La arquitectura sustentable es la última tendencia que combina conciencia ambiental y responsabilidad social. Eco Pampa Hostel en Palermo es un ejemplo del nuevo compromiso ecológico.

Por María Luján Torralba

Mientras que, por un lado, el desarrollo de la tecnología logra que un auto volador haga su primer viaje este año y demuestre que definitivamente el futuro que imaginaba Ridley Scott en el film Blade Runner es hoy, por otro, existe una tendencia ecológica que promueve el uso de materiales orgánicos y formas de suministro de energía similares a técnicas milenarias.

En el último tiempo se ha difundido el término “arquitectura sustentable”, pero ¿qué es la sustentabilidad? De una manera sencilla se podría decir que significa aprovechar los recursos y minimizar los daños para satisfacer las necesidades actuales y las de las generaciones futuras. Aplicado a la arquitectura, la sustentabilidad puede desempeñarse desde lo ambiental, económico y lo social, es decir, el comercio justo y el respeto por los derechos humanos. A esta disciplina se le suman la bioarquitectura, la permacultura y otras ramas del diseño que contribuyen a crear un ambiente saludable que ayude a vivir mejor como personas, con la naturaleza y en sociedad.

El arquitecto Jorge Lema, presidente de la Subcomisión de Vivienda y Hábitat en la Sociedad Central de Arquitectos y secretario de la Asociación Ecologista Nueva Tierra, explica: “La casa inteligente está buena pero hay que trabajar con elementos que no sean electropolucionantes. La electricidad y otros materiales hacen que la energía no se pueda ir del lugar. La energía chí, que es la de la casa, tiene que fluir, porque si no la persona se desarmoniza internamente. Ahora se está trabajando mucho con materiales biológicos y con la recuperación de energías. Lo que se viene como futuro es volver al pasado”. El arquitecto agrega que no sólo es importante mantener la armonía con la naturaleza sino que también es importante el clima que uno le da al lugar donde vive. Asegura que el orden, la música que a uno lo tranquiliza y las imágenes y colores favoritos hacen casas más sanas.

En el mundo, esta tendencia está creciendo y comprende desde concursos de ecodeco, institutos públicos, como la Academia de Ciencias de California, en San Francisco, hasta restauraciones de construcciones históricas, como el Moulin Rouge en París.

En Argentina, también crece este movimiento y se pueden encontrar tanto edificios realizados bajo normas ecológicas, por ejemplo el de GreenPeace en Capital, como barrios enteros con casas sustentables, como Taxodium en Pilar. En Palermo, funciona Eco Pampa Hostel, un espacio que cumple fielmente con la regla de las tres R -reciclar, reducir, reusar- y lleva a cabo todas las herramientas para cumplir con las responsabilidades ambientales y sociales.

La edificación del hostel solía ser un teatro, pero no sólo se recicló la infraestructura sino que también se utilizaron los tablones del escenario para hacer las mesas y las sillas, así como las lámparas y los espejos que estaban allí, hoy son parte de la decoración de Eco Pampa. Como sus creadores no dejaron de lado el diseño, si bien la mayoría de los muebles fueron comprados en remates, las banquetas del lobby fueron retapizadas con antiguas publicidades de lona, y las mesitas de luz y los bancos de los pasillos fueron intervenidos por el artista Marcelo Soares Leguineche. En el caso de los electrodomésticos, son nuevos pero ecológicos, las computadoras son antisonoras y con pantalla de led, y los aire acondicionados y las heladeras son A según el cuadro de eficiencia energética, es decir, la relación entre la energía producida y la consumida es óptima.

Quien se hospede en el hostel recibe el “Manual de huésped” con datos de la vida cotidiana para cuidar el medio ambiente. “Hay que empezar con cosas chicas, no hay que pensar tan en macro. Por ejemplo, hay que intentar de no dejar la canilla abierta, después te acostumbras y se te hace normal. Yo hace cinco años atrás no lo hacía, hoy lo hago y ya no lo pienso. Nuestro concepto es que las personas se lleven algo de acá, un consejo que puedan aplicar en su casa, si una persona de las miles que pasan lo cumple, para nosotros, ya es un éxito”, asegura Pablo Gueilburt, dueño de Eco Pampa.

En la cocina y en el inbar, el bar que funciona dentro del hostel, se separan todos los residuos según cartón, plástico, comida y vidrio en bolsas de arpillera. Luego, son recolectados por la Cooperativa El Ceibo. Gueilburt explica que no les cobra porque pertenece a una red de turismo responsable que no sólo tiene que ver con lo ecológico sino también con el cuidado del personal y el trabajo cooperativo.

Pablo Gueilburt y sus socios cuidaron todos los detalles para que su emprendimiento sea cien por ciento ecológico. Por ejemplo, todas las canillas tienen flor que al expandir el agua se ahorra un 40 por ciento, el tanque del inodoro tiene doble descarga según la cantidad de agua que se necesite, las sábanas son crudo, el color natural de la tela, porque las blancas deben sufrir un proceso contaminante con toxinas y lavandinas para blanquearlas, un panel solar alimenta la luz de la terraza y los cuarzos del patio interior, recuperan el agua de lluvia para la limpieza de pisos y riego, tienen colectores solares que calientan el agua que en verano reduce el 70 por ciento del uso de los termotanques, hay una huerta que es utilizada por los huéspedes y por el bar, las aberturas de las habitaciones fueron hechas para que entre la mayor cantidad de luz, entre otras cosas.

Si bien construir una vivienda, taller, institución o fábrica con suministro de energía ecológica no es barato, el arquitecto Lema considera que la falta de desarrollo de este tipo de edificaciones es una cuestión cultural y no económica ya que en muchos pueblos de las provincias se manejan con paneles y energías sustentables como el Pueblo Solar Andino en Jujuy. Sin embargo, en las grandes ciudades, no se preocupan por cuidar la electricidad, el gas y el agua porque es accesible y barato.

Actualmente, Lema dirige el Proyecto Probivis, que es un prototipo de vivienda bioclimática de interés social desarrollado en las escuelas técnicas de Buenos Aires donde él trabaja. “Es una vivienda muy económica para barrios carenciados que funciona con energías alternativas como la eólica, y que aprovecha los recursos como la recolección del agua de lluvia para el botón del baño. Además, cuenta con un biodigestor que produce gas con la basura orgánica y con ese gas se puede calentar una comida. También, tiene calefones solares que se sacan todos los días afuera, y luego, según cuánto se calentaron, con esa agua se pueden duchar. La idea es que este año se construya el primer prototipo y la gente luego lo reproduzca. De todas maneras, siempre igual hay que tener la alternativa del tanque de agua y la luz común para los días nublados o cuando no funciona el otro sistema”, dice Lema.

La arquitectura tiene que ver con las épocas, con cómo se vive, los estilos de vida y las fuerzas de poder. Actualmente, el consumismo obliga a las personas a vivir en una sociedad material y descartable, sin embargo, la sustentabilidad busca elementos y técnicas ancestrales con herramientas modernas para vivir en armonía con uno mismo y con el resto del mundo.