{"id":8542,"date":"2020-11-01T20:23:36","date_gmt":"2020-11-01T20:23:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistadinamo.com\/?p=8542"},"modified":"2020-12-09T18:52:39","modified_gmt":"2020-12-09T18:52:39","slug":"de-denver-a-san-francisco-de-kerouac-y-ginsberg-a-thompson-y-wolfe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/?p=8542","title":{"rendered":"De Denver a San Francisco, de Kerouac y Ginsberg a Thompson y Wolfe"},"content":{"rendered":"\n<p>Un recuerdo de los sue\u00f1os de la generaci\u00f3n Beatnik de los tempranos a\u00f1os 50, de los ideales de los escritores de los 60 y de una tarde fr\u00eda de enero pensando en esos d\u00edas que no lograron ser<!--more-->.<\/p>\n\n\n\n<p>Por Ignacio Hutin<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"682\" src=\"http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/MG_4783-copia-1024x682.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8543\" srcset=\"https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/MG_4783-copia-1024x682.jpg 1024w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/MG_4783-copia-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/MG_4783-copia-768x511.jpg 768w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/MG_4783-copia-1536x1023.jpg 1536w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/MG_4783-copia-2048x1364.jpg 2048w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>15 de enero. 17:42.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Denver. M\u00e1s precisamente, la esquina de 16th Mall y California, frente a la parada del tranv\u00eda. Est\u00e1 oscuro, nieva. No hay gente en la calle, pero eso no es necesariamente malo, en realidad me gusta. A\u00fan hay luces de navidad que se reflejan en el hielo, hay monta\u00f1as oscuras al final del camino, un r\u00edo, alg\u00fan bar al que no me permiten entrar porque no tengo 21 a\u00f1os y jazz de fondo, pero jazz snob, como de Palermo, suave y aburrido. Todav\u00eda tengo un pelo largo que lucha infructuosamente contra la calvicie. Dejo de escribir en mi diario y lo cambio por el libro que compr\u00e9 para llegar hasta aqu\u00ed, un libro que habla de esta ciudad. Tambi\u00e9n de muchas otras. Y de un recorrido, de un viaje como el m\u00edo, atravesando una tierra a\u00fan sumergida en el \u00e9xtasis de la victoria b\u00e9lica. En las p\u00e1ginas faltan demasiados a\u00f1os para Martin Luther King, para Malcolm X, para Woodstock, el LSD, Vietnam y para que el \u00e9xtasis de la victoria se esfume en la derrota m\u00e1s rid\u00edcula en Saig\u00f3n. Falta much\u00edsimo. Ah\u00ed est\u00e1 Jack Kerouac, viajando a dedo en un pa\u00eds en el que todav\u00eda es legal viajar a dedo y en donde los precios resultan descabellados vistos desde el hoy, d\u00e9cadas de inflaci\u00f3n m\u00e1s tarde. El mundo es muy distinto. Estados Unidos (de Am\u00e9rica) es muy distinto.<\/p>\n\n\n\n<p>Los tempranos a\u00f1os 50 son bonanza econ\u00f3mica, baby boomers y planes Marshall, la imagen tibia de familias blancas, felices con sus perros y coches relucientes en la vereda. Pero, \u00bfqu\u00e9 hay debajo de la publicidad pl\u00e1stica de esos a\u00f1os? Un universo oscuro habitado por personajes coloridos. El arco\u00edris que no lleva a una olla de oro ni a ning\u00fan lado. Eso es <em>En el camino<\/em>: un viaje a ning\u00fan lado. Kerouac se emprende en una traves\u00eda acompa\u00f1ado por el inconcebible Neal Cassady, apodado Dean Moriarty: escritor aficionado \/ genio vagabundo \/ poeta atormentado \/ suerte de relacionista p\u00fablico. Un aventurero de todos los colores que es gu\u00eda espiritual de aquel naciente movimiento Beatnik, cuando todo est\u00e1 por hacerse y todo est\u00e1 por suceder. El autor se deja llevar por la aventura del bajo mundo y acelera contra la corriente.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\"><p><em>Al atardecer malva camin\u00e9 con todos los m\u00fasculos doloridos entre las luces de la 27 y Welton en la parte negra de Denver. Y quer\u00eda ser negro, considerando que lo mejor que podr\u00eda ofrecerme el mundo de los blancos no me proporcionaba un \u00e9xtasis suficiente, ni bastante vida, ni alegr\u00eda, diversi\u00f3n, oscuridad, m\u00fasica; tampoco bastante noche. Me detuve en un puesto donde un hombre vend\u00eda chiles en bolsas de papel; compr\u00e9 un paquete y me lo com\u00ed paseando por las oscuras calles misteriosas. Quer\u00eda ser un mexicano de Denver, e incluso un pobre japon\u00e9s agobiado de trabajo, lo que fuera menos lo que era de un modo tan triste: \u00abun hombre blanco\u00bb desilusionado.<\/em><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>La Denver de Kerouac (de Sal Paradise, como se apoda en el relato) es fr\u00eda y no hay jazz snob como de Palermo, sino clubes de negros, agujeros sin fondo en donde un pu\u00f1ado de pobres blancos vive la noche de sus vidas, absortos por el sonido demencial de la trompeta. O eso era San Francisco, y Denver fue tan solo el hotel Windsor en donde vivi\u00f3 alguna vez Cassady. Qui\u00e9n sabe. Qu\u00e9 importa. Seis d\u00e9cadas m\u00e1s tarde ese agobio hecho pueblo grande ha desaparecido.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"646\" src=\"http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/WhatsApp-Image-2020-11-02-at-5.49.09-PM-1024x646.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8575\" srcset=\"https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/WhatsApp-Image-2020-11-02-at-5.49.09-PM-1024x646.jpeg 1024w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/WhatsApp-Image-2020-11-02-at-5.49.09-PM-300x189.jpeg 300w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/WhatsApp-Image-2020-11-02-at-5.49.09-PM-768x484.jpeg 768w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/WhatsApp-Image-2020-11-02-at-5.49.09-PM.jpeg 1280w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Tal vez hoy haya cosas que resisten, como esa felicidad pl\u00e1stica que a\u00fan deambula por las pantallas al otro lado del mostrador. Tal vez, como Kerouac, yo cruzo estado tras estado para conocer el detr\u00e1s de escena. Escucho Creedence y BB King en los autobuses Greyhound, en terminales horrendas a horas disparatadas en alg\u00fan punto irrelevante entre el Atl\u00e1ntico y el Pac\u00edfico. El desempleado Allen vive en las calles de St. Louis y me presenta a Sherry, una supuesta novia que niega toda relaci\u00f3n antes de decir que debe irse, que fue operada del cerebro y no puede mantenerse en pie. Un brujo en New Orleans me acompa\u00f1a a saltar las rejas del cementerio una noche lluviosa de febrero tan s\u00f3lo para visitar la tumba de Marie Laveau, su colega m\u00e1s famosa. Un vagabundo en las afueras de Las Vegas que me compra una botella pl\u00e1stica de vodka a cambio de un cigarrillo. El muchacho ofuscado de un bar en Austin me dice que s\u00ed, todos odiamos a este pa\u00eds. Y ese viejo en San Bernardino que acaba de ser liberado de prisi\u00f3n tras 15 a\u00f1os y me pregunta qu\u00e9 opino, c\u00f3mo debe reencontrarse con su hija, qu\u00e9 debe decirle.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\"><p><em>El suelo de la estaci\u00f3n de autobuses era igual que el de todas las estaciones de autobuses del pa\u00eds, siempre llenos de colillas y esputos y transmitiendo esa tristeza que s\u00f3lo ellas poseen.<\/em><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Todo estaba por hacerse entonces, en aquellos tempranos a\u00f1os 50 de bonanza y reconstrucci\u00f3n, cuando Kerouac atraves\u00f3 el pa\u00eds con un entusiasmo lac\u00f3nico y las ansias impl\u00edcitas de llegar al fondo tan s\u00f3lo para empezar a subir. Talar desde la ra\u00edz en la tierra profunda, oscura, h\u00fameda, con todos sus bichos, todas sus alima\u00f1as. Vamos a cambiar el mundo, a abrir las mentes para renacer m\u00e1s all\u00e1 de la televisi\u00f3n y de la victoria en tierras lejanas. Y entonces los d\u00edas ser\u00e1n de jazz, bourbon, cigarrillos y tetas.<\/p>\n\n\n\n<p>A m\u00ed me toca caminar por las mismas calles de Denver en 2009, despu\u00e9s de haber cruzado catorce estados. La crisis econ\u00f3mica da sus \u00faltimos coletazos y Estados Unidos tiene un presidente negro que acaba de ganar el Nobel de la Paz. Qui\u00e9n sabe por qu\u00e9. El todo por hacerse renaci\u00f3 muchas veces en estas seis d\u00e9cadas y nunca lleg\u00f3 a concretarse. Quiz\u00e1s s\u00ed hubo cambios para bien en un pa\u00eds m\u00e1s habituado a las guerras que al progreso, tal vez yo no sepa ver aquellos avances ahora que los agujeros oscuros son bares de jazz snob, suave y aburrido, y que la palabra \u201cnegro\u201d est\u00e1 prohibida.<\/p>\n\n\n\n<p>Denver se pone m\u00e1s linda de noche, sobre todo cuando hace fr\u00edo y a\u00fan hay luces de navidad. Mantiene ese balance curioso entre elementos de ciudad y de pueblo peque\u00f1o, en donde las familias salen a pasear s\u00f3lo porque s\u00ed, para ver y ser vistas. Hay m\u00fasica en la calle y viejos jugando al ajedrez. A veces alguien te cruza s\u00f3lo para decir buen d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Camino por los rincones de Kerouac, por Larimer, Welton, Five Points, Colfax, 17th, 27th, Park, Washington. Esos edificios de ladrillo que parecen tan del lejano oeste. Quiero ser Kerouac y dejarme llevar por un entusiasmo lac\u00f3nico hacia ning\u00fan lado, sin tiempo que perder y nada por ganar. Quiero vivir en un tiempo del todo por hacerse para encontrar la otra cara de la publicidad. Sin nada que perder, sin nada por ganar.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"682\" src=\"http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/WhatsApp-Image-2020-11-02-at-5.56.28-PM-1024x682.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8571\" srcset=\"https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/WhatsApp-Image-2020-11-02-at-5.56.28-PM-1024x682.jpeg 1024w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/WhatsApp-Image-2020-11-02-at-5.56.28-PM-300x200.jpeg 300w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/WhatsApp-Image-2020-11-02-at-5.56.28-PM-768x511.jpeg 768w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/WhatsApp-Image-2020-11-02-at-5.56.28-PM.jpeg 1280w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>San Francisco. Es 1968, y Tom Wolfe publica <em>Ponche de \u00e1cido lis\u00e9rgico<\/em>. Llegan el LSD, los hippies, Vietnam, Malcolm X, Martin Luther King y todo eso. Kerouac es ahora un tipo apagado, \u201cuna vieja estrella\u201d, seg\u00fan Wolfe. Es irrelevante. Pero su antiguo compa\u00f1ero de viaje Cassady sigue ah\u00ed. Es parte de esta nueva ola que es el renacer del todo por hacerse. Ya no hay que arrancar las ra\u00edces porque todos somos ra\u00edces y todas somos \u00e1rboles. Todos llevamos el pelo largo y no hay que preocuparse por luchar contra la calvicie. Todos somos los que queramos ser: la paz, el amor, la esperanza, el movimiento tel\u00farico que se lleva puesto a quien se venga para plantar bandera en contra del mal, a favor del bien. Vamos a cambiar al mundo a fuerza de flores y guitarras y drogas psicod\u00e9licas. Los \u201calegres bromistas\u201d protagonizan un nuevo viaje, ahora drogados hasta el culo y con parlantes coloridos y un autob\u00fas desquiciado. Neal Cassady conduce el autob\u00fas como manejaba antes con Kerouac y un grupete que no necesitaba autodenominarse ni \u201calegre\u201d ni \u201cbromista\u201d, que s\u00f3lo pretend\u00eda sobrevivir a un presente id\u00edlico del que quedaba afuera. Los 60 son otra cosa: son apropiarse del hoy. Pero Cassady morir\u00eda ese mismo a\u00f1o en Guanajuato a los 41. Y Kerouac al a\u00f1o siguiente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 fue de todos esos sue\u00f1os, de esos viajes y del todo por hacerse? Pasaron los Beatniks, pasaron los hippies, pas\u00f3 el pelo largo y pas\u00f3 Woodstock. Quedaron las guerras y la calvicie. Pas\u00f3 la locura de llevarse puesto al mundo y qued\u00f3 la nostalgia de lo que podr\u00eda haber sido. Dice Hunter Thompson en su <em>Miedo y asco en Las Vegas<\/em> que en los 60 \u201chab\u00eda una fant\u00e1stica sensaci\u00f3n universal de que hici\u00e9semos lo que hici\u00e9semos era correcto, de que est\u00e1bamos ganando\u201d. \u00cdbamos a triunfar, por supuesto que lo har\u00edamos, \u00bfc\u00f3mo no hacerlo si \u00e9ramos mejor que todo lo que existi\u00f3, mejor que todo lo que existir\u00eda? \u00cdbamos en la cresta de una ola alta y maravillosa, dice Thompson. Y entonces todo se desplom\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>No fueron Vietnam, ni los asesinatos de Kennedy o King. Los Kerouac se apagaron en los 60 y los Cassady cayeron en los 70. Como si cada d\u00e9cada tuviera sus apegos y esperanzas de un futuro ut\u00f3pico en el que nada dar\u00eda el asco que da esta tierra. Ahora, dice Thompson, se puede subir a un empinado cerro en Las Vegas y mirar al Oeste, y si ten\u00e9s buena vista, casi pod\u00e9s alcanzar a ver la l\u00ednea que se\u00f1ala el nivel de m\u00e1ximo alcance de las aguas\u2026 <em>\u201caquel sitio en donde el oleaje rompi\u00f3 y al fin comenz\u00f3 a retroceder\u201d<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/MG_4699-copia-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8572\" srcset=\"https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/MG_4699-copia-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/MG_4699-copia-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/MG_4699-copia-768x512.jpg 768w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/MG_4699-copia-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/MG_4699-copia-2048x1365.jpg 2048w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>16 de enero. 18:29.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Denver. Termino<em> En el camino<\/em>. Caf\u00e9 junto a la ventana. Nieva. Un tipo pide monedas a cambio de un diario en la vereda de enfrente. He visto gente destrozada durmiendo en la calle, locos gritando en trenes con botellas en bolsas de papel madera, discursos interminables frente a un p\u00fablico invisible. He visto adolescentes perdidos en alguna esquina de Chicago con una manta mugrosa hasta la nariz y un cartel con una sola palabra escrita: hambre. He visto negros y latinos limpiando suelos y culos en estaciones vac\u00edas, incapaces de mirar a los ojos a la tierra de las oportunidades. <em>\u201cHe visto a las mejores mentes de mi generaci\u00f3n destruidas por la locura\u201d<\/em>, en palabras de Allen Ginsberg. Todos sonr\u00eden, todos saludan, todos dicen buenos d\u00edas y c\u00f3mo est\u00e1s. Pero el ojo afilado y morboso de Kerouac, impregnado de un asco insistente, la repugnancia del no ser hacia quien s\u00ed es, es una visi\u00f3n tan contagiosa que ya no me deja. Ya no puedo dejar de sentirme as\u00ed, asqueado ante la parsimonia conformista que nadie derriba. La tierra de las oportunidades nos qued\u00f3 enorme, nos devor\u00f3 y escupi\u00f3 en la mesa de un Starbucks. Y ahora no sabemos qu\u00e9 hacer.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"664\" src=\"http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/MG_4789-copia-1024x664.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8548\" srcset=\"https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/MG_4789-copia-1024x664.jpg 1024w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/MG_4789-copia-300x194.jpg 300w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/MG_4789-copia-768x498.jpg 768w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/MG_4789-copia-1536x996.jpg 1536w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/MG_4789-copia-2048x1327.jpg 2048w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En eso pienso frente a esta ventana congelada de Denver, con monta\u00f1as de fondo y luces de navidad a mediados de enero. Pienso en mi pelo largo que no tardar\u00e1 en desaparecer. Pienso en los todo por hacerse constantes, reiterados, redundantes. La ola rompi\u00f3 ya demasiadas veces y siempre nos pas\u00f3 por encima, nos dej\u00f3 pataleando en el aire. Esperando. Una y otra vez condenados a esperar que la pr\u00f3xima vez s\u00ed sea, que la guerra termine y dejemos de ser el chicle en la suela para que paz, amor, esperanza y esas estupideces sean algo m\u00e1s que estupideces. Esperar que Cassady no caiga junto a una v\u00eda en Guanajuato y, agarre otra vez el volante para llevarnos a qui\u00e9n sabe d\u00f3nde. Que esta vez Kerouac no muera de cirrosis y tristeza. Que Thompson no se suicide harto de tener m\u00e1s a\u00f1os de los que querr\u00eda. Que esta vez, esta vez s\u00ed todo sea diferente.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed. En eso pienso.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"alignleft size-large is-resized\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" src=\"http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/WhatsApp-Image-2020-11-02-at-5.58.43-PM-2-1024x576.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8577\" width=\"709\" height=\"399\" srcset=\"https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/WhatsApp-Image-2020-11-02-at-5.58.43-PM-2-1024x576.jpeg 1024w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/WhatsApp-Image-2020-11-02-at-5.58.43-PM-2-300x169.jpeg 300w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/WhatsApp-Image-2020-11-02-at-5.58.43-PM-2-768x432.jpeg 768w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/WhatsApp-Image-2020-11-02-at-5.58.43-PM-2-rotated.jpeg 1032w\" sizes=\"(max-width: 709px) 100vw, 709px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p><em>Cr\u00e9dito de las fotos: Ignacio Hutin<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un recuerdo de los sue\u00f1os de la generaci\u00f3n Beatnik de los tempranos a\u00f1os 50, de los ideales de los escritores de los 60 y de una tarde fr\u00eda de enero pensando en esos d\u00edas que no lograron ser<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":8545,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[4],"tags":[1057,886,954,1058,1056,1017],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8542"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=8542"}],"version-history":[{"count":29,"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8542\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8605,"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8542\/revisions\/8605"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/8545"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=8542"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=8542"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=8542"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}