Ushi Cerviño, violero de un dúo con Mamba Mali y de Los Mangrulleros, nos cuenta cómo es su experiencia con un género nostálgico por antonomasia

Por Lele Guerchu
@lguerchu

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Es dificil -si no imposible- poner en palabras las sensaciones que despierta escuchar “Que nunca falte”, una joya tangófila que subió a la red el dúo Mamba Mali-Ushi Cerviño hace menos de un año. Una colección de tangos clásicos y no tanto, que pianta lagrimones en quien la oye. A qué viene esta afortunada decisión de recuperar un pasado cada vez menos perdido. Qué es y que se escucha en el ciclo “Vitinto nilo”. Estas y muchas más preguntas contestó a Revista Dinamo, Ushi Cerviño, guitarrista de privilegiados dedos, admirador de Grela, Troilo, Hugo Díaz y Goyeneche, oidor de vinilos y esgrimidor de lunfardos.

Revista Dínamo: Para empezar ¿Por qué el tango y la nostalgia están tan asociados?

Ushi Cerviño: Los primeros indicios del tango son de fines de 1800; hay mucha inmigración europea, mezclado con un porcentaje de afros y de criollos de este lado del río. La poesía habla de la nostalgia de extrañar la tierras o hallándose donde estaba. Tiene esa parte… es como una pena, como un consuelo, como alivianarse un poco esa pena a través de la música. Las primeras letras de los tangos hablan del puerto de Buenos Aires. El género se origina en los barrios pobres. Muchas de las letras de esa época como “Muñeca brava” son hacia minas que conocían desde chicos, desde el barrio y que se les iban con un francés guitudo y se traicionaban a sí mismas.

RD: Recuperar y hacer tango, rescatarlo del olvido ¿puede considerarse una acción nostálgica?

UC: En este momento hay un sabor raro. El momento en que más existió esa nostalgia fue en las décadas 80 y 90. En los últimos diez años, se generó un movimiento que no había. Está tocando y está bailando mucha gente joven. Como que se renovó y hubo cosas muy interesantes. Por ejemplo, El Arranque, una orquesta que hicieron músicos jóvenes al ver que los grandes maestros se estaban yendo uno por uno. Los convocaron a todos para que les enseñen a hacer orquestas, a tocar tango. Lo terminaron haciendo con el maestro Emilio Balcarce, que ya murió pero fue quien armó El Arranque con ellos. A partir de ahí hubo un impulso nuevo, de muchas orquestas, músicos y milongas.

Tango 2

RD: ¿Cuándo y por qué elegiste tocar tango?

UC: No me pasó tanto que lo elegí, sino que me llegó. De chico, el mejor amigo de mi viejo tenía farolitos dentro de la casa y ponía todo el tiempo vinilos. Lo tenía como algo pendiente. Yo era muy chico para entenderlo y me moría de embole. Ellos me decían: “El tango te espera”. A mí me gustaba el rock.

RD: ¿Te pasó como le decía Lalo Mir a la “gata” Varela, que venía del rock y fue al tango?

UC: Ella viene de ahí, la agarró el Polaco Goyeneche y la llevó para ese lado. Yo me siento de ahí totalmente. Crecí escuchando rock nacional… tenía mis cassettes. Lo que pasó entre los 60 y Cromagnon fue un movimiento que va a ser cada vez más de oro. Por 2011 me junté con unos amigos, los “melli”, y quedamos en viajar a Perú, Colombia y Venezuela. Ahí surgió la idea de armar algo de tango. Al principio, no sabíamos ni cómo tocarlo. Nos llamábamos Libertango. Y ahí me dije: “Esto es un camino de ida”. A principios de 2012, el trío se disolvió y empecé a acompañar a Leandro Olivier. Venía muy cebado con el tango.

RD: ¿Cómo se dio el dúo con Mamba?

UC: Cuando terminó Mamboliviano, sabíamos que algo íbamos a hacer. Hasta flasheamos un grupo de cumbia. Un día dijimos: “Armemos un repertorio de tango y vemos qué pasa”. Armamos muchos de los tangos que grabamos en el disco: Fanfarrón, Maula, Las cuarenta. Debutamos en agosto de 2013; ese día también lo acompañé a Santiago Palazzi. Esa noche, la gente quedó impresionada. Después tocamos por San Telmo, la Boca, Palermo, Saavedra, Zona Norte y a fin de año nos fuimos a Colombia y Cuba, con un bandoneonista amigo, Tomás Diaz (trompetista de Mamboliviano).

RD: El repertorio que eligieron para “Que nunca falte” es bastante nostálgico, uno de los temas que hacen es Juguete Rabioso ¿Cómo surgió esa elección?

UC: Es un tango de Acho Estol (La Chicana) Lo queríamos tomar como un tango que nos represente, como para hacer algunos videos. Porque además es contemporáneo; pensamos que entre toda esta nueva camada de músicos jóvenes de tango que están saliendo, tenemos que fomentar, tenemos que hacer los tangos del otro, no hay tantos compositores todavía. Hoy día, el Tape Rubin, Acho Estol y Juan Seren. Se los va a conocer bien en unos años. Hay una radio muy buena para escuchar: Malena (fm). En Villa Urquiza hay un lugar que se llama El Faro. “Moscato” Luna, violero, y “Cucuza” Castiello hicieron algo que se llamaba “El tango vuelve al barrio”. Fui este año y estaba rebalzado; gente de todas las edades.

RD: ¿Cuál es tu visión sobre nuestra generación y su retorno a esta música?

UC: Lo que me gusta de toda esta camada es que, sin no importar si saben o no de música, no dejan de contar una historia. Yo escucho tipos tocando que no tienen mugre y no suena. Por ejemplo, la guitarra del tango no puede no tener picardía. Si no tiene, no suena. Tiene que ser atorranta. Hay un mito que dice que Juanjo Domínguez, antes de tocar, se comía una picada para que la guitarra sonara a salamín.

RD: Pasemos a los Mangrulleros… hacen temas propios, Matias Barbetta tiene el Vals del pulmón y el Tango de los besos, ¿qué más están haciendo?

UC: Santiago Palazzi (voz) tiene sus tangos también. Y hay muchos temas nuevos que estamos laburando. Nosotros tres y Pablito (fuelle) somos los más tangueros del grupo. Manu (percusión) representa el candombe. Fede (bajo), “La Iguana”, el toque funkero y Gean Luca (teclado), que viene de Brasil. La mixtura y la fusión de estos estilos y procedencias enriquece a la banda. Encontramos un espacio en el que podemos arreglar mucho lo que componemos. Este año sale el primer disco. Tenemos la idea de hacer un segundo más que nada de tango. Somos una banda que mezcla tango, candombe, rumba y murga.

RD: Tienen algo de flamenco también…

UC: No llega a ser flamenco, es más rumba y es muy porteño.

RD: ¿Cuál es la idea de Vitinto Nilo? ¿Cómo es hacer un ciclo cultural de música este año?

UC: Me encantaría tener nuestra milonga, nuestro espacio. Siempre nos gustó que sea popular, con entrada accesible, que la gente pueda morfar y escabiar y que los artistas laburen. Que sea un encuentro. Lo organizo con Gustavo Darío. Este año lamentablemente están cerrando muchos lugares culturales. El artista está teniendo muchos obstáculos para poder serlo. Hay gente que relaciona esto con lo que pasó en Cromagnon. Hoy en día, el cierre de todos esos lugares no tiene nada que ver con la cantidad de lugares que cerraron después de esa tragedia. No solo a los artistas, también a los bolicheros se les está complicando porque hay mucha burocracia; tenés que hacer un esfuerzo sobrehumano para llevar un lugar adelante. Es una lástima que una ciudad con tremendos artistas esté teniendo tantas trabas como para que eso pueda fluir.
Que nunca falte: escuchar acá