobre el artista estadounidense

Por Agustina Ordoqui
@agusinha
Enviada especial

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Al poner el primer pie en el Centro Pompidou, el autoparlante avisa: “La muestra de Roy Lichtenstein tiene una demora de 45 minutos”. Y el que avisa, dice el refrán, no traiciona. Después de subir los cinco pisos en las escaleras mecánicas con vista a la Torre de Eiffel, Sacre Coeur y medio París, uno enseguida se topa con una fila multitudinaria y poco esperanzadora.

Por suerte, ya de afuera se puede ir palpitando la exposición con láminas que cuentan la sorprendente vida del artista estadounidense, que en los años 60 se convirtió en un ícono del pop art.

Así es posible saber que nació en Manhattan en 1923 y que su segundo nombre es Fox; que a los 20 años fue llamado para pelear en Inglaterra, Alemania, Bélgica y Francia en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Y que ese viaje paradójicamente se convirtió en un medio para acercarse al arte europeo. También que Braque y Picasso fueron dos grandes inspiradores para él, aunque suene extraño. Todo esto es central para comprender su obra.

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Luego de los reglamentarios minutos de espera, la retrospectiva de Roy Lichtenstein, que empezó el 3 de julio y se extenderá hasta el 4 de noviembre en la ville lumière, se revela imponente ante los ojos del espectador. Diez salas para saciar el hambre de esculturas y pinturas repletas de color y trazos gruesos.

La exhibición comienza con el satírico Look Mickey, en el que critica al popular personaje de Disney, las imágenes comerciales y los estereotipos de la cultura norteamericana, con un estilo que rompe con el imperante expresionismo abstracto de la época. Avanza, gira a la izquierda y continúa con los impresionantes cuadros de Whaam!, Takka Takka y Torpedo… LOS!, de fuerte contenido antibélico.

Look Mickey

Look Mickey

Torpedo... LOS!

Torpedo… LOS!

Taka Taka

Taka Taka

El sector favorito del público y el que enseña la faceta más conocida del artista es el de los retratos de figuras femeninas, en los que presenta problemas emocionales desde un punto de vista individualista, invocando al pop adolescente. Oh, Jeff… I love you too… But…, M-Maybe y Drowning Girl son tres ejemplos.

Oh, Jeff...

Oh, Jeff…

Blonde y Crying Girl

Blonde y Crying Girl

La muestra es meticulosa y extenuante, si bien el visitante no deja de sentirse maravillado al ingresar a cada sala. Más adelante, llegan cuadros abstractos y se encuentran los rastros de Picasso, Matisse y de los expresionistas en su obra. “Estaba interesado en retomar el trabajo de otros artistas, no como se mostraban, sino cómo se entendían. Elegí imágenes que fueran familiares, claras y conceptualizadas”, explicaba Lichtenstein. Esculturas de rostros e instrumentos musicales en clave indefinida complementan las pinturas.

Still life after Picasso

Still life after Picasso

Sobre el final, Lichtenstein retoma un arte pop más concreto e ilustra cuerpos desnudos de mujerespara contraponer la realidad y las representaciones artísticas convencionales. Por último, en el cierre, sus últimas realizaciones muestran un estilo zen no tan reconocido, influenciando por el arte oriental, principalmente chino.

La visita es larga, pero cada recoveco vale la pena. Al terminarla, el arte de Roy Lichtenstein puede convertirse en una obsesión, en el buen sentido. Aquel que entre a la muestra con el fanatismo bobo del pop art ávido de fotos para Facebook tiene la posibilidad de salir igual de fascinado y con una mayor comprensión de por qué este artista fue tan grande.

Landscape with Philosophy

Landscape with Philosophy

Centre Pompidou

Centre Pompidou