El documental “La Chica del Sur” revela la historia de una joven coreana que desafió a Seúl y se filtró en Pyongyang para defender el lema de que no había dos Coreas, sino una sola. Su director, el argentino José Luis García, contó a Revista Dínamo cómo conoció a la protagonista de esta epopeya y por qué decidió hacer la película

Por Agustina Ordoqui
@agusinha

Hace 24 años, la situación política internacional era otra. Alemania estaba dividida en dos, la URSS tenía un brazo largo y el comunismo se seguía irguiendo como el segundo mundo posible, en contraposición al primer mundo que planteaba Occidente.

Hoy, aunque Corea del Sur y Corea del Norte continúan enfrentadas y Estados Unidos se sigue disputando con Rusia la influencia en Medio Oriente, la Guerra Fría no existe más y solo quedan testimonios.

La historia del documental La Chica del Sur empieza en 1989, cuando el director José Luis García viajó a Pyongyang para participar de un congreso de las juventudes comunistas. Allí conoció a Lim Sukyung y pronto comprendió por qué la llamaban la “Flor de la Reunificación”.

Lim había hecho un camino imposible para escapar de Seúl y llegar del otro lado de la frontera. Su objetivo era enarbolar la bandera de que no había dos Coreas, sino una; un discurso desafiante para el sur, un grito de júbilo en el norte.

La Chica del Sur, que constituye una joya de la historia contemporánea asiática, ganó el año pasado el Premio del Público en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI) y también recibió una mención especial del jurado.

Revista Dínamo: ¿Cómo llegaste al Festival de Juventudes Políticas de 1989 en Pyongyang, evento en el que conociste a Lim Sukyung?

José Luis García: Mi hermano militaba en la Juventud Peronista Universitaria y dirigía una revista política llamada Venceremos. Él tenía planeado viajar al Festival. Pero el adelantamiento de la asunción de Menem para la primera semana de julio del 89 lo hizo cambiar de opinión, porque esa se había vuelto una semana políticamente “caliente” y tenía que quedarse en Buenos Aires. Así que me ofreció viajar en su lugar. No tenía idea de dónde quedaba Pyongyang, ni sabía nada de Corea más que era un país dividido. Pero no dudé. Me pareció una oportunidad excelente para cambiar de aire, justo después de que una chica me había dejado.

RD: ¿Por qué decidiste reconstruir la historia de Lim en La Chica del Sur?

JLG: Cuando la conocí en Pyongyang, empezaba a convertirse en un personaje extraordinario, como heroína de una novela romántica, dispuesta a convertirse en una especie de Juana de Arco por la causa de la reunificación coreana. Esa impresión fue inolvidable, así como fueron imborrables las horas de video que tenía registradas en los casetes VHS que había llevado junto con una cámara que me prestó un amigo. Era un momento de euforia juvenil, de utopías, de cosas que se desvanecen con el paso del tiempo. El intento de reconstruir su historia refleja el deseo de recuperar algo de aquello que se fue, a través de un personaje que había quedado en mi memoria como una heroína de bronce, pero que, lógicamente, se había transformado en una persona de carne y hueso, que había sufrido mucho el resto de su vida.

RD: ¿Está previsto que la película se estrene en países asiáticos, incluida la misma Corea del Sur?

JLG: Nosotros le cedimos los derechos de distribución en Corea a Lim Sukyung, inclusive las ganancias que pudiera generar la película allí. Pero hay cuestiones de índole cultural, más que política, que hacen que por ahora ella no considere la posibilidad de que se pase allí. Por el resto de los países de Asia todavía no tuvimos respuestas, pero espero que si va a algún festival, en Japón les interese pasarla luego en la TV, ya que es un tema que los toca geográfica y políticamente de cerca.

RD: ¿Cuál es tu postura ideológica con respecto a los años en que fue filmada la primera parte del documental, como los incidentes en Tiananmen o el contexto de la Guerra Fría?

JLG: A ojos de célebres historiadores, el año 1989 fue el que marco verdaderamente el final de siglo en términos políticos, no solo por la caída del Muro de Berlín, sino también por la masacre de Tiananmen. En lo personal, creo que esto último marca el principio de una nueva era de liberalización económica con represión política que puede llegar a ser el “nuevo modelo chino” para las próximas décadas. Para mí, que no era militante, era muy increíble que en el festival mundial de juventudes políticas de izquierda se censurara el tema de la masacre de estudiantes que cantaban La Internacional a manos de una burocracia socialista… Sentí con crudeza, por primera vez, lo lejos que están las bases de sus líderes.

RD: ¿Creés que hoy en día es posible la reunificación de las Coreas, como defiende Lim?

JLG: Creo que ella actualmente reclama una pacificación, más que una reunificación, porque toda la sociedad surcoreana está muy lejos de querer luchar por una reunificación con sus hermanos norcoreanos, a quienes ven como gente sumamente pobre, más allá de lo fuertemente adoctrinada, y nos les place la idea de resignar bienestar material para ayudarlos. El ejemplo de lo que pasó en Alemania lo tienen muy presente y la brecha hoy en día entre el norte y el sur de Corea es muchísimo más grande que la que había entre las dos Alemanias cuando se reunificaron.

RD: En una de las proyecciones en el Malba, contaste que en el documental parece que fue una sola visita a Corea del Sur, pero que en realidad fue filmado en dos períodos de tiempo distintos, ¿cómo fue el trabajo de producción en Corea?

JLG: El viaje a Corea del Sur no está relatado como si fueran dos viajes porque en realidad funcionó como uno solo y está editado cronológicamente. Podría decir que el intervalo de cinco meses que hubo entre uno y otro fue necesariamente técnico, para desgrabar y comprender mejor lo que estábamos haciendo. Por eso, estuvo planificado así desde un comienzo. La primera avanzada de producción la hizo Pablo Kim, el hermano de Alejandro, el traductor que aparece en la película. Él estaba en Seúl a mediados del 2009 e hizo trabajo de campo para contactar gente, incluso a ella, y conocer de antemano algunas locaciones a las que pensábamos ir. También para tramitar permisos como el de la visita a la frontera, que hay que hacerlo con mucho tiempo de antelación. Luego, viajamos solo Gabriel Kameniecki, el productor, Alejandro Kim, el traductor, y yo. Tres semanas cada vez. Uno a fines del 2009 y otro a principios del 2010.

RD: ¿Te resultó decepcionante o un obstáculo el trato distante de la protagonista del documental una vez que estuvieron allá?

JLG: Al principio fue muy traumático para Alejandro, a los dos días se quería ir porque ella lo trataba muy mal. Descargaba sobre él lo que no podía decirme a mí: que iba a “molestarla” con el documental (¡que ella misma había consentido!). Rápidamente entendimos que no era una persona fácil de tratar. Pasamos muy buenos momentos con ella y también momentos de muchísima tensión. Pero no tengo nada que recriminarle, todo lo contrario. Le agradezco infinitamente toda su generosidad y el esfuerzo que hizo para atendernos en un momento en que el duelo por la muerte de su hijo no estaba cerrado todavía. Yo solo sentí compasión por ella, jamás decepción por su comportamiento. Y en ese sentido el documental va desarrollando ese sentimiento que iba teniendo en relación a la protagonista. Así no devino un obstáculo, sino más bien un eje del relato ese trato distante.

RD: ¿Cuánto tiempo tomó en total la producción del documental?

JLG: Sin contar los diez días que estuve en Pyongyang en el ’89, la idea de hacer una película comienza en mi cabeza en 2004 más o menos, cuando empiezo a investigar solo que había sido de la vida de ella, y en 2008 se suma Gabriel, el productor, un gran amigo, con un entusiasmo definitorio para la realización de la película. A fines de ese año conocemos a Alejandro y a principios de 2009 empiezan a entrar fondos del INCAA y de la Fundación Jan Vrijman de Holanda que nos hacen creer que la película es algo posible. A mediados de 2009 Lim Sukyung nos da el ok para que viajemos y de ahí en más todo se desarrolla.

En cartelera
Malba: todos los viernes de marzo a las 20 y los sábados a las 22
Gaumont: a las 12:20, 17:10 y 20:30

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