Divertida, irónica y creativa, Julieta Arroquy retrata el universo femenino actual. Con un estilo propio, la artista presenta una mirada diferente entre los historietistas.
Por María Luján Torralba
@lutijuana

“Un día le mandé un correo con la dirección de mi blog a Daniel Divinsky y me citó un mes más tarde para vernos ya que estaba en la feria de Frankfurt. Fui con los originales porque él quería ver el trazo y, ahí nomás, me dijo: ‘Bueno, vamos a hacer un libro´. Nunca le tuve que insistir, eso ha sido algo glorioso que tuvo que ver con decirle que sí a las cosas que la vida te propone. Todo en mi carrera ha sido en gran parte improvisación, todo lo que me llegó y me sigue llegando, inesperadamente”, cuenta la autora de ¡Oh, no! Me enamoré publicado por Ediciones De La Flor el año pasado.
Julieta Arroquy tiene 36 años y además de dedicarse a dibujar es periodista, trabajó en radio, en un banco y hoy también es editora de publicaciones corporativas. Sin embargo, hace cinco años, a partir de una frustración amorosa se puso a hacer ilustraciones para reírse del dramatismo exagerado por el que atravesaba y, sin saberlo, cambió el rumbo de su vida.
Sencilla y extrovertida, Julieta se ganó el respeto de historietistas y colegas. Si bien comenzó su carrera dibujando para la revista Ohlalá! donde estuvo dos años, en el último tiempo sus dibujos se pueden ver en distintos formatos. Julieta hizo el video de la canción El último verano de los Super Ratones, ilustró el libro para chicos El tango es puro cuento junto a otros dibujantes e hizo estampados para una colección de zapatillas y bolsos de la marca Puro, entre otras cosas como publicar en su blog É un mondo difficile. Actualmente, colabora con fanzines independientes, escribe en su blog de perfil.com ¿Qué te pasa Buenos Aires? y le da vida a Ofelia, la tira semanal del Diario Libre.
Los dibujos de Julieta llamaron la atención en un comienzo porque eran ideas transmitidas a partir de objetos. Tanto su libro como las publicaciones en Ohlalá!, se basaban en temas del universo femenino; los deseos, las desgracias y los placeres de las mujeres. Sin embargo, el camino recorrido de la artista la llevó a cambiar su mirada: “Estoy buscando una vuelta de tuerca para ir para otro lugar, traspasar la cuestión del humor de género,”.
Revista Dínamo: Vos haces dibujos y el guión de humor, ¿te considerás una humorista gráfica?
Julieta Arroquy: Existe una gran confusión con ese tema porque nos suelen meter en una misma bolsa a los humoristas gráficos, dibujantes, a los historietistas, y a los ilustradores y me parece que cada uno funciona de distinta manera, no sólo creativamente, sino también en cómo se relacionan los autores con sus dibujos. Yo me considero dibujante y humorista gráfica, y encuentro que mi material inicial, por ejemplo, tiene varios residuos de mi pasado por la carrera de Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires. Hay algo de esos primeros dibujos que tienen algo de construcción semiótica. Quedaron en mí los conceptos de significado y significante y las conexiones de las palabras con las cosas, por eso la mayoría de mis dibujos siempre tuvieron una frase para anclarlos. Aunque parece que todo es humorístico, algunos son pequeños resaltadores que llaman la atención de algunas cosas que me interesan aunque tampoco son para matarse de risa.
RD: ¿En qué ves que se fueron modificando tus dibujos a lo largo del tiempo?
JA: Lo que me está pasando ahora, que antes no, es que me interesa dibujar personas. Me pasaba que no me gustaba para nada cómo me salían porque tenían una estética muy aniñada. En mayo de este año empecé, y me comenzó a gustar porque observo que poner el discurso en una persona me permite decir más cosas. Ahora que dibujo a Ofelia, que es un personaje que no se parece en nada a lo que venía haciendo antes, las cosas que me surgen manifestar las tiene que contar ella, ya no me aparecen los cuestionamientos que me aparecían cuando dibujaba objetos. Un poco se me mezcla lo periodístico, aunque no es netamente periodístico. Hace un tiempo hice una pieza sobre la trata de personas porque me empiezo a dar cuenta de todas las utilidades que puede llegar a decir y comunicar Ofelia. Gracias a ella pude hacer presente cosas que en los medios ya no se hablan. Aprovecho este trabajo para también decir cosas importantes, no sólo para la vida de las mujeres sino también para todos como personas.
RD: En tus palabras, ¿cómo describirías a Ofelia?
JA: Es una mujer que no podría determinar su edad, podría ser tranquilamente una mujer de 30 años o más pero trato de no ponerle ninguna edad porque no hace falta. Aunque no me resulta fácil definirla, creo que es un poco analítica, que está en una búsqueda interna que no se resuelve y siempre hace alguna mención en relación al género y a lo femenino. De todas maneras, para mí, es como un gran “work in progress” del día a día. Por otro lado, está contando una historia. Cada pieza de Ofelia funciona independientemente y con los remates y los chistes se va formando la esencia del personaje, que es un poco dramática. Y a veces, ella se queja de cuestiones que tienen que ver con un sentimiento que yo también tengo, añoraba llevar los dibujos hacia ciertos temas más complejos. Está bueno que llamen la atención hacia otras cuestiones y no sea sólo la vida emocional de las mujeres. Si bien nuestra vida emocional es divertida y es una gran fuente de inspiración porque somos disparatadas, dramáticas y toda la vida la vivimos como si fuera una gran telenovela mejicana, ahora tengo ganas de ponerle voz a otras que están pasando, con el mundo.
RD: ¿Considerás que hay un estilo de humor gráfico femenino?
JA: Lo que puedo decir que a nivel discursivo las cosas que movilizan a las mujeres no son las mismas que las que mueven a hombres. Por ejemplo, Tute hace muchos chistes de parejas que hablan de carencias de ambos géneros, pero desde la mirada de un hombre que es menos pasional, desde lo dramático, y más sarcástica. Todo depende de las experiencias de cada uno como miembros de un género. Por ejemplo, a Liniers o a Kioeskerman, que hace como haikus y tiene cierta cosa mística, se los caracteriza como más femeninos porque hablan de cosas más sensibles, más imperceptibles y más íntimas, lo cual se le atribuye a las mujeres. Pero, que a su vez, son corrientes estéticas que tienen que ver con el propio camino de la historieta, el humor gráfico y demás. Lo que yo disfruto es de la variedad, porque en definitiva hombres o mujeres, mas allá del género, sentimos distinto como personas, y está bueno ver que cada obra es única por eso mismo, por la diferencia de percepciones de los artistas, y eso me encanta. Escucho con frecuencia hablar del «humor de autor» y creo que esa es la apreciación más exacta. Cada uno tiene su mundo, no hay buenos o malos, mejores o peores, somos todos diferentes y eso es lo lindo.
RD: ¿En qué te condiciona cada medio para el que trabajaste en el momento de dibujar?
JA: En Libre, donde publico a Ofelia, tengo una gran libertad. Yo les presenté un personaje cuando tenía diez tiras, les gustó y empecé a publicar. Lo que está condicionada es la vinculación de los lectores con la tira porque, al salir una vez por semana, nadie se acuerda de lo que salió en el cuadro anterior pero no importa porque son independientes. A nivel contenidos jamás me han dicho nada de parte del diario. En Ohlalá!, por lo contrario, yo tenía mucho tiempo cuando empecé y creía que parte de ese trabajo lo iba a poder publicar pero la verdad que terminó siendo diferente porque luego me tuve que adaptar a la editorial. A veces, me decían que aflojara con los chistes entre hombre y mujer y que dibuje un vínculo entre hermanas que, para mí, no pasaba nada interesante con esa relación, y más que yo dibujaba sólo objetos. Además, por ejemplo, era febrero y tenía que ser un chiste de San Valentín, o en julio, tenía que ser del día del amigo, y muchas veces no eran ni chistes sino que terminaban siendo un dibujo con un texto. A veces, uno termina siendo un proveedor para un cliente, porque ellos quieren algo específico que uno les tiene que dar. El último chiste que publiqué ahí había un cuadro que decía “Metro sexual” con un baño de un hombre con una pincita de depilar, un after shave y esas cosas, y en el otro decía “Metro sexual” y había un centímetro con una forma fálica, pero las editoras me dijeron que no se entendía, y quisieron un calzoncillo con el centímetro alrededor, lo hice y seguían diciendo que no se entendía, entonces tuve que dibujarles, a pedido de ellas, un pene y el centímetro alrededor del pene, algo que iba encontra de mi voluntad, por la tremenda literalidad que implicaba.
RD: ¿Por qué crees que se dio tu carrera casi accidentalmente, hoy creciste mucho popularmente y hay gente que dibuja desde chica y nunca llega a hacerse conocida?
JA: Al principio a mí me daba mucho pudor mi trabajo por este tema, porque hay gente que realmente tiene este deseo, el talento, y que dibuja desde hace mucho tiempo y no logra conseguir que le publiquen un libro, por ejemplo. Y yo, que no soy una gran dibujante a nivel técnico, lo he logrado, y nada menos que con De La Flor. Siempre digo que lo mío fu como un accidente, sacar un pasaje equivocado y llegar a un lugar sin saber cómo lo he hecho. Reconozco que hay algo que tiene que tiene que ver con la honestidad en mis dibujos en cuanto a lo imperfecto, en cuanto al guión, y eso ha funcionado, pero cómo sucedió no lo sé. Por ejemplo, en la presentación de mi libro en la Feria del Libro de este año, Tute explicó que, la mayoría de los dibujantes o humoristas comienzan copiando a alguien, para adquirir ritmo y disciplina. Y que en mi caso, yo no había copiado a nadie. Me alegró mucho escuchar eso, sobre todo porque yo tampoco sabía eso, nunca me pregunté cómo habían empezado los demás. Pero es claro que cada uno tiene su vínculo con el dibujo, que en mi caso fue más que nada terapéutico y catártico. Y bueno, la verdad que sí, le estoy muy agradecida a la vida por esta oportunidad, y pienso seguir aprovechándola, mientras tenga las ganas y la energía para hacerlo.
Foto: Facebook Julieta Arroquy







