Con el lenguaje del teatro, las artes plásticas y la danza, Cinthia interminable reflexiona sobre la autoridad con un modelo de familia tipo salido del eje. Sus directores, Juan Coulasso y Jazmín Titiunik, responden sobre los mecanismos de una obra urdida en la repetición y el talante onírico.

Por Gabriela Koolen

Cinthia interminable II

Seleccionada para participar en la próxima edición de FIBA en septiembre, Cinthia interminable es un paseo por la mente de cuatro de extraños personajes en un modelo de familia tipo distorsionada.

La familia de Cinthia interminable está forjada en un tiempo y un terreno indefinidos, atravesada por fantasías, deseos y represiones, magmas del ser humano amplificados en la puesta por un ambiente siniestro.

Creada por siete jóvenes artistas de diversas disciplinas (sus integrantes provienen de la danza, el cine, la música y las artes plásticas, entre otras), la obra se suspende en un ambiente onírico, en donde la repetición, potenciada por la oscuridad, juegan un papel aparte. “La hibridación de los lenguaje del teatro y la danza surgen para dar cuenta de la particularidad de este universo”, dice la directora Jazmín Titiunik.

Juan Coulasso, su socio detrás de escena, ofrece su mirada. “La obra está construida en un lenguaje ficcional puro. A veces presenta elementos oníricos como ciertos desplazamientos, excesos o condensaciones más propias de un lenguaje poético que de uno realista. Cinthia interminable se acerca más al sistema narrativo de un sueño que al de una obra de teatro con una dramaturgia más lineal o argumental. No cuenta una historia, no hay un inicio, un desarrollo ni un final claro, los personajes no recorren un argumento que sea tangible para el espectador, sino más bien exponen un estado de la situación de la familia tipo norteamericana, atravesando a lo largo del devenir de la obra diferentes climas y micro situaciones que los modifican y transforman», – aclara – «Pero creemos que hay una unidad narrativa entre todos estos elementos, una cohesión y una lógica. Quizás lo más claro para el espectador sea la observación del transcurrir de una familia que podría ser cualquier familia, en cualquier época, en cualquier casa, en cualquier país. Pero es su transcurrir inevitable lo que observa, y no una historia particular entre los miembros, no un drama singular, sino más bien un drama universal que trasciende a cualquier familia particular.»

Revista Dínamo: ¿Qué es lo interminable en Cinthia?

Juan Coulasso: La narrativa cíclica que comienza una y otra vez, en estrecha relación con el carácter repetitivo de la estructura familiar y sus lazos. Aquello que es interminable son estos vínculos y sus características. El sujeto está inscripto en ellas. De allí que el modo que elegimos para hablar de esto sea una estructura que circularmente comienza y recomienza cada vez, atrapando al sujeto dentro.

RD: La obra no reniega mezclar disciplinas, ¿cuánto demandó esa fusión?

Jazmín Titiunik: Acá el proceso creativo fue arduo. Es cierto que el universo de la obra, las características del material, la cualidad más esencial de sus personajes se configuró muy rápido. Esto permitió conducir con claridad las líneas que aparecían, establecer su cohesión y coherencia, pero al mismo tiempo comenzó a reducir las posibilidades de construcción. El camino era claro aunque muy angosto. Escenas enteras, ampliaciones, desarrollos, progresiones construidos quedaban al poco tiempo descartados. Si bien se acercaban al material, pasado un tiempo descubríamos que no pertenecían a la obra completamente. Entonces abandonábamos y comenzábamos de nuevo, casi interminablemente. La obra pretendió no integrar lenguajes como un objetivo en sí mismo, sino que esto fue algo particular de la conformación del grupo y de las características del material. Los intérpretes provenientes de áreas diversas y la pregunta por la construcción del relato más allá de la textualidad, el cuerpo y sus derivaciones como posibilidad de narrativa, significó una configuración de lenguajes. Pero esto no fue algo buscado sino el resultado de una investigación que surgió de la necesidad de desplegar este universo familiar. Personalmente fue muy interesante verme en la tarea de integrar las herramientas que tenía desde lo coreográfico, desde los elementos concretos del espacio y del tiempo, para encontrar el despliegue de un relato, el volumen de la obra, reducir al mínimo para permitir que apareciera lo que esos cuerpos en tanto signos podían contar.

JC: El lenguaje que investigamos durante la creación de Cinthia… se instala entre las fronteras del teatro y la danza. Un director de teatro con un fuerte contenido físico, una coreógrafa, tres actores y una bailarina son elementos que contribuyeron desde un primer momento a darle forma a la particular hibridación que propone la obra. Probablemente el mayor reto para los actores durante el proceso creativo haya sido transitar la extremadamente rígida partitura coreográfica que fuimos imponiéndole al material. El desafío fue poder habitar sensiblemente esto, permitiendo que sus cuerpos y sus afectos estén abiertos a la acumulación y a la progresión que genera el tiempo presente del ensayo, se comuniquen con los otros cuerpos, pero sin que la estructura visible de la partitura se vea alterada. Esta peculiaridad no hubiera existido si la investigación no hubiera cruzado la danza con el teatro. No es tan común que las partituras de las obras teatrales tengan este nivel de rigidez y precisión, ni que este nivel de rigidez termine construyendo un sentido. Cinthia habla de las figuras de autoridad, de la mitología e instituciones familiares, del deber ser. Parte de este contenido está traducido al aspecto formal de la obra. Es como si la forma del trabajo hiciera espejo de su contenido: la obra está hecha con la misma materia de la que habla. Cinthia… no está sostenida por la palabra y durante largos trayectos, los actores deben permanecer inmóviles y a la vez muy cargados emocionalmente. Por esta razón ensayamos dos años, a través de un riguroso entrenamiento psicofísico que les permitió a los actores llegar a estos niveles de interpretación.

RD: ¿Cómo formaron el equipo?

JT: El trabajo en grupo es un desafío en sí mismo y a la vez el aspecto más gratificante del proceso creativo. Elegimos trabajar desde la creación colectiva con los intérpretes, el intercambio y la puesta en común con el iluminador Mariano Arrigoni, el director de arte Ezequiel Galeano y el asistente de dirección Gulliver Markert. Asimismo, el hecho particularísimo de ser dos directores y no morir en el intento lleva a la revisión de ideas, abre nuevas perspectivas, multiplica las posibilidades, pone en distancia ciertas decisiones. También requiere una paciencia y una confianza en la construcción, un equilibrio entre la inmediatez de lo individual y el tiempo real de lo grupal. La tarea de aprender a estar con los otros que me atraviesa desde la docencia hasta los espacios creativos, conlleva un trabajo de mucha reflexión y perseverancia, abre muchas preguntas e implica un gran aprendizaje.

Cinthia interminable
Con Eric Mandarina, Germán Botvinik, Juan Fernández Gebauer y Marysol Benítez. Dirección: Jazmín Titiunik y Juan Coulasso.
Teatro Beckett: Guardia Vieja 3556, Ciudad de Buenos Aires.
Funciones: viernes de julio a las 23.
Entradas: $100. Promoción: 2 x $150.
En Facebook: Cinthia interminable.