El escritor Félix Bruzzone, reconocido en el país y en el exterior como representante de la nueva narrativa argentina, destaca a la escritura como parte de su identidad

Por María Luján Torralba

“En la adolescencia mis relatos comenzaron a tener la propiedad de poder explicar cosas que de otra forma no podía. Tenía esa ilusión mística, la palabra escrita era sagrada”, recuerda el joven escritor que admite que, aún hoy con dos novelas, un libro de cuentos y decenas de relatos publicados en varios países, no se reconoce como un escritor profesional. Félix Bruzzone estudió Letras, fue maestro de escuela primaria y actualmente trabaja de limpiador de piscinas, oficio que lo inspiró para escribir su última novela Barrefondo.

Sencillo y humilde, Bruzzone es apreciado por sus contemporáneos como uno de los representantes de la nueva narrativa argentina. Además, fue el ganador del premio literario Anna Seghers 2010 en la Academia de las Artes de Berlín por su libro de cuentos 76, el mismo año que formó parte de la delegación oficial argentina en la Feria del Libro de Frankfurt. “Es una feria muy extraña porque es de la industria más que nada. Como escritor no es la gran cosa. Es muy lindo ir a Alemania, pero no fue nada demasiado satisfactorio, al revés, son pabellones y pabellones de libros y de stands, que son como un símbolo de la antiliteratura. Te dan menos ganas de escribir. De todos modos, la participación de Argentina tuvo muy buena acogida”, expresa el autor de Los Topos. Tanto esta novela como 76 plantean el tema de los hijos de desaparecidos en la última dictadura argentina y su búsqueda de la memoria, que es la propia historia del escritor.

“La única forma de aprender a escribir es ejerciendo”, admite Bruzzone, quien también coordina varios talleres de escritura y lectura. Como si tuviera tiempo libre, el escritor, que tiene como referente a Manuel Puig, es uno de los directores de Editorial Tamarisco. “La editorial no tiene ningún otro fin que publicar primeros libros de narrativa de escritores nuevos que nos gusten. Por lo general, la mitad de los escritores que publicaron por primera vez con nosotros luego crecieron y hoy ya tienen otra proyección, armaron un universo y una obra. La idea es mostrar cosas nuevas que nos parecen que pueden generar algo. Si seguimos en esta línea, nunca vamos a tener una ganancia económica, pero es una cuestión ideológica y de las circunstancias”, dice Bruzzone que, claramente, las letras en su vida son, nada más y nada menos, que una enorme satisfacción.

Revista Dínamo: Como miembro de una nueva narrativa argentina, ¿qué elementos considerás que los identifica?
Félix Bruzzone: A partir de cierto momento empecé a leer a mis contemporáneos y noté las diferencias y los matices entre mi escritura y los otros escritores de mi generación. Veo que hay muchos escritores y posibilidades de publicar. Hoy es más accesible publicar lo que uno hace por las nuevas editoriales y por los medios digitales. Es un momento bisagra en ese sentido. Por un lado, hay un montón de posibilidades de publicar en papel, con editoriales que se dedican muy puntillosamente a hacer libros muy lindos, muy cuidados, muy bien editados. Pero paralelamente hay todo un futuro con las nuevas tecnologías, que ni sabemos si con todas ellas la literatura va a seguir siendo lo que era.

RD: ¿Con qué criterio una historia es elegida para cuento o para novela?
FB: Se da un cuento cuando hay una situación bastante concreta que se agota rápidamente. Cuando esa situación empieza a tener otras relaciones, es el momento de elegir si se continúa y es una novela. Por ejemplo, tengo un cuento que es la historia de unos chicos que están en la playa con las abuelas y compran una revista pornográfica, esto genera tensiones entre los personajes y no hay mucho más. Pero con Los Topos me pasó que en una historia que iba a ser un cuento surgieron otras relaciones entre los personajes, otros lugares de acción, y se formó la novela.

RD: ¿Tenés una metodología de escritura?
FB: Es casi siempre tener una pequeña idea e ir avanzando sobre las líneas que vayan surgiendo. Siempre que me siento a escribir vuelvo a leer todo desde el principio para continuar. A veces las ideas son muy a futuro y otras, a corto plazo y el relato se termina ahí. Creo que cada cosa tiene que encajar en lo que va antes, sino no funciona.

RD: ¿En qué te inspirás? ¿Cómo surgen las ideas disparadoras?
FB: A veces de una situación, de un personaje, por lo general, siempre de la realidad, de las cosas que me pasan. Siempre las historias son autorreferneciales. No me puedo despegar de eso. Explicito en los textos cosas que yo conozco. Puede estar disfrazada esa realidad, pero la biografía es la fuente siempre.

RD: ¿Qué proyectos tenés?
FB: Estoy escribiendo una historia sobre Campo de Mayo, que seguro se cruce con la historia de unos amigos en la que estaba trabajando. Quiero ver qué sale de eso. Ahora estoy haciendo entrevistas a la gente del lugar, un trabajo de campo que nunca antes había hecho. Por otro lado, estoy con otro relato de una vieja que se está por morir y revisa toda su vida. Estoy haciendo varias cosas a la vez, no se qué va a pasar con eso, tal vez, no salga absolutamente nada. Tengo varias cosas, cuentos que murieron en el intento porque no les encuentro la vuelta. Es como el amor: está bueno mientras dura pero llega un momento que termina y, por más que insistas, van a quedar ahí.

Foto: Timo Berger