María Victoria Menis, directora de La cámara oscura, regresa a los cines con María y el Araña, film en el que pone la mirada en el amor de dos jóvenes olvidados

Por Paula Nuñez
@paununez

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María Victoria Menis estrenó la última semana de octubre su quinta película, María y el Araña, una historia sobre la relación de dos adolescentes marginados y olvidados por un entorno que no los contiene. La María del título es una nena de 13 años que vive junto a su abuela y su pareja en una casa inundada de tensión, dado que el hombre es abusivo y su abuela prefiere no verlo. Y cuando lo hace ya es tarde. Pero la historia central, aclara Menis, es la relación que se da entre María y el Araña, un chico más grande que conoce mientras trabajan en el subte y que va vestido con un buzo del Hombre Araña. No hace falta que María le cuente lo que vive en su casa. Sin decirse nada -casi no hay diálogos entre ellos- encuentran en ambos ese apoyo que ningún adulto supo darles.

En entrevista con Revista Dínamo, Menis cuenta sobre estos personajes marginados, cómo fue filmar en el subte y en una villa y, también, sobre su visión de la exhibición de cine argentino, el que, como sus personajes, muchas veces pasa desapercibido.

Revista Dínamo: ¿Cuál fue el disparador de la idea de la película?
María Victoria Menis: El disparador fue una nena que parecía de once años y que la vi por la calle y me asombró muchísimo. A partir de eso, empecé a ver y a seguir un poco el tema de los embarazos, especialmente los de las chicas chiquitas. Nos pusimos a trabajar el guión y salieron distintas cosas, distintas historias de estos dos personajes. Se fueron construyendo así.

RD: ¿Cómo fue el trabajo con los dos actores principales, que son dos jóvenes de 13 y 17 años?
MVM: Ella (Florencia Salas) no había hecho nunca nada que tuviera que ver con actuación, pero él (Diego Vegezzi), sí, venía estudiando desde los doce años y, para este papel, tuvo que aprender a hacer malabares y acrobacia. Ensayamos en mi oficina. Con ella, empezamos de a poco. Tenía que acostumbrarse a no mirar a la cámara y, despacito, fuimos haciendo que creciera la relación entre ellos dos. Después también, trabajé con ella, con Mirella Pascual y con Luciano Suardi bajo la consigna de que ella nunca hablara de verdad con Luciano, ni siquiera en los ensayos, una relación muy extraña. Y que en la casa, se fuera construyendo esa tensión que se ve en la película, en donde ella no quiere hablar y prefiere estar callada, es una chica solitaria. Así, fuimos construyendo los personajes.

RD: En una proyección que se realizó en la Facultad de Derecho seguida de un debate con abogados, se hizo una observación sobre la falta de la presencia del Estado como solucionador de la situación en la que está María.
MVN: Yo pienso que hay chicos, y hay gente, en este caso chicos, que están excluidos, en el sentido que las redes de contención no los ayudan demasiado. Un poco lo que se hablaba en el debate es que Argentina es un país que tiene leyes respecto al trabajo y a todo lo que puede ser abuso, pero el problema es que no se ponen en práctica. No se dan las herramientas a la gente que trabaja en hospitales o que trabaja en colegios o en comisarías. Son redes que a los chicos de alguna manera no les llegan. Por eso yo quise hacer una película sobre un amor porque me parece que los que pueden ayudarse, a veces, son los mismos chicos entre ellos, ¿no? Increíblemente, el Araña y ella son los que de alguna manera tratan de ayudarse y lo terminan logrado. Hice una película que está casi contada desde el lugar de los chicos.

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RD: Por momentos el registro se acerca mucho al de algunos documentales.
MVM: La verdad que de documental no tiene nada porque fue todo pensado y ensayado. Lo que sí, a mí no me interesaba subrayar ni hacer un argumento tremebundo. Primero, antes que nada, una cosa importante es que el abuso pasa entre bambalinas, y yo lo quise contar así para que vos lo sientas como espectador como lo vive de alguna manera la piba. En esa casa no pasa nada. O sea que la vida continúa de una forma que parece normal, el colegio parece normal. Después, el trabajo de los chicos en el subte parece no llamarle la atención a demasiada gente. La villa tampoco está contada como por ahí está acostumbrado el público desde los noticieros: “Bueno, vamos a mostrarte un tiroteo y vamos a mostrarte cómo la droga pasa y cómo son las conversaciones telefónicas”. No. La villa está contada como gente que trabaja, gente que va al colegio, situaciones mucho más tranquilas. Por supuesto que está pasando un drama en la casa de María. Justamente una de las chicas que estaba en el debate decía que darle tanta importancia al robo o a la droga tapa las otras cuestiones que son las cosas cotidianas que pueden pasar dentro de la casa de una familia donde un chico puede estar sufriendo un montón, así como también se puede tapar esto de los chicos y el trabajo, un tema que ya no llama la atención. Hay que tener una mirada un poco más interesante porque sino te quedás con el tiroteo y no vez un montón de cosas que están pasando mucho más cercanas.

RD: ¿Cómo fue filmar en locaciones complejas como en el subte y en una villa?
MVM: El subte es siempre una locación que se contrata y que te da las horas en las que el subte no trabaja, que es de 11:30 a 4. A esa hora teníamos que filmar y te dan muy pocos días. O sea que teníamos que ir con todo muy ensayado y te dan una formación que va de la estación, una para un lado y otra para el otro. O sea que teníamos que ser super rápidos en filmar, muy eficaces. Por eso también se ensayó mucho, no daba para grandes improvisaciones. Igual después nosotros por nuestra cuenta, con una cámara chiquitita y los personajes así vestidos salíamos por el subte y nosotros los seguíamos, casi con una cámara que podía ser una cámara de fotos. Para dar una idea de mucha gente sobre todo. Porque vos te imaginás lo que es llenar la estación Plaza Italia, pueden ser mil extras, cosa que para nosotros, por lo menos, en nuestro presupuesto, no daba. Entonces con mucha sagacidad y poquita gente del equipo, el cameraman iba tomando mientras los chicos caminaban por la estación. Después en la villa es, también, un arreglo que se hace. En general la gente de estos barrios está acostumbrada, en los últimos años, a que se filmen cosas. Y se hace un arreglo en el que se les da dinero, reciben algún tipo de compensación que, por supuesto, se reparte entre todos los habitantes. Tenés que ser muy cuidadoso en que la gente que aparezca sea gente que quiera aparecer o le pagues por extra. Hay gente que no quiere aparecer y nosotros fuimos muy respetuosos en ese sentido, entonces tratábamos de ser muy pocos como para mezclarnos, no alborotar a la gente, tratar de que hicieran su vida normal. Traté de filmar la villa lo más cotidianamente posible.

RD: ¿Estás trabajando en algún proyecto nuevo?
MVM: Estoy trabajando en un guión para una película de mi hijo, Esteban Menis, que la va a dirigir él. Y estoy viendo cómo producir una película quizás de alguna manera alternativa que no insuma la cantidad de tiempo que te lleva una película si querés estrenar en salas. Entre que el Instituto te da el crédito, conseguís financiación de afuera, esta película (María y el araña) es francesa-ecuatoriana-argentina, pero cada país se llevó su tiempo en aparecer y, entre pito y flautas, se te van tres años. Y entonces te cuestionas: ¿estuve trabajando tres años para que en la Argentina mi película esté una semana o dos en cartel? ¡Hay películas que están una semana! Es irreal para un creador. No le da el tiempo al boca en boca. Porque en el teatro por ahí, en su pequeñez, en el under, puede permanecer y entonces la gente va hablando. Pero ¿cuántas veces se estrena una película, al otro fin de semana la recomendás y ya no está? Entonces, yo ahora estoy tratando de armar un guión que lleve poco tiempo, poco equipo, que no dependa de tanta inversión, que quede para la postproducción la plata del INCAA. Me parece que toda la agilidad que hay en Internet y que hay en los medios no se refleja en estar cuatro años esperando para que se estrene una película y que esté una semana en cartel. Hay algo que no va.

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Cine invisible

RD: Como directora y miembro del Proyecto Cine Independiente, ¿qué pensás sobre la rareza que pasó hace unas semanas en la taquilla del cine nacional que hay cuatro películas argentinas que concentraron muchísimo público, Y sin embargo, para las producciones con menos difusión y presupuesto la dificultad para llegar a más salas sigue siendo la misma?
MVM: Creo que como que todo está muy en el extremismo. Es decir, hay películas en las que trabajan actores como (Ricardo) Darín o (Guillermo) Francella o que están asociadas con algún canal y alguna major que ha hecho algún arreglo para la distribución. Eso puede ser, cuatro, cinco, seis películas por año. Después, en la otra punta, no hay un lugar intermedio. Estás en un lado o estás en el otro. Y en el otro, digamos más de la pobreza, estás con muchas más dificultades porque hacer marketing es dificilísimo, poner un aviso es carísimo, hacer gráfica en la calle es muy costoso, cada vez se ha vuelto todo más caro. Cada año es peor. El Instituto ( Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) ha trabajado mucho en la producción de películas pero quizás no se ha encargado demasiado de cómo hacer que esas películas lleguen al público y se mantengan en salas. En salas que pueden ser comerciales, alternativas, del INCAA. Yo creo que hay que hacer un plan teniendo en cuenta que hoy en día hacer una salida importante para una película mediana o chica es imposible. No es fácil, y me parece que estamos en un momento bisagra del cine, donde el cine está siendo visto en muchas otras plataformas. La gente también se desacostumbra a ir al cine. Todavía no se ha encontrado o no ha llegado al país algo que al que hace una película o invierte le retribuya la exhibición. Porque Netflix no tiene muchas películas argentinas. Entonces se hace muy complicado. El Instituto te ayuda a producir pero después te encontrás con una especie de abismo doloroso porque resulta que en tu propio país te es casi imposible que la gente vea las películas. Podés ir a festivales, afuera, pero ni eso mismo va a hacer que el público vaya a verlas. Ha habido pruebas de películas que ganaron la Cámara de Oro de Cannes, en Berlín, en San Sebastián sin embargo eso no implica que el público vaya. Si vos no tenés una salida importante de marketing sabés que es una lucha muy desigual.

RD: Además hay cada vez más estrenos por semana…
MVM: Claro, se van juntando películas y la gente quiere estrenar para cobrar los subsidios. Se hace un acumulamiento de películas tremendo. También eso hay que contemplarlo, cómo hacer que haya cine de arte, cómo hacer que las películas se pasen por televisión. Está INCAA TV, pero prácticamente ningún canal de aire da películas argentinas.

RD: ¿Cómo ves el futuro del cine en salas?
MVM: No soy muy optimista en el tema de las salas. Yo creo que las salas van a quedar para las películas super marketineadas, megaproducciones en 3D y que lo otro va a venir por menú pago. La gente la comprará para verla en buena calidad y la verá en su televisor, cada vez mejor, cada vez más grande con mejor sonido y más definición y va a haber muchas películas que van a salir así. El tema es que mientras tanto qué hacemos. Porque mientras tanto no es ni una ni otra. Hay cines que tienen arte, tienen café, tienen libros y tienen para películas más pequeñas, de esos cines no hay muchos. Es otro concepto de sala que se va a tener que ir pensando. Pero esto que pasa con el cine argentino también pasa con el cine europeo, el cine asiático. Van quedando pocos cines para unas películas extraordinarias. ¡Y hay público para esas películas! Si vos ponés otros Gaumont en Buenos Aires otros ArteMultiplex en otros barrios yo creo que puede funcionar.