El reconocido historiador reivindicó su lucha por los pueblos originarios y su deseo de revocar el monumento a Roca del centro porteño. También hizo un balance del Gobierno nacional.

Por Agustina Ordoqui

Es una mañana lluviosa y el teléfono suena, el contestador responde. Osvaldo Bayer avanza por un pasillo estrecho del Tugurio, su casa, pequeño desorden con torres de libros y estanterías repletas. El día está horrible, el teléfono insiste. Bayer lo deja ser, otra vez el contestador responde. Son las 10 y la visita de Dínamo llega de improvista, pero con aviso. En lugar de un portazo, Bayer recibe con alegría y toma asiento. Conserva la sonrisa, la buena predisposición y la misma humildad a pesar de los años. Empieza la entrevista.

-Su lucha por los pueblos originarios es histórica, ¿cómo surgió su interés?
-Desde que empecé a estudiar la época de Roca y de la presidencia de Avellaneda, que leí comunicados que eran de un racismo atroz y de una crueldad increíble. Yo había estudiado los documentos de Mayo y de la Asamblea del Año XIII, que establecía la liberación de los esclavos, y la diferencia es total. Nunca se nos ha enseñado que Roca y Avellaneda restablecieron la esclavitud en Argentina.

-¿Con respecto a la Campaña del Desierto?
-No en forma oficial, pero se puede leer en cualquier diario cómo después de esa campaña se repartieron los prisioneros mediante avisos. “Hoy reparto de indios”, “a toda familia que lo requiera se le dará un indio varón como peón, una china como sirvienta, un chinito como mandadero”. Eso en Argentina, 66 años después de la Asamblea del Año XIII. Entonces, cada vez que pasaba frente al monumento a Roca, pensaba que era una vergüenza. Más aún cuando leí un estudio de la Universidad de Buenos Aires que decía que el 61 por ciento de los argentinos tiene sangre de pueblos originarios, a través del mestizo principalmente. Tener un monumento a este genocida es un insulto a la mayoría de la población.

-Usted propuso retirar ese monumento…
-Ese monumento no fue erigido por un gobierno democrático, sino durante la Década Infame, donde los gobiernos eran elegidos con el fraude patriótico. Pedí sacarlo con otros miembros de una comisión al intendente de Buenos Aires a través del Concejo Deliberante, ahora la Legislatura. Desde entonces, pido que se lo hagan a quien se lo merece: la Mujer Originaria, en cuyo vientre se gestó el criollo, el soldado de la Independencia.

-En su documental, Awka Liwen, rebelde amanecer, cuenta el otro lado de la historia, con un enfoque sobre el sufrimiento de los pueblos originarios desde hace siglos, ¿por qué decidió hacerlo?
-Es una de las cosas más importantes que pudimos hacer, un film para llegar a todos los sectores, que puede pasearse por todos lados. Es para difundir los valores de los pueblos originarios, el derecho a ser respetados en sus tierras, en su lenguaje y su cultura. Lo estrenamos en otras ciudades del Interior, con dificultades. Es para mostrar en colegios secundarios, casas culturales, universidades y aprovechamos el cine brindado por el INCAA. Nos costó mucho sacrificio ese film, que trae el debate sobre un tema fundamental de nuestro país.

-En Awka Liwen, también señala que la Patagonia, tras la Campaña del Desierto, fue repartida en pocas manos. Desde hace tiempo, defiende la necesidad de una reforma agraria en nuestro país para acabar con los latifundios. ¿Piensa que los proyectos que hay en el Congreso que prohíben la venta a los extranjeros puede ser un paso positivo en ese sentido
-Los latifundios son una verdadera injusticia. Es algo de la Edad Media y ningún presidente ha sido capaz de tocar el dominio de la tierra. Los grandes estancieros han ayudado o influido en los golpes militares. Es esencial, hay que hacerla. Hay que empujar desde la base para lograrla, impedir la concentración de 30 mil hectáreas, que es una gran extensión. La única reforma agraria que hubo acá fue natural porque los grandes estancieros de grandes familias eran muy católicos y tuvieron muchos hijos y nietos y se repartieron las tierras.

-¿Hay mayor conciencia sobre la situación de los pueblos originarios?
-Sí, lo estamos logrando poco a poco. Me acuerdo hace 10 años que éramos sólo dos cuando yo daba clases de Historia frente al monumento a Roca sobre su sadismo y el exterminio de los pueblos originarios y ahora son cientos y cientos. Además, soy invitado por todas las universidades del país, colegios secundarios, se me hacen reportajes en diarios y revistas sobre esta temática. Es muy distinto que hace 10 años, en esa época no se hablaba y no se reconocía ningún derecho. Pero hoy creo que vamos hacia una sociedad mucho más justa.

-¿Qué cambió desde entonces?
-Es la movilización de la gente que cree en la ética, que tiene un sentido de honradez con respecto a la vida. Esa gente está tomando noción, muchos de ellos desconocían los hechos o no lo tomaban como un tema fundamental.

-En el Congreso, hay una iniciativa de Reparación Histórica para los indígenas, ¿la vía legislativa es suficiente o necesaria para integrarlos a la sociedad?
-Es necesaria, es el camino legal, pero hay que movilizar los colegios de enseñanza, las universidades. Ahí está la clave, cambiar la historia que nos han enseñado.

-¿Cómo debería ser una vida digna para los pueblos originarios porque siempre está presente esa dicotomía entre mantener sus costumbres, darles educación bilingüe o brindarles medicina blanca?
-Cumplir con la constitución. La última reforma señala que hay que respetar las culturas de los pueblos originarios, darles educación bilingüe y respetar sus tierras comunitarias. Eso es todo: respeto a la vida de ellos, sus costumbres y su cultura. Y no quitarles las tierras porque no tienen títulos de propiedad porque ellos están desde hace años ahí. No se ha cumplido eso todavía, pero estamos dando pasos en ese sentido. Respetarlos en todos sus derechos y no hacerlos víctimas del racismo, que existe en nuestra sociedad de forma subjetiva. Todas esas diferencias crean violencias y en el fondo la Argentina es una sociedad violenta.

-¿Cuál es su opinión sobre las políticas sociales del Gobierno?
-Estoy de acuerdo con ciertas medidas que han sido muy positivas. Por ejemplo, se están juzgando a los militares por primera vez, algo que nunca antes se había hecho, y estos asesinos van a cárceles comunes. Los Kirchner tuvieron el coraje civil de poner fin a las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. También hay que reconocerles la Ley de Medios. Es una vergüenza que los gobiernos democráticos hayan respetado la ley de una dictadura militar.

-¿Apoya el proyecto que declara de interés público la producción de papel de diarios?
-Es democratizar la información porque está en poder de los grandes consorcios, Clarín y La Nación, que dominan toda la información, no sólo diarios de Capital, las más importantes radios y canales de televisión, sino también diarios, canales y radios del interior del país. Por lo menos, esto es un parate.

-¿Y cómo califica la iniciativa oficialista para repartir ganancias de las empresas entre los trabajadores?
-Es lo esencial de una democracia. Dar participaciones a los que hacen y movilizan el trabajo, no los que están en el sillón, que demuestra el egoísmo y la falta de noción de futuro. Las sociedades se tienen que democratizar cada vez más. No hay democracia con grandes diferencias sociales. Por eso, yo considero que no tenemos una democracia, porque no es poner el papelito en una cajita cada dos años. Es luchar por la sociedad democrática. No hay verdadera democracia si hay niños con hambre, mientras haya villas miserias o gente sin trabajo.