{"id":8436,"date":"2020-09-27T19:43:48","date_gmt":"2020-09-27T19:43:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistadinamo.com\/?p=8436"},"modified":"2020-10-20T21:02:21","modified_gmt":"2020-10-20T21:02:21","slug":"de-puentes-y-memorias-en-los-balcanes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/?p=8436","title":{"rendered":"De puentes y memorias en los Balcanes"},"content":{"rendered":"\n<p>Con \u00abUn puente en el Drina\u00bb, de Andri\u0107, como disparador, Ignacio Hutin nos lleva a recorrer una regi\u00f3n ca\u00f3tica en la que se entremezclan sus recuerdos, tambi\u00e9n confusos<!--more-->. <\/p>\n\n\n\n<p>Por Ignacio Hutin<br>@<a href=\"http:\/\/www.twitter.com\/iehutin\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">iehutin<\/a><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/WhatsApp-Image-2020-09-24-at-8.27.37-PM-1024x576.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8440\" srcset=\"https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/WhatsApp-Image-2020-09-24-at-8.27.37-PM-1024x576.jpeg 1024w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/WhatsApp-Image-2020-09-24-at-8.27.37-PM-300x169.jpeg 300w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/WhatsApp-Image-2020-09-24-at-8.27.37-PM-768x432.jpeg 768w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/WhatsApp-Image-2020-09-24-at-8.27.37-PM.jpeg 1032w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>No volv\u00ed a leer a Andri\u0107&nbsp;y quiz\u00e1s nunca lo haga. Fue la puerta de entrada a un sitio que ya no existe, que se transform\u00f3 en algo nebuloso, en monta\u00f1as que fueron deseos antes de conocerlas. Porque&nbsp;Vi<em>\u0161<\/em>egrad&nbsp;no fue m\u00e1s que un s\u00edmbolo o, mejor dicho, una met\u00e1fora de esa regi\u00f3n compleja, hermosamente horrible y horriblemente hermosa en donde (si se me permite el clich\u00e9) dej\u00e9 buena parte de lo que yo tambi\u00e9n fui.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez ser\u00eda mejor comenzar por el principio, aunque no sepa bien cu\u00e1l es. La librer\u00eda de avenida Nazca en la que por fin encontr\u00e9 una edici\u00f3n muy bien conservada de 1962 y en donde el librero me pregunt\u00f3 por qu\u00e9, por qu\u00e9 necesitaba encontrar un libro que no se publicaba en castellano hac\u00eda d\u00e9cadas. Quiso saber si mi ascendencia era balc\u00e1nica, si conoc\u00eda la regi\u00f3n. Hablamos mucho de historia y tambi\u00e9n nos dimos recomendaciones y deseamos buena suerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Flash forward. La terminal de micros de Pr\u00edstina estaba oscura y vac\u00eda a esa hora indescifrable antes del amanecer en la que llegu\u00e9 por primera vez a Kosovo. Volv\u00ed muchas veces a Pr\u00edstina, tantas que encontr\u00e9 mi bar preferido (el bello Dit e Nat, con sus gatos sobre las mesas, su cuadro con la tapa de <em>El Principito<\/em> en alban\u00e9s, sus mozos que alguna vez me cantaron feliz cumplea\u00f1os) y llegu\u00e9 a conocer al por entonces presidente y al eventual primer ministro de un pa\u00eds que Argentina no reconoce. <\/p>\n\n\n\n<p>Pero nunca se vive dos veces por primera vez. Kosovo era para m\u00ed tan s\u00f3lo la primera guerra que recuerdo: as\u00ed como las palabras \u201cpresidente\u201d y \u201cMenem\u201d se conectaban autom\u00e1ticamente, tambi\u00e9n lo hac\u00edan \u201cAtlanta\u201d y \u201c96\u201d y, claro, \u201cKosovo\u201d y \u201cguerra de\u201d. Ah\u00ed estaba, en una terminal oscura esperando un micro, cuando un muchacho se acerc\u00f3 corriendo: \u201cPrizren, Prizren\u201d, anunci\u00f3 al \u00fanico pasajero. Pronto pens\u00e9 que tal vez no fuera buena idea subirme a un autob\u00fas informal, pero la joven turista asi\u00e1tica dormida me result\u00f3 un alivio. Los turistas asi\u00e1ticos no corren riesgos in\u00fatiles para contar una buena historia. Amaneci\u00f3 en la ruta. No me importa d\u00f3nde estoy.<\/p>\n\n\n\n<p>Hubo un italiano en Prizren cuyo nombre no recuerdo ni \u00e9l recuerda el m\u00edo, pero fue mi amigo cuando aprend\u00ed qu\u00e9 hab\u00eda sido esa guerra de Kosovo, qu\u00e9 hab\u00eda pasado cuando las c\u00e1maras se apagaron y los disparos ya no fueron <em>leitmotiv<\/em> de una tierra. \u201cBienvenidos a Kosovo, capital del quilombo\u201d, escrib\u00ed en mi diario. Digamos que el italiano se llamaba Giuseppe, que suena italiano. Nos sentamos en la vereda y pronto nos herman\u00f3 una historia: cargaba consigo el mismo libro de Ivo Andri\u0107&nbsp;que yo. \u201cHay que leer P<em>uente sobre el Drina<\/em> en los Balcanes\u201d, coincidimos. Y Kosovo pronto se volvi\u00f3 concreto, como se hab\u00edan materializado Bosnia y Serbia, pero tambi\u00e9n la fuerte <em>rakija<\/em>, los <em>burek<\/em>, la lluvia, las monta\u00f1as y su gente.<\/p>\n\n\n\n<p>Flash forward.&nbsp;Tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, regres\u00e9 a Prizren cuando Balcanes ya no era una palabra extra\u00f1a, Giuseppe hab\u00eda desaparecido, Kosovo ya no era&nbsp;<em>la guerra de<\/em>&nbsp;y yo viajaba para despedirme de la mujer con la que iba a casarme. Nos vimos una \u00faltima vez al a\u00f1o siguiente, pero el cierre formal de esa relaci\u00f3n tortuosa entre el sudaca jud\u00edo y la musulmana albanesa fue en Prizren. Esa tarde ella subi\u00f3 a un&nbsp;<em>furg\u00f3n<\/em>&nbsp;tambaleante con destino a Tirana y yo le tom\u00e9 una foto mientras se cerraba la puerta. Nunca volv\u00ed a leer a Andri\u0107.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\"><p><em>(\u2026) la leyenda sobre el origen y el destino del puente es, al mismo tiempo, el relato<\/em> <em>de la vida de la ciudad y de sus habitantes, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n de la misma manera que a trav\u00e9s de todas las narraciones sobre la ciudad pasa la l\u00ednea del puente con sus once arcos y una kapia que corona su centro.<\/em><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Los recuerdos se entremezclan y confunden, de la guerra o el odio, del cansancio o el miedo y el alivio y la risa inoportuna. El clamor de los minaretes, un r\u00edo en el que se ocultaron muertos. S\u00ed, hay que leer a Andri\u0107. Al menos su obra cumbre, su <em>Puente sobre el Drina<\/em>, que narra la historia de Vi<em>\u0161<\/em>egrad, tan extrapolable a toda la regi\u00f3n. Una peque\u00f1a ciudad, un r\u00edo, serbios y bosnios, cristianos y musulmanes, jud\u00edos, gitanos, turcos, humo, comercio, caravanas,&nbsp;<em>caravanserai<\/em>. El peque\u00f1o ni\u00f1o serbio se convierte al islam y ahora es Mehmed-Pa\u0161a Sokolovi\u0107, gran visir otomano, constructor del puente que da nombre al libro. Radislav intenta sabotear la obra y los otomanos lo sacrifican en forma casi ritual: Andri\u0107 describe precisa, pacientemente el proceso de empalamiento al pobre campesino cristiano. \u201c\u00bfLlegaste a la parte del empalamiento?\u201d, me pregunt\u00f3 Bojana en Belgrado. S\u00ed, c\u00f3mo olvidar el estremecimiento del dolor ajeno impregnado en esas l\u00edneas, palabra por palabra, detalle por detalle.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"682\" src=\"http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/WhatsApp-Image-2020-09-24-at-8.34.48-PM-1024x682.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8441\" srcset=\"https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/WhatsApp-Image-2020-09-24-at-8.34.48-PM-1024x682.jpeg 1024w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/WhatsApp-Image-2020-09-24-at-8.34.48-PM-300x200.jpeg 300w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/WhatsApp-Image-2020-09-24-at-8.34.48-PM-768x512.jpeg 768w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/WhatsApp-Image-2020-09-24-at-8.34.48-PM.jpeg 1280w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>El puente se termin\u00f3 y tambi\u00e9n se termin\u00f3 el Imperio Otomano. Los cristianos austroh\u00fangaros se hicieron de Bosnia, hubo cambios, disputas, m\u00e1s humo, confusi\u00f3n, muchas m\u00e1s guerras de esas que nunca acaban y cad\u00e1veres bosnios flotando r\u00edo abajo durante los 90, cuando \u201cMenem\u201d y \u201cpresidente\u201d eran la misma palabra. Y el puente entre monta\u00f1as que a\u00fan une lo que ya no es.<\/p>\n\n\n\n<p>Andri\u0107&nbsp;fue mi puerta de entrada a ese mundo extra\u00f1o en el que se conviv\u00eda a diario con disputas \u00e9tnicas y estereotipos, siempre condimentados con piment\u00f3n, siempre acompa\u00f1ados con caf\u00e9. Fue el primero de los muchos relatos con los que entr\u00e9 en contacto cuando los paisajes se materializaron. Balcan significa monta\u00f1a y eso fue lo que vi: monta\u00f1as. Rutas que zigzaguean como esa historia dif\u00edcil que es su gente, siempre tan sobresimplificable desde los ojos ajenos, siempre encantadoramente sarc\u00e1stica. Porque Balcanes tal vez sea eso: el met\u00f3dico empalamiento de un pobre saboteador cristiano, narrado con la parsimonia de un escritor detallista y filoso. <\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9. Los recuerdos se entrecruzan y confunden: de la terminal de micros en Pr\u00edstina al r\u00edo en donde flotaron cad\u00e1veres. Hay algo c\u00ednico en todo esto, algo que lleva a que el saboteador cristiano se reencarne en Gavrilo Princip para asesinar al archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, algo que me llev\u00f3 a volver una y otra vez a una regi\u00f3n imposible, que duele de recuerdos&nbsp;hermosamente horribles y horriblemente hermosos. Ya no puedo disociar Balcanes de lo que fui en la avenida Nazca ni del yo que cumpli\u00f3 a\u00f1os en Dit e Nat, mucho menos de ese que le tom\u00f3 una \u00faltima foto a la albanesa en Prizren \u00bfCu\u00e1l de esos yo hubiera tomado las armas para defender o para destruir? \u00bfQui\u00e9n de ellos encontr\u00f3 orden en el caos? El autor se apropi\u00f3 de un puente para unificar y ordenar relatos, pero yo no supe encontrar la unidad ni el orden.<\/p>\n\n\n\n<p>No es f\u00e1cil evitar los lugares comunes ni eludir la nostalgia en aquel r\u00edo. Hab\u00edan pasado casi seis meses desde la despedida en Prizren: yo ten\u00eda una novia serbia, ella ten\u00eda un novio estadounidense. Entonces, por fin, volv\u00ed a Bosnia. Un serbio que viv\u00eda en Kuwait me dej\u00f3 en la frontera, en donde el asfalto se convirti\u00f3 s\u00fabitamente en ripio y el calor intenso dio paso a una tormenta de verano. \u201cEs tu d\u00eda de suerte\u201d, me dijo el camionero bosnio-canadiense que me levant\u00f3 en la ruta. Por la tarde estaba en&nbsp;Vi<em>\u0161<\/em>egrad, con algunas <em>markas<\/em> en el bolsillo y una cama entre las monta\u00f1as y el Drina. La estaci\u00f3n de tren era ahora pura destrucci\u00f3n fotog\u00e9nica y los minaretes a\u00fan clamaban en una ciudad predominantemente cristiana y serbia, pero formalmente bosnia. Kusturica construy\u00f3 all\u00ed una suerte de parque tem\u00e1tico. \u00bfY qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"682\" src=\"http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/WhatsApp-Image-2020-09-24-at-8.14.01-PM-1024x682.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-8445\" srcset=\"https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/WhatsApp-Image-2020-09-24-at-8.14.01-PM-1024x682.jpeg 1024w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/WhatsApp-Image-2020-09-24-at-8.14.01-PM-300x200.jpeg 300w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/WhatsApp-Image-2020-09-24-at-8.14.01-PM-768x512.jpeg 768w, https:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/WhatsApp-Image-2020-09-24-at-8.14.01-PM.jpeg 1280w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Anocheci\u00f3 mientras el tiempo pasaba lento a la vera del r\u00edo. Verde, recuerdo que el Drina estaba verde y que lo surcaban barquitos con un pu\u00f1ado de turistas. Tambi\u00e9n recuerdo el sonido del agua bajo los once arcos del puente otomano, el puente de&nbsp;Sokolovi\u0107, de un Andri\u0107 que fue Nobel de Literatura y que es h\u00e9roe local. El r\u00edo flu\u00eda y llevaba consigo la carga de idas, vueltas, regresos y de todo lo que no supe contar. En la <em>kapia<\/em>, en el centro del puente sobre el Drina, se reunieron por siglos los habitantes de&nbsp;Vi<em>\u0161<\/em>egrad&nbsp;y fue all\u00ed que me sent\u00e9 a contemplar la nada, sabiendo que la puerta de entrada era ahora una salida, un punto de no retorno.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 qu\u00e9 decisiones tom\u00e9 entonces ni por qu\u00e9, s\u00ed s\u00e9 ahora que la albanesa vive en Estados Unidos y que nunca me decid\u00ed a escribir una novela de nuestra historia. Quiz\u00e1s porque no pude hacer de ella un puente de unidad y de orden. S\u00e9 que a\u00fan no la nombro, como no se nombra lo que nunca debi\u00f3 existir. S\u00e9 ahora, sobre todo ahora, que los Balcanes pesan en recuerdos entrecruzados y difusos, inconexos, a los que no aprendo a volver, que parten al amanecer de una ruta kosovar y alcanzan el anochecer de un puente sobre el Drina. Y tambi\u00e9n s\u00e9 que nunca&nbsp;volv\u00ed a leer a Andri\u0107&nbsp;y que quiz\u00e1s nunca lo haga.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con \u00abUn puente en el Drina\u00bb, de Andri\u0107, como disparador, Ignacio Hutin nos lleva a recorrer una regi\u00f3n ca\u00f3tica en la que se entremezclan sus recuerdos, tambi\u00e9n confusos<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":8441,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[4],"tags":[1039,1037,1038,1017,1040],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8436"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=8436"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8436\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8453,"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8436\/revisions\/8453"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/8441"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=8436"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=8436"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=8436"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}