Hace un año, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, estuvo a punto de ser derrocado por un levantamiento policial. Los ideólogos todavía no fueron enjuiciados, a pesar del suceso que evocó los fatídicos tiempos autoritarios.

Por Bruno Sgarzini
@brunosgarzini

El 30 de septiembre de 2010, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, estuvo a punto de ser derrocado por una situación que comenzó como protesta y culminó en tiroteo frente al hospital donde se encontraba. Ese día dejó un saldo de diez muertos y 300 heridos. A pesar de los acontecimientos, los ideólogos aún no fueron enjuiciados. A raíz de la rebelión, el coronel Rolando Tapia, ex jefe de seguridad del Congreso, fue condenado a tres años de cárcel por atentar contra la seguridad del Estado, y cuatro civiles a un año de prisión por la toma de un edificio público. Esta es una crónica sobre lo que sucedió ese día.

Presidentes que gobernaron a Ecuador en los últimos doce años: Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad Witt, Fabián Alarcón, Gustavo Noboa, Lucio Gutiérrez y Alfredo Palacios.

Duración de un mandato en Ecuador: 4 años.

Actual presidente: Rafael Correa bordea su segundo periodo, es el primero en 16 años en cumplir cuatro años de mandato.

Rival del gobierno: Los medios de comunicación que son propiedad de importantes grupos financieros del país.

Alternativa que maneja Correa para derribar a su contrincante: Una ley que está en tratamiento dentro del Parlamento que propone un límite a la adquisición de medios informativos por parte de bancos.

Los protagonistas de los últimos tres golpes de Estado en el país: Medios, militares y organizaciones sociales.

Sector que protesta: Más de dos mil policías realiza motines alrededor de todo el país.

Motivo: Una nueva ley que elimina sus bonos y beneficios, a los que Correa califica de “escandalosos”. A cambio, el Gobierno les daría un aumento de salario.

Discurso pronunciado por Correa en el lugar de la protesta: “Señores, si quieren matar al presidente, aquí está, mátenlo si les da la gana, mátenlo si tienen poder, mátenlo si tienen valor en vez de estar en la muchedumbre cobardemente escondidos. Si quieren destruir la patria, aquí está, pero este presidente no dará ni un paso atrás”

Gesticulación y voz de Correa: Alta, entonada. Se eleva en “maten al presidente “y se pierde en “si quieren”. El resto es elevado y monocorde.

Movimientos de Correa: Un brazo abajo, otro arriba. Una mano sostiene un micrófono. El de abajo sube, vuelve abajo pero termina por subir. Entremedio del acto, la mano se abre, cierra en forma de puño y culmina con el dedo índice en alto. Después va a la altura del pecho, desabrocha un par de botones de su camisa blanca e intenta desatar el nudo de su corbata celeste. El brazo que sostiene el micrófono se va adelante, atrás, adelante, atrás. Las piernas buscan acompañar el movimiento pero una operación reciente en la rodilla izquierda de Correa impide el proceso.

Salida del presidente: Un grupo de policías tira una bomba de gas lacrimógeno, el grupo de seguridad del presidente le pone una máscara para pasar entre los manifestantes. Luego rodea a Correa, mientras éste avanza agachado debido a su rodilla recién operada que lo obliga a caminar con una muleta. Los manifestantes gritan y se arrojan arriba del cordón rectangular que lo protege. Uno intenta golpear la rodilla del presidente con un garrote. Su corbata celeste sigue desalineada y ahora está mojada por su sudor. Después de toser cinco veces por los gases y descomponerse, Correa llega al Hospital de la Policía y es internado. Afuera lo esperan los beneficiarios de ese servicio de salud.

Pensamientos del Presidente durante ese tiempo: “Un ministro no pudo persuadirlos, quieren cerrar el aeropuerto de Quito, tengo que esperar a los medios. La corbata, si la corbata, me tengo que poner esa corbata, si la celeste. Pásame la celeste, si esa, dame esa corbata, dale que se me hace tarde para aplicar un golpe de efecto. Hay que arengar al partido, a la gente. Si no logro que salgan a la calle pierdo legitimidad y terminó, como Guitierrez, Mahuad y Bucaram Si no dejo todo en este discurso, me voy. Si no puedo persuadir a los policías, que la población sepa que debe movilizarse para defenderme. El nudo, no me hice el nudo. Ahí está. Más fuerte entonces es más formal. Esta corbata hará historia…Uh cuantos son, uh cuantos son. Desde acá se nota más. Bueno dos o tres palabras con los cabecillas para conocer sus pedidos. Ah, estamos sonados. No saben nada de la Ley de Servicios Públicos. No se dan cuenta de que los bonos son una cortina de humo y que necesitan de una suba de salario. Alguien les da letra. Estos no protestan así porque sí. Voy hablarles, hacerles entrar en razón. Una par de palabras, hay que convencerlos. Dale, Rafael, aplica lo que aprendiste en todos estos años. Los interpelo por el bien de la democracia, para que no dejen que los delincuentes se aprovechen de la situación. No funciona. Siguen gritando. Ahí voy. Se van a la mierda. A quién quieren prepotear. Esto no es un juego. La camisa, la camisa, la corbata. Miren mi pecho, cagones. Tiren acá. Si acá. Si acá. No ven que no le dan los huevos, maricones. Que venga su patrón…La corbata, no la puedo aflojar. Ahora cómo salgo, cómo salgo, alguien que me explique cómo salgo de acá. El gas, uh mi pierna. La pierna me está matando. No paran de gritar. Al hospital. Uh agáchate. Si me escapo de ésta, no queda ni uno en su cargo. Al hospital no llego, no llego. Ah, que alivio. La corbata se la daré a uno de mis asistentes. No puede mancharse más con mi sudor. Tiene que quedar intacta. Llamen a los medios. Aquí hay alguien que les quiere hablar.”

Situación en el país: Un aeropuerto cerrado, varios saqueos en Guayaquil, centro de la oposición. Un ex presidente que exige elecciones anticipadas. Unas fuerzas Armadas que no responden a la provocación de la policía. Un presidente encerrado en un hospital donde comunica que hay claras intenciones de derrocarlo. Una cadena nacional que transmite la movilización de organizaciones y simpatizantes del Gobierno al centro de Quito. Un grupo de policías intenta tomar la Asamblea Nacional.

Manual del buen golpista: Cerrar las vías de comunicación más importante, controlar la información que difunden los medios, sitiar los lugares del Gobierno, crear un estado de anarquía y desmadre. En caso de que esto no funcione se debe asesinar a los principales cuadros políticos empezando por el presidente de la Nación.
Lugar en que se aprende esta modalidad: Escuela de las Américas. Uno de los coroneles que comandan la intentona cursó un par de años de aprendizaje militar en ese centro que enseñaba a los militares latinoamericanos a luchar contra “la subversión”.

Antecedentes más cercanos: Venezuela, Bolivia, Haití y Honduras.

Estado de la corbata celeste de Correa: Tirada a lo largo de una mesa de luz que se ubica en la lado izquierdo a la cama de Correa.

Cantidad de periodistas que cubren el hecho dentro y fuera del hospital: Veinte sin contar camarógrafos.

Cantidad de policías fuera del hospital: Unos 200.

Palabras con las que Correa incita al pueblo a salir a la calle: “De acá me sacan caminando o con los pies hacia adelante”.

Hechos que se destacan hasta el desenlace de esta historia: Un grupo de francotiradores le dispara al ministro del Interior de Ecuador. En su capacitación conocieron el estilo de Lee Wee Osvald pero esta vez fallan. En el canal estatal un par de puertas caen. Parece un allanamiento, según las imágenes que muestran. Como esas películas en las que uno ve detrás del héroe al asesino, una señora le comenta a su marido que el que lidera esa tropa de choque es un ex abogado de Lucio Gutiérrez. El jefe habla con los periodistas y dice que no puede ser que el único medio que informe sobre la “revuelta” sea oficialista. Pero, el señor, el esposo de la señora, que a su vez está en el living y que a su vez vio al asesino detrás del héroe, avisa que ahí aparece uno de los “buenos”. Las fuerzas armadas se ponen los pantalones y echan a los revoltosos. Antes dejan en claro quién manda. En otro lugar avanzan junto a miles de personas hacia el hospital donde está Correa. La corbata celeste se cae pero un colaborador la levanta. Se avecina su momento.

Contexto internacional: La Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) llama a una reunión de emergencia en Buenos Aires, Argentina, para repudiar al intento de golpe de Estado. La Unión Europea, Estados Unidos y todos los países de América Latina avisan que no reconocerán a otro gobierno que no sea el de Correa.

Personas que rodean al hospital: 200 policías, un número similar de soldados y mil manifestantes a favor de la democracia.

Reporte del canal estatal y Telesur: El escuadrón de rescate avanza junto a siete decenas de soldados y miles de manifestantes hacia el hospital. Una nube negra interpone a los policías en rebeldía y a los “rescatistas”, como en una lucha entre un ejército romano y una tribu de visigodos. Es decir una imagen moderna de lo que “El Gladiador” de Riddley Scott y Russel Crowe mostró para conseguir un Oscar. En vez de flechas, lanzas y espadas, acá lo que vuelan son disparos de fal y de 38 que retumban en el aire. Desde el hospital, los periodistas informan que adentro se escuchan los tiros dirigidos al centro sanitario. Están todos, incluso los agentes de seguridad de Correa, tirados boca abajo con la esperanza de que ninguno sea el mártir de la jornada. La única que se ubica por arriba de ellos es la corbata celeste que ve temerosa como llega su momento.

Pensamientos de Correa: Al fin recibí el apoyo de las Fuerzas Armadas. Hay que esperar para salir de aquí. Cuando salga agradeceré a los que salieron a la calle por mí, los uniformados que pusieron su cuerpo para salvarme y a los países que se solidarizaron conmigo. A lo Lucio Gutiérrez y al resto de la oposición les caeré encima. Lo primordial es dejar en claro que hoy más que nunca la revolución ciudadana sigue firme. Igual, nunca se está bien si se vuelve a discutir a tiros sobre el concepto de democracia. Nunca. Pero Nunca.

Salida de Correa hacia el Palacio de Gobierno: El grupo de escolta logra correr a tiros a los policías revoltosos. El equipo especial está equipados con guantes, rodilleras, cascos, chalecos anti balas y rifles. Caminan despacio pero sin freno hacia el hospital, mientras se cubren de las balas que vienen del lado en el que comenzaron su marcha. El bala por bala, parafraseando a Osvaldo Principi, es incesante. En la transmisión oficial alguien señala: “No hay muchas reivindicaciones salariales que culminen a los tiros”.

De a poco ingresan al hospital, mientras el grueso de los soldados y brigadistas continúan con el tiroteo. Antes de llegar al lugar donde está el presidente se cruzan a enfermeros, doctores, pacientes y a un escuadrón de policías que no se plegó al golpe. Al verlos, les ordenan poner las manos contra la cabeza y dejar sus armas. Nadie entiende nada hasta que se pincha el globo de confusión y entienden que ellos también están para defender al primer mandatario. Después ingresan a la sala donde está el jefe de las fuerzas armadas y ,de pronto, un pasillo al mejor estilo alfombra roja se abre. Más de diez agentes de seguridad tapan la salida en silla de ruedas de Correa. Una especie de capsula humana lo protege de los flashes y las balas perdidas, al igual que un casco, chaleco antibalas y una máscara anti gases lacrimógenos.

Su camioneta sale tan rápido que el olor a goma quemada se esparce por el aire, según los cronistas presentes. Sin embargo, cuatro balas alcanzan la parte delantera y trasera de la Toyota Hilux y a uno de los policías que cubre las ventanas. Cae muerto y rueda por la calle, acaba de pasar a la inmortalidad. En la plaza presidencial, miles de personas esperan el discurso de Correa.

Discurso de Correa post golpe de Estado en la plaza presidencial: “Hoy el presidente no ha renunciado como hicieron tantos otros cobardes. Cuando me exigían revocar la ley (de Servicio Público) para dejarme salir, le respondí que no perdieran el tiempo, porque o salía como presidente digno o salía como cadáver. Es un día triste”.

Estado final de la corbata celeste: Corbatas hay muchas. Pero son pocas las que son tan aceptadas desde la Revolución Francesa por tantos países alrededor del mundo. Por eso siempre que se pone en tela de juicio el color de una corbata sólo se resta. Por suerte para Ecuador esta vez la más votada dio el discurso triunfal y se mantuvo victoriosa, aunque por algunos minutos estuvo apartada en una mesa.