{"id":2227,"date":"2012-03-05T17:34:55","date_gmt":"2012-03-05T17:34:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistadinamo.com\/?p=2227"},"modified":"2012-03-05T17:43:08","modified_gmt":"2012-03-05T17:43:08","slug":"los-pretorianos-del-mejor-cacao-del-mundo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.revistadinamo.com\/?p=2227","title":{"rendered":"Los pretorianos del mejor cacao del mundo"},"content":{"rendered":"<p>Chuao, Venezuela, es un pueblo con 430 a\u00f1os de antig\u00fcedad que vive de la producci\u00f3n de cacao. Su realidad contrasta con la pobreza del resto de sus hermanos del caribe. <\/p>\n<p>Por Bruno Sgarzini<br \/>\n@<a href=\"https:\/\/twitter.com\/#!\/search\/realtime\/bruno%20sgarzini\">brunosgarzini<\/a><\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" src=\"http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/chuao.jpg\" alt=\"\" title=\"VENEZUELA-AGRICULTURE-COCOA\" width=\"480\" height=\"368\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2229\" srcset=\"http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/chuao.jpg 480w, http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/chuao-300x230.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 480px) 100vw, 480px\" \/><\/p>\n<p>El deseo abre sus manos para atraparte, te atenaza y te obliga a que te agaches para sacar uno o dos cacaos rojos de una montonera que parece haber ca\u00eddo de madura. Est\u00e1n apiladas de a grupos, una est\u00e1 a tres metros del camino, otra est\u00e1 metido dentro del bosque, pero todos son lo mismo, una obra de arte de colores vivos que brillan en contraste con el verde de los \u00e1rboles que ocultan a las nubes con sus ramas milenarias.<\/p>\n<p>Por eso el deseo aprovecha para desviarte de un manotazo del camino que conduce a Chuao, Venezuela, y te hipnotiza con la luz que brilla de las montoneras. Lo que no te dice al o\u00eddo es que no est\u00e1n amontonados porque Dios se levant\u00f3 un d\u00eda medio despabilado y pens\u00f3 que ser\u00eda lo m\u00e1s natural posible sino porque invent\u00f3 a una poblaci\u00f3n que fue usada como mano de obra para cosecharlos, cuidarlos y apilarlos con el prop\u00f3sito de exportarlos hacia otros lugares como el \u00abmejor cacao del mundo\u00bb.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" src=\"http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/cacao.jpg\" alt=\"\" title=\"VENEZUELA-AGRICULTURE-COCOA\" width=\"480\" height=\"368\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2228\" srcset=\"http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/cacao.jpg 480w, http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/cacao-300x230.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 480px) 100vw, 480px\" \/><\/p>\n<p><strong>La historia.<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.condesan.org\/unesco\/Cap%2009%20Bacci%20Chuao%20Venezuela.pdf\">Primero vino Cristobal Mex\u00eda de \u00c1vila<\/a> a sacar a los indios y enterr\u00f3 una idea en la tierra que despu\u00e9s trajo con sus brazos a centenas de inmigrantes africanos pasado el 1.500. Luego, su hija, Catalina Mex\u00eda de Liendo, fue la encargada de subirse arriba de una tarima para se\u00f1alarles como deb\u00edan continuar con la explotaci\u00f3n.<br \/>\nAntes, los dos extranjeros de cuello blanco y nariz parada hab\u00edan definido que el pueblo deb\u00eda estar escondido detr\u00e1s del bosque para evitar que los contrabandistas de Curazao o los propios espa\u00f1oles los encontraran, ya que por esa \u00e9poca el cacao era un bien preciado y una de las principales exportaciones de la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed se perdieron de estar a la vera del mar Caribe, y encerrados en una burbuja de monta\u00f1as que no deja ver otra cosa que no sea arena, oc\u00e9ano, palmeras y el horizonte infinito por donde vinieron los negros que hoy representan el grueso de la poblaci\u00f3n estimada en 2.500 habitantes. <\/p>\n<p>Hoy sus cadenas fueron carcomidas por la historia y el Estado se encarg\u00f3 de acomodar todo en su preciso lugar, los extranjeros abajo, como visitantes moment\u00e1neos o como pobladores asimilados al pueblo, y los ex esclavos en la tarima que antes ocupaba la noble dama que debi\u00f3 retirarse despu\u00e9s de que Sim\u00f3n Bolivar abriera las rejas y los dejara salir. <\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" src=\"http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/chuao-playa.jpg\" alt=\"\" title=\"chuao playa\" width=\"400\" height=\"300\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2230\" srcset=\"http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/chuao-playa.jpg 400w, http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/chuao-playa-300x225.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/p>\n<p><strong>El pueblo. <\/strong><\/p>\n<p>La botella de vidrio donde est\u00e1 encerrada Chuao va de una monta\u00f1a que hace de espalda, y un pasillo de pe\u00f1ascos que culmina en el mar. Alrededor todo es bosque, y en el medio corre un r\u00edo que desemboca en el mar, su funci\u00f3n es llenar de humedad el ambiente y provocar que la tierra convierta las semillas en arboles. <\/p>\n<p>La soga con la que se agarra del exterior es el mar por donde arriban las lanchas que salen de Choron\u00ed, su hermano tur\u00edstico. Por eso cuando llega alguien los puestos de la arena, la \u00fanica calle y el centro de pescadores artesanales son los encargados de realizarle una radiograf\u00eda de sonrisas y saludos. <\/p>\n<p>El tir\u00f3n de los negros termina cuando tensan la soga para que la caja de una camioneta los lleve cada quince minutos desde la costa al pueblo, o viceversa, para conectar esos cinco kil\u00f3metros repletos de arboles, que juegan a la mancha con aviones, y de cauces de r\u00edo que se acuestan en los pies de las ruedas para entorpecer el camino.<\/p>\n<p>Dentro del pueblo, la tranquilidad te toma del hombro y te acompa\u00f1a a caminar por el centro donde hay casas con techos de tejas y alturas que no llegan a dos pisos. El eje, como en la gran mayor\u00eda de Latinoam\u00e9rica, es una iglesia de 400 a\u00f1os de antig\u00fcedad en la que se ofician costumbres coloniales como la danza de los diablos en tiempos de cosecha y la quema de granos de cacao en su frente de cemento.<br \/>\nLa cosecha y la ceremonia. <\/p>\n<p>Es que Chuao atesora de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n una posta de costumbre para cultivar al cacao, y para pedirle a dios, al cielo y a mar\u00eda sant\u00edsima que nunca se pierda nada de nada. Por eso en tiempos de cosecha todo el pueblo se dedica a participar de esta ceremonia espiritual que viene de los a\u00f1os en los que se utilizaban a las catacumbas como lugar de castigo para los esclavos que no cumplieran con su trabajo.<\/p>\n<p>El tiempo en este lugar es corto, es sint\u00e9tico, se toma de ma\u00f1ana, bien temprano, hasta mediod\u00eda, despu\u00e9s est\u00e1 la vida y la espera para llegar al otro d\u00eda. Por eso la tarde es un vac\u00edo en el que se meten algunos desalmados que buscan robarle minutos al reloj con pasear por las calles de Chuao. <\/p>\n<p>Esos muchachos, extra\u00f1os de parajes distantes, son los que pueden observar c\u00f3mo todo el pueblo est\u00e1 pendiente de las nubes del cielo para prever s\u00ed se acaba el romance entre el sol y los cacaos que se tuestan en el frente de la iglesia. La ebullici\u00f3n y el movimiento hist\u00e9rico de ac\u00e1 para all\u00e1 se producen en esos minutos previos a la lluvia con el fin de proteger el m\u00e9todo artesanal que los hace conocido en todo el mundo.<br \/>\nLa ayuda.<\/p>\n<p>Chuao es muy diferente al resto de la costa del Caribe, no hay gente que camine con baldes para abastecerse del agua del r\u00edo, y los focos de luz tienen con que prenderse. Tampoco hay grandes diferencias sociales entre ricos y pobres, y la prosperidad parece ser un amigo que vive a dos cuadras.<\/p>\n<p>No existe la combinaci\u00f3n de golpes al h\u00edgado, ment\u00f3n y sien que son la pobreza, el contrabando y el narcotr\u00e1fico que culminan en crimen organizado, violencia y otros delitos del mismo \u00e1rbol geneal\u00f3gico, como la trata de mujeres.<\/p>\n<p>Una de las explicaciones es su lejan\u00eda con el resto de la costa, aunque su hermana Choron\u00ed guarda la misma prosperidad, pero con m\u00e1s violencia. Pero sin lugar a dudas lo que ha mejorado la vida del pueblo fueron las obras de construcci\u00f3n de casas, fuentes de energ\u00eda, agua, cloacas y el establecimiento de un mercado comunal que apuesta a una competencia solitaria para bajar los precios. <\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.lapatilla.com\/site\/2011\/04\/12\/chuao-el-pueblo-venezolano-que-vive-al-ritmo-del-mejor-cacao-del-mundo\/\">Tambi\u00e9n que se haya declarado al cacao como un bien estrat\u00e9gico<\/a>, lo que obliga a que sea una marca \u00fanica y no pueda ser usurpada por otros pa\u00edses, como se hac\u00eda antes, y a dejar de exportar el 100% de esta materia prima (32% a una empresa alemana, 35% a la empresa estatal de cacao y 30% para los artesanos del pueblo).<\/p>\n<p>Pero s\u00ed no se trabaja en el cacao tambi\u00e9n est\u00e1 la posibilidad de dedicarse a la pesca, una actividad que en el \u00faltimo tiempo se volvi\u00f3 rentable gracias a que la prohibici\u00f3n de que entren<a href=\"http:\/\/www.aporrea.org\/venezuelaexterior\/n130643.html\"> barcos de arrastre al mar venezolano. <\/a> Esto gener\u00f3 un c\u00edrculo virtuoso que tiro m\u00e1s peces al mar porque recompuso los ciclos de renovaci\u00f3n del recurso e incluso ayud\u00f3 a que aparecieran nuevas especies. Lo que impact\u00f3 directamente en los platos de las familias de los pescadores artesanales. <\/p>\n<p>Por actitudes como esta se ve que existe un Estado presente que protege a este pueblo con 430 a\u00f1os de antig\u00fcedad, uno que no se desatiende de sus responsabilidades sino que le tiende la mano a una poblaci\u00f3n que resguarda un patrimonio cultural, natural y social que ser\u00eda desbastado si estuviera en alta mar a merced de las olas y el viento.<\/p>\n<p>Por eso el deseo que te empuja a irte de la vera de la ruta se choca contra una barrera invisible formada por estos pretorianos destinados a resguardar su principal fuente de subsistencia. Ellos saben que esta es su tradici\u00f3n y no est\u00e1n dispuestos a que nadie se las quite, por eso si el deseo rompe con esa barrera y agarra el fruto prohibido, su suerte mirar\u00e1 como caen las fichas detr\u00e1s de las rejas ya que en Chuao es delito tomar lo que no es tuyo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Chuao, Venezuela, es un pueblo con 430 a\u00f1os de antig\u00fcedad que vive de la producci\u00f3n de cacao. Su realidad contrasta con la pobreza del resto de sus hermanos del caribe. Por Bruno Sgarzini @brunosgarzini El deseo abre sus manos para atraparte, te atenaza y te obliga a que te agaches para sacar uno o dos cacaos rojos de una montonera que parece haber ca\u00eddo de madura. Est\u00e1n apiladas de a grupos, una est\u00e1 a tres metros del camino, otra est\u00e1 metido dentro del bosque, pero todos son lo mismo, una obra de arte de colores vivos que brillan en contraste con el verde de los \u00e1rboles que ocultan a las nubes con sus ramas milenarias. Por eso el deseo aprovecha para desviarte de un manotazo del camino que conduce a Chuao, Venezuela, y te hipnotiza con la luz que brilla de las montoneras. Lo que no te dice al o\u00eddo es que no est\u00e1n amontonados porque Dios se levant\u00f3 un d\u00eda medio despabilado y pens\u00f3 que ser\u00eda lo m\u00e1s natural posible sino porque invent\u00f3 a una poblaci\u00f3n que fue usada como mano de obra para cosecharlos, cuidarlos y apilarlos con el prop\u00f3sito de exportarlos hacia otros lugares como el \u00abmejor [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[4],"tags":[9,24,27,37,49,56,62],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2227"}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2227"}],"version-history":[{"count":6,"href":"http:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2227\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2236,"href":"http:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2227\/revisions\/2236"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2227"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2227"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.revistadinamo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2227"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}