“En el momento en que te encontrás con el cuerpo del otro, entrás en una comunicación no verbal que tiene que ver con la confianza”, dice Edgardo Lagoria, instructor

Por María Luján Torralba
@lujitorralba

Acroyoga Juan Manuel Vazquez
Foto Juan Manuel Vazquez

Seguridad, confianza, desafío, juego, amor y cooperación. El acroyoga es todo eso sumado al arte de la meditación y conexión consciente con el otro y uno mismo. Desde su fundación en el 2003 hasta el momento, el acroyoga se convirtió en una semilla que se diseminó por diferentes lugares del mundo, para ser hoy una práctica accesible que crece y da alegría día a día.

Edgardo Lagoria, oriundo del conurbano sur de Buenos Aires, practicaba tela, trapecio, danza contact, yoga y meditación Vipassana cuando conoció esta disciplina. Ya con varios recursos en su haber, se fue desarrollando e introduciendo en la metodología y en la técnica. Actualmente, dicta talleres de acroyoga en varios centros culturales de la Zona Sur y Capital y coordina el grupo Acroyoga Familia del Sur. Además, con el fin de estimular el principio de ‘compartir’ que promulga la actividad, dicta clases a la gorra en parques y plazas públicas. “Yo voy a ahí y observo que para que el mundo sea más armonioso, la diversidad y la educación integral es lo que va”, dice Edgardo en conversación con Revista Dínamo.

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Foto FB Acroyoga Familia del sur

“Está bueno aprender de los efectos emocionales que se generan en el acroyoga, producto de la lectura de la piel por medio del contacto con otra persona, el intento de llegar al equilibrio, compartir eso con otros y, más que nada, colaborar con los demás. Porque uno ayuda a que el otro encuentre su centro y, a su vez el otro responde para llegar a la sincronía. En esa reciprocidad se crea un juego que genera esas endorfinas de ir para adelante, y hace que hasta las caídas sean divertidas.”

“Al principio son movimientos simples. Como en otras prácticas, hay mucho de pensar en un comienzo “esto es re sencillo” y querer hacer ejercicios más complicados, pero es muy importante saber hacerlo bien para después pasar a los otros. Es necesario tener las posturas iniciales bien seguras. A veces eso es difícil de que la gente lo entienda porque, en general, las personas están acostumbradas a hacer todo rápido, entonces está bueno aprender eso también.”

Acroyoga Cintia Diaz
Foto Cintia Diaz

“En el acroyoga se comparte mucho más que ejercicios físicos. Hay gente que está en los grupos desde el principio y otra que se fue sumando en el tiempo. Con todos estamos haciendo reuniones basadas en compartir experiencias. Cada tanto, una vez por mes, tenemos un encuentro intensivo para practicar, y después, otro día, realizamos otro encuentro para charlar, bailar, ejercitar más libremente. El trabajo de estar presente es muy importante. Hay una emoción constante de volver a probar, de hacer posturas más complicadas. Todo eso lleva mucho trabajo y cada logro entusiasma más.”

“Hay que entrenar mucho. Lo bueno es que somos gente común, no hace falta venir con una preparación física. Si ya venís con un estado físico instruido mucho mejor, pero no es imprescindible, después de un tiempo, todos alcanzamos logros. En el entrenamiento elijo ciertos ejercicios para trabajar la faja abdominal, que es el aliado del centro para su movimiento. Después de practicarlos un tiempo, ayuda a mantener en línea la estructura corporal. En pocos meses hay muchos avances. Se trata de eso.”

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Foto FB Acroyoga Familia del sur

“Hay gente que le da curiosidad hacer acroyoga por lo visual, se animan y les gusta. Hay gente joven y grande también. Hay personas de 50 y pico de años que la tiene muy clara. Un amigo tiene más de 55 años y hace posturas perfectas, es hermoso. En el momento en que te encontrás con el cuerpo del otro y entrás en una comunicación no verbal, tiene que ver con la confianza. Otro beneficio de esta disciplina con respecto a lo corporal, es que los apoyos de los pies y manos permiten un leve corte de la circulación, por lo tanto funciona como bombas que ayudan a mejorar la circulación de la sangre”

“En el Acroyoga, hay posturas que son elevadas y movimientos en posición vertical con la cabeza para abajo. A veces para el volador es difícil encontrarse en ese nuevo escenario porque cambia su visión, ve diferente a lo habitual, tiene la cabeza apuntando al suelo y hay que re-orientarse. Al principio, es un cambio muy grande, pero después se van hallando y descubren el sentido a esa nueva perspectiva. Hay mucho practicante que en sus primeras experiencias en los vuelos confiesan estar perdidos. Luego, con el tiempo, todo eso empieza a cerrar y van comprendiendo el movimiento y el valor de la práctica. También depende en gran medida del docente, de hacer buen uso de la combinación de ejercicios más adecuados para cada ocasión. A la clase cada uno llega con lo que tiene o lo que le gusta, y eso se respeta. A mí me interesa plantear la clase con sentido integrador, usar muchos recursos para entrar por diferentes lugares. No es una religión, no tenés que ser budista, no es sectario. Hay gente que piensa que el yoga es sectario, pero no es así. Acá, las personas vienen a ejercitar y a conectarse. La religión para nosotros es practicar, estar presente, compartir y colaborar. Viene mucha gente a perder miedos, a fortalecer la confianza en uno mismo y en el otro.

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Foto Juan Manuel Vazquez

Esto de sacar lo mejor de cada uno y tratar de estar en armonía con todos es lo mejor, porque si todos fueran iguales y perfectos no funcionaría. Hay que aprender mucho del otro. Yo aprendo muchísimo de los chicos que vienen, y entre ellos también. Va y viene. Un caso para destacar es el de una chica que no creía en nada, le costaba concretar las cosas que quería y le era complicado mucho todo. Como la filosofía del yoga tiene su vibración propia y, a la larga, hace sus efectos, yo sabía que en algo de todo esto la iba ayudar. Entonces, le insistí para que viniera. Vino. Si bien tenía que trabajar bastante su cuerpo, nada fue imposible. De a poquito, continuó con los ejercicios y ahora, es alguien totalmente nuevo. Está contenta con sus cosas, se le abrieron puertas, perdió el miedo, se siente más segura, tiene confianza en su cuerpo, en su fuerza personal, sabe que lo está logrando. Ahora está a full. Estoy muy feliz por ella. Es un ejemplo representativo y tiene su valor.”

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Foto FB Acroyoga Familia del sur

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Foto FB Edgardo Lagoria

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