La Casualidad supo ser fuente de trabajo de cientos de campesinos de la puna salteña, hasta que la política de desindustrialización llevada a cabo por la dictadura cargó contra ella. El documentalista Federico Dada rompe el silencio que ocultó por años esta historia

Por Agustina Ordoqui
@agusinha

Es 1979. Corre plena dictadura. Desaparecidos, miedo, desconcierto. Un gobierno militar, dispuesto a acallar a quien sea necesario, da las órdenes. Una cúpula de poder decidida a cambiar los planos de la historia reciente -para mal- las ejecuta.

El norte del país no está exento de la crueldad de la época. La gente de un pequeño pueblito salteño se topa con una triste noticia: la planta minera La Casualidad será cerrada. Cientos se quedarían sin trabajo.

El cineasta Federico Dada quiso indagar sobre esa historia, que llegó a sus oídos como quien escucha un secreto a voces: “Sobre La Casualidad existió un manto de olvido. Ese silencio histórico y las causas del cierre fueron lo que me impulsó a contarlo, porque además esta historia es una fotografía ampliada de las consecuencias del plan económico que aplicó José Alfredo Martínez de Hoz entre 1976 y 1981 sobre miles de argentinos”.

Dada trabajó entonces en la investigación, guión y dirección del documental El Silencio, que se alzó como de los Concursos Federales del INCAA y Televisión Digital Abierta y que se emitirá en la pantalla del Canal Encuentro.

En su trabajo, que reconstruye los hechos de la clausura de la mina, recuerda el proceso de desindustrialización que sufrió Argentina en aquellos años y lamenta que, donde se emplazaba esa planta, hoy sólo haya “tierra arrasada”.

Antes

Revista Dínamo: ¿Por qué decidiste hacer el documental El Silencio sobre la historia de La Casualidad?
Federico Dada: Desde hace mucho tiempo que conozco la historia de La Casualidad, una planta minera con su mina y un pueblo en la puna salteña cerrada durante la dictadura en 1979. Alrededor de La Casualidad y su cierre, existió un manto de olvido, como un exilio de la memoria colectiva. Ese silencio histórico sobre La Casualidad fue lo que me impulsó a contar esta historia.

RD: ¿Cómo se produce el cierre de La Casualidad?

FD: En el plan económico que anuncia la dictadura militar el 2 de abril de 1976, están las causas decisivas del cierre, no solo de la Casualidad, sino de cientos de empresas en el país. Hubo un proceso muy fuerte de desindustrialización, se cerraron y despojaron más de 600 empresas, se incrementaron las importaciones y se destruyeron miles de puestos de trabajo. La Casualidad es apenas una dura muestra, un testigo mudo y contundente, de cómo se llevó a cabo el desguace de los sectores productivos durante esos años.

RD: ¿Cuál es la realidad hoy en día de ese pueblo?

FD: Actualmente es todo tierra arrasada. Solo quedaron en pie restos de enormes estructuras de lo que fue la planta industrial, y un pueblo fantasma con sus casas destruidas por el paso del tiempo y los saqueadores. La mina Julia, que se asienta sobre la cordillera, y la estación de trenes Caipe, ambas en la zona de La Casualidad, que eran parte de todo ese complejo donde trabajaron hasta 3 mil personas, son también ruinas entre las montañas. Es muy triste llegar a esos lugares tan inhóspitos y adversos, a más de 4000 y 5000 metros de altitud, y encontrar casas, edificios, talleres, todos abandonados. Dicen mucho de un capítulo negro de nuestra historia.

RD: ¿Cómo fue el trabajo de campo del documental?
FD: Aunque sepas qué querés contar, de la idea a llevarla a cabo, hay un trecho largo. Pero en este proyecto esa distancia es mayor, porque las locaciones necesarias para contar la historia estaban a más de 500 kilómetros de la capital de Salta, por caminos muy difíciles, que solo se los puede hacer en verano. El Estado nacional, con el INCAA y TDA a la cabeza, nos dieron la posibilidad para hacerlo, de otro modo hubiera sido imposible. En la primera etapa del rodaje trabajamos a 4200 metros de altitud en el antiguo campamento La Casualidad, y en las viejas instalaciones de mina Julia llegamos a filmar a 5230 metros de altura. Y luego trabajamos en Salta. Llegamos al rodaje luego de casi un año de investigación. En la tradición de Heródoto, el viajero que llega lugares desconocidos es un narrador necesario de la historia que allí sucede. Y si ésta ha sido silenciada o si el paso del tiempo la olvidó, es necesario ponerla a la luz, alumbrar lo que oscurecen las sombras de la memoria y del tiempo.

Después

Más información y crédito fotos: blog de El Silencio