{"id":2110,"date":"2012-02-03T18:06:13","date_gmt":"2012-02-03T18:06:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistadinamo.com\/?p=2110"},"modified":"2012-02-03T18:26:04","modified_gmt":"2012-02-03T18:26:04","slug":"eco-15%c2%ba-cruce-de-los-andes-a-lomo-de-mula","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.revistadinamo.com\/?p=2110","title":{"rendered":"Eco: 15\u00ba cruce de los Andes a lomo de mula"},"content":{"rendered":"<p>\u00bfQu\u00e9 se siente al atravesar la cordillera?, \u00bfc\u00f3mo es seguir los pasos que hizo el Libertador San Mart\u00edn en 1817? Los expedicionarios se pierden en las monta\u00f1as. El camino es largo y el paisaje asombra. La periodista Carmela Cabezudo comparte c\u00f3mo fue su traves\u00eda.<\/p>\n<p>Por Carmela Cabezudo<br \/>\ncarmelacab(@)gmail.com<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" src=\"http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/cruce-andes.jpg\" alt=\"\" title=\"cruce andes\" width=\"480\" height=\"368\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2111\" srcset=\"http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/cruce-andes.jpg 480w, http:\/\/www.revistadinamo.com\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/cruce-andes-300x230.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 480px) 100vw, 480px\" \/><\/p>\n<p>La cordillera tiene colores que no existen antes de conocerla. No es violeta ni azul, el rojo no es rojo, ni coral, son de sue\u00f1o, de fantas\u00eda e inundan. Es inmensa, el cielo es de acuarela y el sentimiento de insignificancia es inevitable. Se pierden los ojos pesados de los expedicionarios. Son desconocidos, mortales con hambre de innovaci\u00f3n, o simplemente ansias de una experiencia que brinde un cambio profundo en sus vidas. <\/p>\n<p>Chuly, presidente de la Asociaci\u00f3n Cultural Sanmartiniana, los adentra, los conmueve. \u201cEsta tierra tiene sangre de historia\u201d, les dice y  los ojos se les desbordan. Con los uniformes calzados, cantan el himno con la garganta y empiezan el cruce a lomo de mula, el n\u00famero quince que reencarna el camino del General San Mart\u00edn y su ej\u00e9rcito libertador en 1817.<\/p>\n<p>La emoci\u00f3n vuela a los corrales que se abren y dan lugar a los coprotagonistas de esta historia: los caballos y las mulas salen en busca de sus jinetes. El primer contacto es emocionante, uno de los expedicionarios autom\u00e1ticamente llena su gorro de agua que da de beber a Chiquil\u00edn, un caballo de 25 a\u00f1os de edad y 10 en el cruce. Algunos son ariscos y otros tienen miedo.<\/p>\n<p>As\u00ed comienzan las primeras fallas, ca\u00eddas y lesiones que anticipan el crecimiento personal de cada expedicionario. Cada uno debe ensillar su animal, aunque sea la primera vez que lo haga en la vida y transformarse en amigo de su compa\u00f1ero de ruta -la relaci\u00f3n con el animal ser\u00e1 su sost\u00e9n durante diez d\u00edas en medio de la crisis, el cansancio, las reflexiones y la nada-. <\/p>\n<p>En la nada, el sol quema m\u00e1s, el viento y la tierra ti\u00f1en la piel, las traves\u00edas duran horas, cabalgan por paisajes tan hermosos como reales, con curvas empinadas y precipicios eternos, el miedo cada vez es menos, est\u00e1, pero pesa m\u00e1s la conquista: el Cristo a cuatro mil metros de altura rodeado de picos nevados y con menos aire del que les queda.<\/p>\n<p>A pesar de todo, las guitarras suenan cuando la luna brilla con fuerza y pone en duda la existencia de la oscuridad de la noche. Las chacareras, el chamam\u00e9 y las zambas empapan las sonrisas con polvo de monta\u00f1a. El Cura de la expedici\u00f3n baila, fuma, putea y persigue a la gente con una m\u00e1scara para asustarlos y verlos re\u00edr.  Lleva la sotana de Fray Luis Beltr\u00e1n, su tocayo, a quien representa con agua en la frente y en los ojos en las ficciones donde todos son granaderos y realistas, lo viven y batallan, al ataque cual si la patria dependiera de ellos. <\/p>\n<p>M\u00e1s tarde todo se ve n\u00edtidamente, los cuerpos expedicionarios duermen al sereno como si fuera la \u00faltima noche de sus vidas. Mingo Becerra prende el fuego. Desde hace 15 a\u00f1os es cocinero del cruce y hace m\u00e1s a\u00f1os cocin\u00f3 en Malvinas. Recuerda sin querer la escasez de esos d\u00edas que no se comparan con estos. <\/p>\n<p>Los organizadores del cruce -la mayor\u00eda de ellos estuvieron ah\u00ed- conocen ya del fr\u00edo, de la tierra, del viento y de perseguir metas. Solo ellos saben de la pizca de sabidur\u00eda que esta vivencia puede darle a los expedicionarios, pero la callan y se limitan a dar palmadas en la espalda con manos rotas de amor por la patria.<\/p>\n<p>El Cristo los espera. Es el \u00faltimo recorrido y no falta nadie porque nadie quiere faltar. Ya cruzaron r\u00edos y cabalgaron por precipicios, ahora viene la altura que pesa y la meta cargada de emoci\u00f3n. La monta\u00f1a que porta al Cristo es un caracol y ah\u00ed el fr\u00edo se olvida de enero. Llegaron y caen de rodillas llorando, la garganta les tiembla: \u201c\u00a1Viva la Patria!\u201d, grita el eco de la cordillera.<\/p>\n<p>Foto: Carmela Cabezudo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfQu\u00e9 se siente al atravesar la cordillera?, \u00bfc\u00f3mo es seguir los pasos que hizo el Libertador San Mart\u00edn en 1817? Los expedicionarios se pierden en las monta\u00f1as. El camino es largo y el paisaje asombra. La periodista Carmela Cabezudo comparte c\u00f3mo fue su traves\u00eda. Por Carmela Cabezudo carmelacab(@)gmail.com La cordillera tiene colores que no existen antes de conocerla. No es violeta ni azul, el rojo no es rojo, ni coral, son de sue\u00f1o, de fantas\u00eda e inundan. Es inmensa, el cielo es de acuarela y el sentimiento de insignificancia es inevitable. Se pierden los ojos pesados de los expedicionarios. Son desconocidos, mortales con hambre de innovaci\u00f3n, o simplemente ansias de una experiencia que brinde un cambio profundo en sus vidas. Chuly, presidente de la Asociaci\u00f3n Cultural Sanmartiniana, los adentra, los conmueve. \u201cEsta tierra tiene sangre de historia\u201d, les dice y los ojos se les desbordan. Con los uniformes calzados, cantan el himno con la garganta y empiezan el cruce a lomo de mula, el n\u00famero quince que reencarna el camino del General San Mart\u00edn y su ej\u00e9rcito libertador en 1817. 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