Hernán Grito Bruno plasma en su exquisita obra los restos del naufragio de la modernidad. Humor negro, placer lúdico y choques cromáticamente atrevidos en imágenes que seducen

Por María Luján Torralba
@lujitorralba

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La fauna civilizada no pierde su instinto salvaje. Conejos, peces, aves y cerdos son protagonistas del absurdo de la condición humana. Las víctimas deslumbran en sus rostros el último instante de inocencia a punto de ser cazadas, mientras que los cráneos muestran los vestigios de una sociedad que quiso pero no pudo ser. Todas estas sensaciones de extrañamiento son provocadas por los murales, cuadros, pegatinas e ilustraciones del artista Grito.

“Dibujar me lleva a otros lugares de mi mente”, dice el joven quien comenzó a dibujar desde pequeño inspirado en su padre quien les regalaba a él y a sus hermanos criaturas animaladas en papel. A los 15 años comenzó a estudiar dibujo y a experimentar con distintos materiales. Más tarde, estudió animación y fue uno de sus profesores que lo llevó a trabajar a su estudio donde hacía spots para Cartoon Network y Disney, allí dibujaba en animación tradicional 2D. Aquel entrenamiento de dibujar diariamente un mismo personaje con una estructura lo ayudó a perfeccionar su técnica. “Después seguí solo probando mil cosas hasta llegar a lo que estoy haciendo ahora que es con cartón”, explica.

Teniendo como referentes a los ilustradores de la revista Fierro como Oscar Chichoni y El Tomi, además de artistas como Blu, Aryz, Jaz y Etam Cru, entre otros, Grito fue logrando su propio estilo personal. Con ideas claras y un trazo firme, la obra de este artista (quien humildemente no se considera como tal) es un aullido en la ciudad.

“Hay veces que no me inspiro en nada. Dibujo sin pensar mucho y que salga lo que sea. Otras veces me inspiro en cosas que están pasando en el mundo real, como la contaminación ambiental, la matanza indiscriminada de animales, las invasiones norteamericanas o niños que juegan a la guerra sin darse cuenta de lo que eso significa realmente.”

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“Desde hace un tiempo que hago pegatinas, pero no es algo que haga seguido. Me gustan porque es dibujar y pintar tranquilo desde casa y después salir a pegarlas, pero siempre me dejan manija ya que es algo que se hace muy rápido. Más que nada las hago cuando hace mucho calor o mucho frío como para salir a pintar.”

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“De mis experiencias en el exterior, lo que más recuerdo es haberla pasado bien, haber conocido personas y disfrutado con amigos. Viajando conocí a artistas muy zarpados y de las mejores personas que me han llevado a pintar a lugares increíbles y nunca me faltó nada, siempre me hicieron sentir en casa. Pero depende de donde estás, en América es mucho más fácil pintar, acá en Argentina , en Uruguay o en Brasil uno puede salir a dar una vuelta y encontrar un buen muro y ponerse a pintar tranquilo, siempre con respeto. Yo nunca pido permiso para pintar, pero no lo hago en un lugar donde sé que puedo llegar a tener problemas o que me echen, trato que sea un lugar donde pueda pintar todo el día y terminarlo. En Europa ya es distinto, allá no se puede salir y pintar como si nada. O pedís permiso, que puede llegar a tardar mucho, o vas a sitios que está permitido pintar, pero son sólo unas paredes y lo que haces lo pueden tapar al otro día o esa misma tarde o sino tenés que salir a la noche a hacer vandal.”

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“En Barcelona pinté en fábricas okupas, fábricas abandonadas, camionetas en la playa, paredes con permiso del ayuntamiento y hasta vandal por el gótico a la madrugada. En Alemania, además de pintar en el Meeting pinté en un centro cultural y también ahí salió una camioneta al lado del río. Por otro lado, en Suiza pintamos junto a buenos amigos de allá en lugares permitidos y en un centro para chicos, donde nos trataron con la mejor onda. La verdad es que nunca tuve un momento malo pintando en la calle. Sea pintando con amigos disfrutando del día, o solo y que los vecinos me saluden de la mejor manera, hasta me han dado algo de beber y comer, me pasó varias veces.”

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“Cuando se sale con amigos siempre es una experiencia muy copada, se disfruta mucho y salen cosas buenas. Se puede trabajar en conjunto fácilmente y entre todos hacemos una sola pieza, cada uno con su estilo, pero fusionando, sin querer ser más que el otro. En los eventos es diferente, ahí todos quieren ser estrellitas y se hace más difícil combinar y que el muro no quede como si fuese la carpeta de un niño que tiene muchas calcos pegadas. Igual no siempre es así, depende de los artistas que te toquen, en el Meeting de Alemania sabíamos que iba a ser así y nos organizamos para que salga eso, pero que quede prolijo y que no se note tanto, en Suiza ya fue diferente, ahí nos juntamos a charlar antes y sacamos un muro entre todos respetando una gama de colores. “

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“El arte callejero es un modo de expresión, y hoy en día ya es otra rama más del arte. Hay quienes pintan cuadros en sus casas y después los exponen en galerías y otros que salen a pintar en la calle y hacen de ella una galería abierta a todo público. Lo bueno de esto es que una vez terminada la obra ya deja de ser tuya y pasa a ser de todos, vos te vas y no la ves más y dura hasta que alguien la tape o se termine borrando sola.»

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“La primera vez que salí a la calle, fue con mi compañero de crew, Cof, el cual fue la primera persona que conocía que pintaba en la calle. Zarpado artista. Salimos a la noche a hacer un estencil, habíamos estado en su casa más de tres horas dibujando y cortando con los peores cutters, tirados en el piso, paro salir y pintarlo en medio segundo. Me quedaron de hacer mil más. Así que desde ese día quedó en mi mente querer pintar en las calles. Hasta que nos fuimos varios amigos, entre ellos Cof, a Santa Teresita y ellos llevaron unas latas para pintar las cuales me prestaron y pinte algo rápido como para probar, un payaso (no sé por qué). Desde ahí no pare más, me compré unas latas y salí a pintar, solo, con amigos, en eventos. Siempre que puedo me compro pintura y salgo, creo que nunca voy a dejar de pintar en la calle.”

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“Pinto por placer. Si se puede salir a pintar y dejar un mensaje o algo que a la gente lo haga pensar un poco, mucho mejor, pero más que nada es por placer. Me encanta pintar y la calle es un hermoso soporte para hacerlo.Me encantan los animales y son seres muy copados para dibujar, tienen formas y detalles que son divertidos para hacer, cosa que los humanos no o no me atraen tanto. A su vez, hay momentos en lo que los animales representan humanos, cerdos burócratas y capitalistas o cuervos aristócratas.”

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