La directora salteña Bárbara Sarasola-Day estrena su ópera prima, Deshora, una película en la que el deseo y la intimidad de sus personajes llenan el ambiente de tensión. En esta entrevista, la directora cuenta el origen de Deshora y los temas que le interesan. También da su opinión sobre la producción de cine en las provincias argentinas y adelanta su próximo proyecto.

Por Paula Núñez
@paununez

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Deshora, de la salteña Bárbara Sarasola Day llega a los cines de Buenos Aires el 6 de febrero, justo cuando inicia la 64° edición del Festival de Cine de Berlín. La efeméride le da un tinte más de color al evento porque el estreno mundial de esta ópera prima fue el año pasado en este mismo Festival, mientras que en la edición que comienza hoy se da un hito destacable: en la Competencia Oficial se presentan dos títulos argentinos, Historia del miedo, de Benjamín Naishtat, y La tercera orilla, de Celina Murga.

En Deshora un matrimonio desgastado recibe por imposición -aunque aceptado con amabilidad por ser un familiar- la visita de Joaquín. Él, un joven en recuperación por abuso de drogas, en realidad no va de visita, sino que está también obligado a ir a la casa de sus parientes, en pleno campo salteño. De esta forma, los tres comparten la casa. De forma muy sutil y progresiva, irán avanzando sobre la intimidad del otro, haciendo cada vez más palpable un deseo triangulado lleno de tensión e inestabilidad.

Revista Dínamo: ¿Cómo surgió la idea de la película?

Bárbara Sarasola-Day: Surgió de varias inquietudes que siempre tuve en cuanto a temas como la intimidad y el deseo. Y por otro lado, temas que, por ahí, me hacían un poco más de ruido del contexto en el que crecí. Un poco esto de los mandatos en una sociedad patriarcal como la nuestra, el machismo. Pero básicamente, de cuestiones que tenían que ver con la intimidad y la relación que tenemos con el deseo y con el otro. Para hablar de la intimidad había que acercarse mucho. Intimidad y deseo te demandan un acercamiento a los personajes al cuerpo, a lo físico, a espacios, son casi microfísicos. Eso para una primera película era un desafío grande porque es sobre personajes, está muy sostenida en las actuaciones, en los matices, en los estados de ánimo.

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Bárbara Sarasola-Day (Crédito)

RD: En otras entrevistas, dijiste que elegiste el campo como escenario únicamente porque es un entorno que te es familiar.

BSD: Sí, es un entorno que conozco. No tenía que poner atención tanto en si es verosímil o no el contexto que estoy reproduciendo en la película. No hay una mirada de exotismo, porque no me interesa el exotismo ni nada por el estilo. En relación con el espacio, con el contexto, sí me parece que está más en primera persona. Yo quería tener ese alivio, sentirme segura por lo menos en una primera película que me iba a exigir tanto de lo otro.

RD: En la película hay una incomodidad constante entre los personajes, que se acentúa por el hecho de que viven todos en la misma casa y se hace imposible de evitar y que es clarísima a través de la construcción de la tensión. ¿Concebiste la película como una de suspenso?

BSD: No intencionalmente. Pero sí me pasó que en el rodaje la podía llevar para ese lado. Y creo que me divierte y me interesa. En realidad, yo lo que no quería era explicitar. Es casi una cuestión de respeto. A mí me pasa mucho como espectadora que me embola una película que no te deja un margen para decidir sobre lo que estás viendo, o que te refuerzan la idea para que no vayas a pensar otra cosa de la que te están mostrando. A mí me gusta hacer el ejercicio, no sólo de calentar la silla, sino de encontrar un significado más mío de lo que estoy viendo. La gente es inteligente, no hay porqué ir forzando nada. En todo caso, también puede elegir. Creo que esa economía de información también genera más este primer gesto de querer llevarlo al suspenso.

RD: Fuiste cambiando el guión sobre la marcha…

BSD: El aprendizaje de mi primera película es que uno puede tener un guión divino, pero la película se hace con un montón de otra gente. Me parece que uno tiene que estar abierto a que se transforme en otra cosa, porque se va a transformar en otra cosa. Nunca es lo que se sueña. El que diga que es lo que soñaba para mí que está un poco verseando. Todo puede cambiar en cada segundo. Yo escribí el guión, además de dirigir. Entonces si uno no se abre a escuchar a los compañeros que eligió para hacer la película y a prestar atención, es demasiado para uno. Para mí fue un gran aprendizaje que en la instancia de rodaje haya un montón de cosas que puedan transformarse y puedan llegar a lugares mucho más interesantes de lo que uno se imaginó. Eso a mí me pasó muchísimo sobre todo con los actores. También pasa, uno escribe su personaje, cree que lo conoce, pero en realidad lo que el actor hace es apropiarse de ese personaje, darle un cuerpo, una voz, una gestualidad, y al final terminan teniendo una compresión del personaje por ahí mucho más interesante o mucho más profunda de lo que uno tiene.

RD: ¿Hubo algún trabajo especial con los actores?

BSD: Sí, hubo mucho trabajo con los actores, son muy talentosos. Es una relación humana, una relación que hay que construir, sobre todo de confianza, porque uno puede imaginar, escribir, todo, pero el que tiene que poner la cara y el cuerpo es el actor. Entonces me parece que es importante poder comunicarse bien, pero sobre todo construir una relación de confianza. Hubo trabajo de ensayo pero también hubo trabajo de saber quiénes éramos. Digamos, yo los llamé no había nada qué probar, son gente re talentosa. El tema es generar ese vínculo en el que uno pueda ser sincero. Porque van muy a ciegas, muy a tientas los actores a veces. Entonces es como no dejar que salten al vacío.

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Cine fuera de Buenos Aires

RD: Como realizadora de Salta, ¿cómo ves la producción audiovisual en las provincias, fuera de Buenos Aires?

BSD: Se está dando un proceso interesante. De cine argentino, hay un montón que se ha filmado fuera de Buenos Aires. El nuevo cine argentino está lleno de directores de las provincias también. Lucrecia Martel, de Salta; Celina Murga, de Entre Ríos; Santiago Loza, de Córdoba. Hay un montón que son de las provincias y que se han formado en Buenos Aires, como yo, y que hicieron su película con todo el equipo porteño, y por ahí sí incluyendo alguna gente de sus provincias. Lo que me parece interesante ahora es que hay muchas cosas que se están haciendo sin pasar por Buenos Aires. Hay un proceso de descentralización, en gran parte de los proveedores. En Salta están las de Lucrecia; yo fui asistente de dirección de Daniela Seggiaro (Nosilatiaj, la belleza) y su película fue así, ella viviendo en Salta, con mucho equipo salteño y actores de Buenos Aires. Lo que está pasando con el cine cordobés, ¡ni pasan por Buenos Aires! O por ahí, para el laboratorio sí tienen que ampliar o para el DCP, o Ventana Sur o proyecciones internacionales. La película de los tucumanos Ezequiel Raduzky y Agustín Toscano, Los dueños, trabajan actores casi todos tucumanos, hay un salteño. Están Fernando Silva, Rosario Bléfari, después se llevaron director de arte y sonidista, pero había bastante equipo tucumano. Empieza a pasar un poco eso.
Creo que lo que fue y es de gran ayuda es la televisión digital, las series, porque eso generó una descentralización de creación de ficción, documental. Muchos que vivían en Buenos Aires tuvieron la posibilidad de volverse a su provincia. Porque antes si querías hacer algo audiovisual era estar en Buenos Aires o no existías. Y la vuelta de esa gente también genera, por ahí también, que los avisos publicitarios locales dejen de ser escritos por la sobrina que es talentosa y ahora contraten a una productora. Empieza a haber una profesionalización también.

RD: Deshora llega a Buenos Aires antes que a Salta, ¿no?

BSD: Sí. El tema de la exhibición es difícil. Nosotros hicimos con Daniela Seggiaro un evento en noviembre y diciembre que se llamaba Plataforma Audiovisual Salta. La idea era poner en valor toda la producción audiovisual de Salta de los últimos 15 años. Porque nos encontramos con que había películas de Lucrecia Martel, de Rodrigo Moscoso, de Daniela Seggiaro, la mía, o de Rolando Pardo, que fue director de la escuela de San Antonio de los Baños, en Cuba. Había muchas cosas, cortometrajes, videoclips, de todo, un montón de documentales y work in progress. Y a la hora de hacer este mega evento, que habíamos ganado el Fondo Ciudadano de Salta, que teníamos el apoyo de Martel y de los directores de Los Dueños, no conseguíamos dónde pasar las películas. Para poder pasar La ciénaga, La niña santa, Modelo 73, no conseguíamos salas. En un evento que iba a ser importante, al final terminamos armando un living en el Museo de Arte Contemporáneo y el que quería ver esas películas le tenía que pedir al guardia el DVD. Me parece que hay que empezar a inventar nuevas alternativas de exhibir.

RD: ¿Tenés algún nuevo proyecto en mente?

BSD: Sí, estoy trabajando en un guión que transcurre en la frontera, algo que me fascina. Estoy escribiendo, en etapa de guión. Deshora me llevó mucho tiempo y en ciertos impases he tenido manera de avanzar y hacer otras cosas. Va a ser más de suspenso, más cerca del thriller, me quiero ir un poco más para ese lado, de género.

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Deshora, de Bárbara Sarasola Day
Elenco: Luis Ziembrowski, Alejandro Buitrago y María Ucedo
Estreno: 6 de febrero
Salas: -Gaumont, Av. Rivadavia 1635. Todos los días a las 12:45, 16:30 y 20:15
-Cosmos, Av. Corrientes 2048. Jueves a domingo 21:30

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