Revista Dínamo conversó con la abogada Verónica Ruiz acerca de los pros y grises de la nueva ley de adopción. Una tarea judicial y social a tener en cuenta


Por Federico Moretti
@fede_pmoretti

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El 1º de agosto del 2015, entró en vigencia la nueva ley de adopción. Con la reforma del Código Civil y Comercial, tiene como objetivo enfocarse en los derechos y ampliar las posibilidades de adopción, entre otras modificaciones. Pero detrás de cada reforma judicial se presentan algunas problemáticas que todavía deben resolverse, y una de ellas es de acelerar los trámites judiciales para adoptar.

Verónica Ruiz, abogada recibida de la Universidad de Lomas de Zamora y especialista en este tema, analizó para Revista Dinamo los principales puntos que los jueces deben tener en cuenta a partir de ahora para conceder el derecho de adopción a una familia, matrimonio o padres solteros. Sus testimonios coinciden también con su experiencia de vida: ella fue adoptada en el pueblo de Ranchillos, provincia de Tucumán, cuando solo tenía seis meses.

Revista Dínamo: ¿Pensás que la Ley de Adopción será por fin más permisiva con los casos de matrimonios igualitarios y padres solteros? Esta es una de las incógnitas que más pesa dentro de la sociedad.
Verónica Ruiz: Depende mucho de la implementación que hagan con la reforma del Código Civil. Cuando la gente reclama por justicia, muchas veces desconoce que la ley está pero no es aplicada, o su interpretación depende de la lectura del juez en cada caso. En la parte de la adopción, es todo cuestión burocrática. Desde la vieja ley, existen familias o personas que solicitan una adopción conjunta o monoparental esperando para adoptar y chicos que esperan para ser adoptados. También está la gente que cumplió con todos los requisitos, presentó los papeles en tiempo y forma -exámenes psicológicos o estudios socio ambientales-, pero que hasta el día de hoy no recibieron respuesta, lo cual produce un desgaste psíquico en el adoptante y el adoptado.

RD: ¿Se puede decir que las expectativas siguen siendo bajas aún?
VR: Lo que sucede con respecto a los temas que bien mencionaste, es que para cuando el expediente se terminó y la adopción es otorgada, los chicos fueron creciendo o en muchos casos la pareja adoptiva se disolvió o desistió. El juez es subjetivo muchas veces, algo que no debería ser. Ojalá se le de la oportunidad a parejas del mismo sexo y que haya una apertura mental por parte de los jueces. Para decirlo en términos criollos, el objetivo de la ley es que los chicos no crezcan amontonados en un instituto mientras los años pasan y las familias se cansaron de esperar.

RD: ¿Qué términos pensás que son tomados dentro de la adopción de menores por parte de los adoptantes?
VR: Se da todo por una cuestión de pre-conceptos, de comodidad. La gente ve a los bebés como el inicio de algo, que está listo para que le metas todos tus conocimientos, gustos e ideas. Lo hacen inconscientemente y el bebé es lo más fácil porque viene en blanco: no tiene recuerdos y está listo para que le inserten todo.

RD: Entonces a los otros chicos de no les quedan muchas oportunidades…
VR: Es muy difícil empezar de cero con una persona mayor porque ya poseen un principio de carácter. Cuesta el proceso de adaptación si el chico viene de un lugar adoptivo donde lo maltrataron. Quedan las secuelas y los padres adoptantes tienen que acompañar ese proceso. El padre adoptante tiene que saber que el niño carga con todo ese bagaje y darle su tiempo de adaptación y sanación, tanto física como emocionalmente.

RD: ¿Cómo definirías entonces el perfil de una persona adoptada que la sociedad argentina no puede ver?
VR: Siempre lo veo como alguien del que se espera agradecimiento. Al adoptado se le pide que se amolde al pacto familiar, porque si empieza a preguntar sobre su origen se toma que está cuestionando a una familia que le dio todo el amor del mundo. El adoptado muchas veces se traga todas sus preguntas porque tiene miedo de lastimar a todos en la familia y de traicionarlos. Es injusto porque hay muchas personas que han esperado años para buscar a sus verdaderos padres y no pudieron porque se sintieron reprimidos por la culpa. Lo primero que te dicen (en estos casos) dentro de la familia adoptiva es: “¿No te dimos acaso lo mejor?”, y es posible que hayas vivido muy bien y plenamente, pero hay una parte tuya que siempre va a estar inconclusa y que a muchos los impulsa a la búsqueda, simplemente porque todo ser humano necesita ser dueño de su historia.

La abogada Verónica Ruiz con sus padres adoptivos

La abogada Verónica Ruiz con sus padres adoptivos

Dueña de su propia historia

RD: ¿A qué edad supiste que fuiste adoptada?
VR: A los dos años y medio para los tres. Lo tomé como algo muy natural, la psicóloga le dijo a mi mamá que lo contara porque había algo que a mí no me cerraba. Cuando uno dice “no me cierra” es hacer preguntas de modo inconsciente, pero constante. Desde mi inocencia empecé a preguntarle a mi mamá cómo era yo en la panza y ese tipo de cosas, lo cual para ella fue una tortura psicológica. Sentía la culpa de mentirme y darse cuenta que a mí no me convencía lo que me decía.

RD: ¿Cómo vivieron tus padres el proceso? Debe haber sido estresante traerte desde Tucumán hasta Buenos Aires.
VR: Totalmente. Mi mamá descubrió que no podía tener hijos y cayó en una depresión. Al mismo tiempo, se enteró por una de las hermanas que había una mujer en Tucumán que estaba a punto de dar a luz, y por intermedio de una tía se pusieron en contacto y arreglaron que mi madre pudiera adoptarme. Todo iba bien pero cuando estaba a punto de nacer, mi mamá se enteró que mi madre biológica no quería darme en adopción porque se había reconciliado con mi padre biológico. Mi mamá estaba muy triste y cuando creyó que se había desahuciado, mi padre biológico desapareció de nuevo y mi madre biológica volvió a decir que sí a todo el asunto. Sin saberlo, mi mamá viajó a Tucumán para despejarse unos días y ahí se encontró con una de las hermanas que le dijo: “Estoy muy feliz por vos, te mandé una carta para avisarte que la bebé ya nació y que decidieron darla en adopción». Mi mamá le envió un telegrama a mi papá para avisarle lo que había pasado y que me estaba llevando a Buenos Aires a pesar de todo lo que había sucedido.

RD: Al recibirte como abogada, ¿Pensaste en buscar a tus padres biológicos?
VR: Al no tener traumas con que fui adoptada, no lo tomé como una bandera de lucha, pero estoy interiorizada en el tema y me gustaría que se respeten los derechos de los adoptados y sean mas escuchados, porque las historias siempre se ven y se cuentan más desde el punto de vista de los adoptantes. Siempre siento que el adoptado tiene una especie de carga que es, lo que fue y lo que pudo haber sido, y una eterna culpa. Sé por nombre y apellido quienes son mis padres biológicos, pero nunca decidí buscarlos. Puedo llegar a tener intriga de cómo son, pero estaría abriendo un portal hacia la nada. Si tuvierarecuerdos de mi anterior familia capaz sí, pero no es mi caso. El sentido de pertenencia lo tengo con mis papás adoptivos ¿Para qué cargar con otra historia si esta es la mía? Es como la caja de Pandora: vos la abrís y no sabés las consecuencias que eso trae.